“Sin justicia no puede administrar ni gobernar rectamente la república”: San Agustín.
La república, como forma de gobernar, es bastante antigua. Tuvo presencia en Grecia, en particular en Atenas, alrededor del siglo V a. C. Sin embargo, se considera que la República Romana fue primero y va desde el 509 a. C. hasta el 27 a. C.
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La república se opone a regnum (reino), o “propiedad del rey”. Esta forma de Estado hace del pueblo, en todo, en parte o una minoría privilegiada, la fuente del poder político e implica su intervención en los asuntos públicos. Este es el caso de las antiguas repúblicas, donde la ciudadanía se otorga sólo a unos pocos individuos y donde el poder a menudo está dominado, como en Roma, por familias poderosas; este es también el caso de las repúblicas aristocráticas que aparecieron en la Edad Media, especialmente en Venecia, Italia.
En esta ocasión nos referiremos a lo que ha sido el origen de la organización política de la Colombia actual. Todo empieza con la unión de Venezuela y la Nueva granada un 17 de diciembre de 1819, cuando ‘nace’ la República de Colombia, también conocida como Gran Colombia. Dicho proceso estuvo precedido del conflicto militar que arrancó con el Grito de Independencia en 1810, continuando con las pugnas con los españoles, más las peleas internas conocidas como la Patria Boba, y culminó – parcialmente – el 7 de agosto de 1819 con la Batalla de Boyacá.
La Gran Colombia apenas duró 12 años, desde 1819 hasta 1831, cuando se desintegró por las tensiones regionales y pugnas entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Luego siguió la Nueva Granada (1832-1861), continúo la Confederación Granadina (1862-1863), enseguida se llamó Estados Unidos de Colombia (1863-1886) y finalmente, República de Colombia en 1886 hasta nuestros días.
Para seguir ampliando estas ideas sobre la República de Colombia, nos apoyaremos en un experto: Jorge Orlando Melo González, licenciado en filosofía y letras de la Universidad Nacional de Colombia y magister en historia latinoamericana de la Universidad de Carolina del Norte, quien además estudió historia en la Universidad de Oxford. Ha sido profesor de las universidades Nacional y del Valle, en Colombia, y de Duke University, así como del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, cuyas sedes están en los Estados Unidos.
Dirigió el Centro de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional. De 1990 a 1994 fue consejero presidencial para los derechos humanos. Posteriormente desarrolló esa labor en Medellín. De 1994 a 2005 dirigió la Biblioteca Luis Ángel Arango y entre 2012 y 2014 fue decano de ciencias sociales. La anterior información está consignada en el libro Colombia: Las razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del país y el fracaso de la lucha armada, publicado en 2021. Este artículo dominical contará con apartes de este texto, en particular de el capítulo IV La República y las guerras civiles: el derecho a la resistencia contra la tiranía.
La república legitimaba la autoridad
En el capítulo mencionado, inicia expresando: las diferentes experiencias de la guerra de independencia dejaron en pie un conjunto de argumentos que ayudaron, junto con el recuerdo de los hechos mismos, con el relato histórico, a elaborar el aparato conceptual que se usó para justificar y reglamentar los enfrentamientos posteriores. La formación de una república legitimaba unas autoridades escogidas de acuerdo con normas legales y constitucionales, que tenían el derecho a hacer cumplir sus órdenes y a hacer obedecer las leyes aprobadas por los nuevos congresos.
Un nuevo contrato social reemplazó el pacto que unía a los criollos con los reyes españoles, y ahora se le atribuía la soberanía al pueblo, conformado por todos los ciudadanos, quienes podrían elegir a los redactores de las constituciones y a quienes asumieran los poderes políticos y ejercían la autoridad. Según el referido historiador: (…) resulta evidente que desde la década de 1820 se estaba conformando dos visiones todavía no muy bien definidas sobre el sentido de la comunidad política.
Una de ellas era la visión tradicional que se había construido durante toda la Colonia: cuando los españoles sometieron a los indios, parte fundamental de ese sometimiento fue la conversión al cristianismo; la sociedad colonial fue militantemente cristiana: heredaba tanto el espíritu de cruzada de los españoles que había enfrentado a los árabes y judíos, como la visión de que las verdades fundamentales las definía la iglesia.
Los abogados tuvieron una posición destacada en estos inicios de la república. Así los destaca Melo: la visión del orden social que más se expresa en los años de 1820 es la de los abogados criollos que siguen, ante todo, a Santander: su idea es que la independencia, al permitir establecer la república, genera una nueva forma de comunidad que rompe con algunos de los principios de la comunidad tradicional; en particular, la sujeción a algunos de los valores de la iglesia y la tradición.
En el ambiente de la independencia, algunos puntos reciben el apoyo de casi todos los abogados y los teólogos influidos por la Ilustración: la eliminación de la tortura en los procesos penales, el castigo a los delincuentes únicamente con base en una ley previa y la abolición del Tribunal de la Inquisición y su derecho a castigar la herejía (…).
(…) De todos modos, ante las primeras formulaciones de una comunidad republicana, los partidarios de una visión tradicional y orgánica empezaron a defender algunos de sus puntos de vista: hubo polémicas muy violentas contra la libertad religiosa, y sobre las enseñanzas de Jeremías Bentham, Destrutt de Tracy y otros pensadores políticos innovadores, en otros asuntos. De cierto modo, la creación formal del Partido Conservador, en 1849, fue el resultado de la consolidación de un visón tradicionalista relativamente elaborada (apoyada en las polémicas clericales o educativas de 1824 a 1837), propuestas por José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez desde 1839 a 1840, y que se apoyaban en otros elementos de la tradición política local, como la desconfianza en la capacidad da las masas para participar razonadamente en las elecciones.
¿La autoridad tiene origen divino?
Continúa argumentando Jorge Orlando Melo: a diferencia de la visión republicana, que tendía a poyar la idea de que todos los hombres tenían la misma capacidad para buscar la verdad libremente, el visón tradicional promovía la idea de que los que tenían mayor capacidad moral o intelectual debían guiar al pueblo. En esta visión, la autoridad tiene origen divino (…).
Para los defensores de este “conservatismo republicano”, los gobernantes tienen que respetar las reglas de juego y la voluntad de los ciudadanos, siempre y cuando esta no entre en conflicto con los valores más fundamentales, que son la base del pacto social: el respeto a los derechos naturales de los ciudadanos y, ante todo, a su posibilidad de salvación.
Se justificó la violencia política
El citado académico en la introducción de su obra explica que, durante el proceso de independencia de Colombia, la violencia política fue justificada por los patriotas con base en argumentos que provenía de la tradición española (el derecho a la rebelión) y de las nuevas ideas ilustradas (el derecho a crear una república independiente, basada en la voluntad de los ciudadanos). El derecho a la insurrección justa volvió a ser alegado a lo largo del siglo XIX, en los enfrentamientos entre los dos partidos tradicionales de Colombia: el Liberal y el Conservador.
Esta rebelión era válida cuando buscaba frenar la imposición de un modelo de sociedad que ponía en riesgo las formas aceptadas de convivencia republicana o cuando alteraba radicalmente las “reglas de juego”, para impedir a uno de los contendientes el triunfo pacífico en las contiendas electorales. Estos factores se mantuvieron vivos hasta la violencia de mediados del siglo XX, que en muchos aspectos revivió los puntos centrales del conflicto del siglo XIX.
Argumenta enfáticamente que (…) una consecuencia nefasta de la generalización de la violencia política y privada afín en el país ha sido la creación de un ambiente cultural en el cual el uso de la violencia en la vida personal se ha hecho mucho más fácil, natural y frecuente.
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