El fichaje de Jhon Jáder Durán con el club Al-Nassr a inicios del presente año, batió récords en transferencias para el fútbol colombiano, aunque ya no sea su club actual. Evidenció una brecha ante los ingresos de las futbolistas.
Durán se convirtió en el jugador colombiano mejor remunerado en la actualidad, superando a otras figuras de la selección tricolor como Luis Díaz, Duván Zapata o James Rodríguez. En contraste, las futbolistas colombianas, como Mayra Ramírez o Linda Caicedo, apenas alcanzan cifras que representan una fracción mínima de esos ingresos.
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El traspaso de Durán desde el Aston Villa de Inglaterra al Al-Nassr no solo alcanzó los 77 millones de euros, sino que lo posicionó en un escenario privilegiado, con un salario que cuadruplica el de varios de sus compatriotas más reconocidos en la historia del fútbol colombiano. Si bien su paso por el club saudí fue breve, este decidió cederlo en préstamo al Fenerbahce de Turquía, incluso allí mantendrá un salario de 10 millones de euros anuales, según datos del periodista Rudy Galetti.
Otros jugadores también manejan cifras multimillonarias. Luis Díaz, nuevo jugador del Bayern Múnich, recibirá un salario bruto de 14 millones de euros al año. Por otro lado en Italia, Duván Zapata, del Torino, gana 5 millones de euros, mientras que James Rodríguez, ahora en el Club León de México, recibe 4.8 millones de euros por temporada.
Estas cifras reflejan el nivel económico de las ligas masculinas y su capacidad para atraer inversiones millonarias, algo que contrasta bastante con el panorama femenino.
Ellas también juegan, pero ganan mucho menos
En el fútbol femenino colombiano, la situación salarial es drásticamente diferente, a pesar del crecimiento del deporte y el rendimiento competitivo de sus jugadoras a nivel internacional en el viejo continente.
Mayra Ramírez, actual delantera del Chelsea, es la colombiana mejor paga en este momento, con un salario de 500 mil euros por temporada, lo que equivale a cerca de dos mil millones de pesos colombianos. Su traspaso desde el Levante al Chelsea en 2024 fue considerado histórico en la historia del fútbol femenino colombiano con la cifra más alta por unos 450 mil euros. Por su parte, Linda Caicedo, estrella del Real Madrid y de la Selección Colombia, recibe aproximadamente 360 mil euros anuales, siendo una de las referentes del país en esta disciplina.
Incluso si se amplía la mirada al contexto internacional, los topes salariales femeninos se diferencian ampliamente de los jugadores masculinos. La jugadora mejor pagada del mundo, Aitana Bonmatí, mediocampista del FC Barcelona, gana cerca de 1 millón de euros al año, seguida por Alexia Putellas con 700 mil euros y Sam Kerr con 538 mil. Ninguna supera siquiera el sueldo más bajo entre los futbolistas masculinos colombianos ya mencionados.
¿Por qué ellos ganan más?
La diferencia en los ingresos no obedece a una sola causa, sino a un conjunto de factores estructurales que han definido el rumbo desigual de ambas ramas del deporte. Una de las principales razones data a la profesionalización histórica del fútbol masculino, que lleva décadas generando ingresos a través de patrocinios, derechos televisivos y asistencia masiva a los estadios; en comparación, el fútbol femenino apenas comenzó a consolidarse como una industria en la última década, cuenta con poca inversión y visibilidad mediática, especialmente en América Latina.
Además, los clubes masculinos cuentan con mayores recursos empresariales y mercados de fichajes mucho más amplios, lo que permite cifras multimillonarias en contratos y transferencias. El caso de Jhon Jáder Durán y su llegada al fútbol saudí, una liga con poder adquisitivo reciente sin precedentes, demuestra cómo el mercado masculino puede impulsar salarios que hoy resultan impensables en la rama femenina.
Otro factor determinante es la infraestructura mediática y comercial que sostiene el fútbol masculino desde la cobertura diaria hasta la venta de camisetas, generando un sistema que está diseñado para obtener mayores ingresos; por otro lado, las jugadoras siguen enfrentando barreras de exposición, apoyo institucional limitado y ligas locales con menor competitividad y recursos.
La brecha salarial en el fútbol evidencia una amplia desigualdad económica, pero también el valor simbólico que la sociedad ha asignado históricamente al deporte masculino frente al femenino. Aunque hay avances como el fichaje de Mayra Ramírez o el crecimiento del interés mediático en la Copa América Femenina, las cifras aún revelan un sistema complejo.
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