Los quindianos lo recordamos gratamente, porque disfrutamos la lectura de sus secciones de humor, finamente manejadas.
El año 2022 agoniza y con él se van los hechos conmemorativos de muchos personajes de la vida nacional y regional. Uno de esos recordatorios es el alusivo a los 20 años cumplidos del fallecimiento de Orlando Cardona Osorio, el docente y escritor humorístico de Montenegro, que dejó profunda huella en sus educandos del Colegio Rufino José Cuervo de Armenia, institución educativa donde laboró por largo tiempo de su fructífera existencia. Nació en 1940 y combinó su labor docente con la escritura del género humorístico, de lo cual dan testimonio cientos de publicaciones que se registraron en revistas y periódicos locales y regionales en la década de los años 90. Los quindianos lo recordamos gratamente, porque disfrutamos la lectura de sus secciones de humor, finamente manejadas desde los sentidos ortográfico y semántico, como era de esperarse de un profesor de las áreas de Ciencias Sociales y Literatura. Además, sembró en sus estudiantes el espíritu de la investigación de los hechos de la cotidianidad, lo que logró con las tareas a ellos encomendadas, en el sentido de discutir en el aula los recortes de noticias de prensa, los cuales él guardó con celo, junto con cientos de revistas y periódicos enteros que compraba para compartir lecturas con su familia. Estos materiales fueron compilados en su afán de estar al tanto de la realidad nacional e internacional, lo que además sirvió de insumo para el acervo humorístico que alcanzó a publicar.
Desde la década de los años 70, el acucioso profesor conformó de manera artesanal varios tomos de archivo de recortes de artículos humorísticos de otros columnistas, que fueron creando en él un estilo creativo especial para los textos de su autoría. Pues los aspectos lingüísticos, fonéticos y las composiciones que se relacionaban con los juegos y combinaciones de frases y palabras, les imprimieron una singularidad a sus escritos. Cuando leíamos sus secciones tituladas ‘Humorlandia’, ‘Humorlando’, ‘Museohumor’ y ‘Humoradas’, sabíamos que detrás de esas líneas estaba la pluma de un académico que estaba muy empapado de la realidad noticiosa y de los datos de Historia y Geografía Universal. Seleccionó con persistencia las graciosas columnas de los periódicos nacionales y también las del ámbito regional, como son en efecto los poemas de apodos del filandeño Arturo Muriel Guinand, la parodia de la sección titulada ‘Salpicón’, de Roberto Jaramillo Ceballos y las crónicas y publicaciones anecdóticas de Alfonso Valencia Zapata, para referirnos solo a 3 escritores humorísticos del departamento del Quindío.
Como nos ocurrió a todos los que leíamos con avidez aquellas alegres páginas de la prensa de hace 40 y 50 años, al inquieto profesor Cardona Osorio también debió marcarlo en su ingenio literario las reflexiones y frases sarcásticas de aquellas publicaciones cortas. Me refiero a “Micro-lingotes”, las “Goguerías de Gog”, las Charlas de Luis Donoso (seudónimo del manizaleño Roberto Londoño Villegas), las anécdotas del Ronco Montoya, los “Cachos y Dichos” de Federico Trujillo, los “Tizorazos de Tizor”, los comentarios ingeniosos de la sección “La vida es así” de Jotavé o las “Ci-mifusas” de Ci-Mifú, seudónimo este utilizado por Enrique Aguirre López, el prolífico escritor humorístico que publicaba sus apuntes ocurrentes y alegres en los periódicos El Tiempo y El Nuevo Siglo y quien falleció en el año de 2004, dejando una marca por una de sus más graciosas producciones, la que llamó “La Fábrica Nacional de Discursos”.
Fue el escritor Orlando Cardona Osorio un padre y esposo dedicado a la vida familiar y al servicio del sector urbano donde residía, el barrio La Isabela de Armenia. Dentro de sus archivos conservó los recuerdos y evidencias de los alcances educativos y artísticos de sus hijos, conseguidos en los planteles donde ellos estudiaban. Y hasta los telegramas que intercambiaba con su esposa Nillereth Arias Sánchez. En todos ellos, dirigidos al consorte que laboraba como profesor en el colegio Bernardo Arias Trujillo de La Virginia (Risaralda) en los años 60, la enamorada le expresaba -desde la distancia obligada por el servicio educativo- las más bellas frases de amor. Igual ocurrió con las tarjetas, registros de calificaciones, dibujos y otros documentos que solo demuestran el orgullo de un padre por su descendencia. Son sus hijos Juan Carlos, licenciado en Biología y Especialista en Pedagogía de la Lúdica; Juan Manuel, ingeniero de Sistemas, Alejandro y Mauricio, licenciado en Artes, quien falleció en el año 2020.
El docente y escritor recibió un reconocimiento especial de parte de la gobernadora Belén Sánchez Cáceres, en 1997, con motivo de cumplirse 30 años de labor docente. También recibió otra presea similar entregada por la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia, de manos de la señora Lía Giraldo. Cuando estaba en plena etapa de producción intelectual, un accidente casero produjo su muerte en el mes de agosto del año 2002.
Para el año 2023, y en homenaje a su memoria, se tiene previsto la publicación de un libro que rescatará todas sus secciones humorísticas, publicadas e inéditas. Los periódicos “El Quindiano” y ‘Claridad’, en los años 90, hicieron visibles la mayoría de sus columnas. En la publicación también se incluirán los apuntes de clase, poemas y reflexiones que, con su hermosa letra cursiva, escribía permanentemente. Gracias a su preservación física documental y a la cesión que hicieron su esposa e hijos del archivo de recortes, prensa y manuscritos, ese material contará parte importante de la historia de un departamento que disfrutaba con la producción humorística. Una prueba más, como lo anunciaba una sección de las revistas Selecciones del Readers Digest -también por él coleccionadas- y titulada “La risa, un remedio infalible”, es posible reír en medio de las dificultades, porque ello es también el bálsamo para el alma.
Gracias, profesor Orlando Cardona Osorio, por seguirnos acompañando alegremente desde la eternidad.
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