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El “Rapsoda del Quindío” es recordado por sus versos románticos, su vida sencilla como docente en La Bella y su profundo amor por el paisaje.

Se cumplen 60 años del fallecimiento del poeta de Calarcá Baudilio Montoya Botero. A su memoria -como tradicionalmente ocurre por estos días de septiembre de cada año- se desarrollaron los actos conmemorativos en la institución educativa que lleva su nombre en la vereda La Bella.

En el tomo número 17 de la Biblioteca de Autores Quindianos (“Lecturas críticas de la obra de Baudilio Montoya”, por Juan David Zambrano y Mayra Sarmiento Aguirre. Gobernación del Quindío, Universidad del Quindío. Centro de Publicaciones de la Universidad del Quindío, Armenia. 2011) sus autores prepararon y publicaron una compilación de escritos y artículos de prensa que, durante varios años, resaltaron la obra del “Rapsoda del Quindío”.

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Mural.Calle de Calarcá.

En el capítulo III del ensayo se divulgaron algunas notas críticas sobre la muerte del poeta. Fueron escritas por notables autores de la región. Entre ellas están las de Humberto Jaramillo Ángel, Gustavo Páez Escobar, Carlos Fernando Gutiérrez Trujillo, Pedro García Montoya, J.M. Álvarez Dorsonville, Noel Estrada Roldán y Luis Ramírez R.

 

Este último escribió, en Calarcá, el 27 de septiembre de 1965 – el día de su muerte – una nota titulada ‘Camino de la posteridad’, publicada en Manizales (sin datos) el 16 de octubre de ese año. Compungido, escribió el siguiente párrafo y un poema dedicado al vate:

“Porque Baudilio Montoya fue, además de poeta romántico en todo el significado de esta palabra, un corazón que vivió una intensa vida afectiva. Al recordarlo en esta hora de gran dolor, sí que no es lugar común sino afirmación sincera hablar del esposo incomparable, del padre amantísimo, del amigo sin limitaciones, del patriarca bondadoso de La Bella, sitio de su casa en medio de jardines -un día debe erigirse en reliquia histórica- , el hijo de altos y nobles sentimientos que a la muerte de su padre dijera:

“Te estoy viendo partir, ya silencioso

por esa extraña ruta incognocida

a tí, que en otros términos, gozoso

fuiste para nosotros un piadoso

árbol de venturanza florecido”.

Con motivo del nuevo aniversario de su muerte, rescaté un recorte del periódico El Tiempo, donde la poeta Blanca Isaza de Jaramillo Meza dedica, con mucho sentimiento, su prosa al amigo Baudilio. A continuación me permito transcribir tan sensible escrito.

Blanca -seudónimo con el que la escritora caldense presentaba sus crónicas, ensayos y poemas- lo hace en su singular estilo, tan bello y poético, como el que caracterizó al poeta del Quindío:

De Blanca Isaza de Jaramillo Meza:  

HA MUERTO UN POETA

Dibujo.Publicado en el libro “Baudilio Montoya Rapsoda del Quindío”.

“En esta fría mañana del 27 de septiembre, prendida de encajes de niebla y musicalizada por la llovizna, suena el teléfono de larga distancia; es mi hijo Ramiro que nos anuncia desde Calarcá la muerte del poeta Baudilio Montoya. Siento un pesar hondo y sincero ante la desaparición del amigo de toda la vida, del colaborador de nuestra revista, del poeta romántico que puso en sus versos toda la emoción y la bondad de su alma, de este trovador sencillo que nada supo de las nuevas formas poéticas, que fue fiel a la tradición sentimental de los grandes creadores del romanticismo. Los detalles de su muerte acongojan mi espíritu; hacía veinte días había sido recluido en el Hospital: no quería morir; estaba demasiado enamorado de la vida y se resistía a dejarla tan pronto; quería escribir aún muchos versos y publicar más libros; era el cantor del paisaje, de las cosas lindas de su tierra, de las muchachas en flor, de los niños de su escuela que ya eran hombres, de los sucesos triviales, de las fiestas hogareñas; él era el encargado de coronar a las reinas, de celebrar las fechas históricas de su ciudad, de decir su mensaje lírico en las solemnidades, de compenetrar sus estrofas con las inquietudes y los éxitos de sus paisanos. Sometido al tormento de las transfusiones y del suero, al fin fue resignandose a lo inexorable y en el amanecer, serena, dulcemente,sin mayores sufrimientos entregó su alma al Señor; se durmió como un niño con una última sonrisa en el labio callado.

La poesía de Baudilio es armoniosa y sencilla; lo mejor de su vasta obra son los romances; él ponía todo el corazón en sus cantos; era como los sinsontes madrugadores que llenan con sus trinos los cafetales providentes, como esos arroyos que van haciendo música a la sombra de los guaduales, como el viento de verano que dobla la cabellera rubia de los trigales. Un poco bohemio y un mucho soñador, para él la vida fue amable; no le pidió más al destino; se conformó con su parcela de La Bella, con sus libros, con sus cariños hogareños, con el afecto de su tierra; ha sido sepultado allí en ese sitio que amó tanto,   al amparo de los rosales que plantó su mano, al arrullo amoroso de sus palmeras fraternales. Este hombre fue discreto y cordial; dedicado la mayor parte de su vida a las actividades didácticas, tuvo un alma simple de niño, un alma hermana del alma de los chicos de su escuela. En homenaje a su memoria copio aquí una de las estrofas con que tuve el privilegio de entregarle la tarjeta de oro en la fiesta que la ciudadanía le ofreció en el Club Quindío en la noche del 28 de mayo de 1960:

 

Silabario de música

      y de flores

es tu tierra quindiana,

deletrea en sus hojas

      de colores

sus primeros ensayos

        la mañana.

Es tu tierra,poeta,

        el deleitoso

país de la altivez

        y la hidalguía;

en ella halló tu espíritu

        armonioso

el territorio de su   fantasía.

Claros y dilatados horizontes,

hogareña dulzura del plantío,

curva feliz de valles

        y de montes

y romancero de cristal

        del río.

La tarde sus doradas

        muselinas

tiende en los frutecidos

        cafetales

y el viento es un juglar

        en las colinas

desrizando el plumón

        de los guaduales.

Comarca por los dioses

        consentida

paisaje de naranjos

        y guitarras,

dulce tierra floral

        adormecida

al canto del palmar

        y las cigarras.

Libro “Baudilio Montoya Rapsoda del Quindío”. Editorial Quingráficas.Armenia.
1973.

Baudilio no tuvo   mayores ambiciones; no le importó figurar en los cenáculos literarios que reparten la fama por entregas en los suplementos dominicales; en él el canto era una costumbre, una necesidad de su espíritu romántico, una manera habitual de apreciar los seres y las cosas.

Que el sueño eterno de este poeta del más puro acento romántico,sea tan sereno y luminoso como el paisaje familiar que es color y música y emoción y dulzura en sus versos.Viajero por mares ignotos te despedimos desde la playa, amigo Baudilio”.

        Blanca.


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