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La historia del turismo en el Quindío tiene un capítulo ligado a la familia Lehder, desde la Pensión Alemana de Guillermo hasta la Posada Alemana de su hijo Carlos.

Si se escribiera la historia del despertar turístico en el Quindío – desde construcciones simbólicas o de carácter hotelero y de esparcimiento – tendríamos que recordar tres. Son ellas la Posada Alemana, el hotel parador “Mis Bohíos” y la Pequeña Granja de Mamá Lulú. Comenzaron su vida a principios de la década de los 80, los dos primeros en jurisdicción de Salento y el tercero en la zona rural de Quimbaya. Ello ocurrió cuando no se avizoraba todavía el despliegue del turismo masivo que hoy nos devora. Tal vez fue La Posada Alemana de Carlos Lehder el conjunto que más se proyectó a un modelo de turismo arrollador. Porque las plácidas cabañas de “Mis Bohíos” ofrecían un alojamiento sencillo y silencioso, al inicio del camino que lleva al Valle de Cocora, para entonces otro lugar ensoñador y, también, silencioso. Pues las palmas de cera en el lugar donde hoy está la zona restaurantera, eran en ese momento las verdaderas dueñas del paisaje.

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El pequeño parque temático de la vereda de Quimbaya ofrecía, como su nombre lo indica, el placer de conocer las delicias del campo y la experiencia familiar de una granja autosostenible. Eso que actualmente se conoce como la permacultura es lo que sigue ofreciendo la Pequeña Granja de Mamá Lulú, como un muestra fehaciente, más de cuarenta años después, que el turismo sostenible puede ser una realidad tangible, para convertirse en la verdadera vitrina del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano (PCCC), como concepto al que el Quindío se adscribió para el turismo responsable. Pero que hoy lo ejerce a través de otros emprendimientos que se convirtieron en Parques Temáticos sin visos de identidad regional.

La primera intención de un turismo para mostrar al mundo, desde la Posada Alemana, la divulgó el periódico de Carlos Lehder, titulado “Quindío Libre”, en su edición de junio 18 de 1983. En un formato grande, con dos secciones, bien editado, el vocero periodístico de la doctrina de Lehder (que curiosamente la denominaba “Por la Unión Paisa”) se publicaba desde la franquicia que él le había comprado a un periodista quindiano, Noel Ospina Romero quien, desde su natal Montenegro, y durante varios años, emitía noticias de la vida social de su terruño, pero también del desenvolvimiento político del Quindío de finales de la década de los 50 y principios de los 60.

 

El ejemplar de “Quindío Libre’ de Lehder tituló,en primera página de la sección B, de esta manera:


“La Posada Alemana… donde pudo existir El Edén”.

Se refería el articulista al proyecto soñado por el joven Lehder, ya en marcha, en la entrada al municipio de Salento, y que impactaba por su imponencia y por el toque especial de su catálogo de servicios. Los anunciaba aquel periódico como “los cuatro sitios para el Hotel más acogedor”. En efecto, eran los que ya se ofrecían en servicio al público y que despertaban admiración. Indudablemente, era la Discoteca el que más despertaba todo tipo de comentarios. Se anunciaba con la foto de la parte superior de la estatua de John Lennon, pue llevaba el nombre de este artista famoso. En su interior, la Taberna era también un lugar que despertaba suspiros, por la madera preciosa que se había empleado en la ornamentación, donde además estaba otro espacio anunciado, la Vinería. Mientras que el cuarto, un Restaurante, se proyectaba con las cabañas de alojamiento.

De la Discoteca, el ejemplar de “Quindío Libre” hacía el siguiente comentario, validado por muchas personas que ya habían ingresado:

“…Sin exagerar, podríamos asegurar que la Discoteca John Lennon está a la altura de las mejores de Europa. Ha sido escenario de refinados espectáculos de fama mundial. Atendida por distinguidísimas damitas, el placer se satisface totalmente…”

Lo correspondiente al servicio de comedor es también referenciado en el ejemplar que, como aspecto curioso, se anunciaba como el “Primer periódico No Alineado de Colombia”:

“…La Posada Alemana es un conjunto de hermosas cabañas enclavadas sobre un terreno de arisca geografía, pero de incomparable plenitud. Don Carlos Lehder se asesoró de brillantes arquitectos e ingenieros, y sin ahorrar, hace una inversión respetable con resultados casi prodigiosos. El turista de la Posada Alemana encuentra todo lo que puede reclamar el más refinado gusto. Las cabañas están dotadas como la más moderna hotelera, su salón comedor es un reto al buen gusto, una forma de hacer un permanente palacio; la comida que se sirve cumple la clásica exigencia del auténtico manjar. Y para el disfrute nocturno el turista encuentra una de las discotecas más hermosas de Colombia…”.

Para la fecha de la publicación de ese ejemplar de “Quindío Libre”, el Hotel era todavía un proyecto en marcha, así como se preparaban otros lugares para el funcionamiento de diversión y de carácter cultural, tal cual se menciona en los párrafos siguientes, donde además se dio información sobre su apertura oficial:

“…El Hotel Posada Alemana no está concluido,pese a satisfacer ya el buen gusto. Porque en término prudencial estarán funcionando las piscinas térmicas, únicas en este sector del país. De igual manera se dará al servicio el centro de convenciones, una biblioteca y otros motivos para hacer mucho más grata la estadía allí. El Hotel Posada Alemana fue inaugurado el pasado 14 de octubre, fecha clásica de la fundación de Armenia. La Corporación Colombiana de Turismo le ha concedido ya cuatro estrellas, pero el objetivo de su propietario es alcanzar la quinta en breve, para lo cual se están satisfaciendo las exigencias de ese organismo oficial y, naturalmente,las de las organizaciones hoteleras del mundo…”

Pero la parte esencial de este artículo del periódico de 1983 es la que corresponde a la información histórica sobre un hotel antiguo de Armenia, la Pensión Alemana, establecimiento que había sido instalado por don Guillermo Lehder, inmigrante alemán que había llegado a residenciarse en la promisoria población que ya era la hoy capital del Quindío. Era don Guillermo un reputado ingeniero y el padre de Carlos Lehder. El negocio funcionó hasta el año 1941 cuando, tal cual lo anota el articulista, “por orden de la Embajada Norteamericana clausuran la Pensión Alemana”. Corrían años aciagos, a principios de los 40, con motivo de la Segunda Guerra Mundial y, según lo menciona el artículo de prensa, se rompen relaciones con Alemania y “se autoriza la confiscación de los bienes de todos los ciudadanos alemanes residentes en Colombia”.

Según lo allí escrito, dos motivaciones tuvo Carlos Lehder para instalar la Posada Alemana. La primera, atendiendo también a la escogencia del título, se refiere al hecho que “no se pudo encontrar un nombre más acertado: Posada Alemana, porque todos sus alrededores permiten evocar la campiña de una de las naciones más hermosas del mundo”.

La segunda razón que llevó a Carlos Lehder a la instalación del conjunto arquitectónico turístico obedeció a la remembranza del hotel de su padre. En los siguientes dos párrafos lo menciona el columnista:

“La Posada Alemana nació de un sentimiento evocador. Su fundador, que ama entrañablemente las idílicas tierras del Quindío, pensó en perpetuar lo que fuera el deseo de su progenitor, don Guillermo Lehder, ciudadano de exquisita personalidad, caballero sin tacha, oriundo de Alemania, que un día se radicó entre nosotros, para no separarse más de esta tierra que ama como su segunda patria. En el año de 1928, don Guillermo fundó la Pensión Alemana, ubicada en la carrera 17 con la calle 21, precisamente en el lugar que hoy ocupa el Banco de Bogotá. La Pensión Alemana era el centro de recepción más distinguido de Armenia. Se le llamó la sala de recibo de la ciudad, por cuanto visitante de alcurnia política, social o intelectual que llegara a la ciudad de Armenia se alojaba allí, donde recibía las finísimas atenciones de una respetabilísima dama manizaleña, doña Elenita Rivas de Lehder, dechado de virtudes, poseedora de exquisitas maneras, algo así como la primera relacionista de la naciente ciudad. Enseñada desde cuna a tratar con las más encumbradas personalidades de la sociedad, sabía emplear las más refinadas maneras para hacer grata la estadía de sus visitantes. Nombres como Alberto Lleras Camargo, expresidente de la República, Alfonso López Pumarejo, también brillante figura de la historia de nuestra patria, y otros que en este momento se nos escapan de la memoria, quedaron registrados en los libros de huéspedes de la Pensión Alemana…

… Durante trece años la Pensión Alemana fue lugar preferido para los visitantes; allí se les colmaba de atenciones y sus deseos eran satisfechos en toda oportunidad. En verdad, cuando alguien trate de escribir la historia del turismo de la capital quindiana, necesariamente tiene que detenerse en esta inolvidable residencia, porque por allí pasó el meridiano de la amabilidad característica de la raza quindiana…”.


De la Pensión de don Guillermo, a la Posada Alemana de su hijo Carlos, así se resume un proyecto de familia que es historia. Un sueño en continuidad que se truncó en dos ocasiones. De la primera construcción no se mencionan más recuerdos que los del periódico en mención, el mismo medio que divulgó una foto de esa esquina,en la que se aprecian cuatro damas elegantes caminando por su fachada. En la esquina opuesta del registro fotográfico añejo se aprecia, también, una de las casas de bahareque del hermoso centro histórico y arquitectónico que era Armenia para entonces.

De la Posada Alemana quedan las ruinas, que contrastan con el plano panorámico que publicó el periódico de Lehder, donde figura el dibujo de la infraestructura hotelera,en medio del paisaje surcado por las colinas ensoñadoras y los proyectados techos rojizos de las cabañas,con diseño europeo. Además del puente sobre la carretera que conectaba a Armenia con Pereira, en cuya baranda lateral norte se alcanza a ver el escudo del establecimiento,en letras góticas y con el heráldico símbolo en forma de león que lo identificaba. Al fondo del plano paisajístico proyectado,en un verde suave – tono que además presentaba la totalidad de las páginas del periódico “Quindío Libre” – se alcanzan a perfilar tres cumbres nevadas hacia el oriente, las que todavía se divisaban con sus picos blanquecinos en esa década de los ochenta.

 


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