Hace seis décadas se gestaron 3 importantes instituciones que han dejado huella en la región.
Tres establecimientos educativos del Quindío cumplen, en el año 2022, 60 años de vida académica en el territorio. El año 1962 pasará a la historia como el inicio del periplo educativo más ansiado por cientos de estudiantes que -especialmente en Armenia- habían terminado su secundaria sin la posibilidad de comenzar una carrera de la educación superior en la región que los había visto nacer y crecer. Así fue como a principios de ese año se iniciaba el semestre académico de la Universidad del Quindío, luego de 2 largos años de angustia y dificultades, pues la institución había sido creada en 1960, por acuerdo del concejo municipal de Armenia, “Con las facultades de Agronomía y Economía” y no obstante encontró escollos en su cristalización. A pesar del enorme esfuerzo de sus gestores de la sociedad civil y de la comunidad académica aglutinada en los colegios de secundaria de la ciudad de Armenia (que para entonces pertenecía a Caldas), fue solo en 1962 cuando comenzaron los primeros periodos semestrales de 2 carreras muy diferentes a las que se habían planteado desde el recinto del concejo.
Mientras tanto, en Salento y Filandia, para la misma época de 1962, 2 colegios de bachillerato comenzaban su vida institucional uno y su gestación administrativa el otro. El primero, en la Colina Iluminada del Quindío, inició su ciclo académico luego de haber sido aprobado su funcionamiento a través de una Ordenanza de la asamblea de Caldas del año anterior. Vale la pena anotar que, en la duma de Caldas, algunos diputados se opusieron a su creación.
El segundo colegio, en el Municipio Padre del Quindío, apenas iniciaba el trámite correspondiente en la misma Duma de Manizales, donde se le había dado vida institucional al de Filandia.
El desarrollo de un departamento o región va en línea paralela al funcionamiento de un claustro universitario y a la existencia de un sistema educativo de planteles de secundaria que lo alimenten y que son el semillero de sus potenciales estudiantes, así como de los futuros profesionales, de allí egresados. La Universidad del Quindío, para 1962, ya era una entidad autónoma en su gobierno interno, tanto académico como administrativo. Con la apertura de 2 facultades, la de Agrimensura y Topografía y la de Ciencias de la Educación, desde febrero inició el primer ciclo de ambas carreras, lo que constituyó un hito en la historia de la ciudad, que seguramente recordarán con aprecio esos primeros estudiantes.
En la cuarta entrega de una crónica titulada ‘los verdaderos creadores de la Universidad del Quindío’, publicada el 13 de octubre de 2022 en el periódico virtual El Quindiano, su autor, el historiador y periodista Miguel Ángel Rojas Arias, informa que los primeros alumnos, 22 en total, de la carrera de Topografía, iniciaron clases el 8 de febrero de 1962 y 15 días después lo hicieron 35 de la carrera de Ciencias de la Educación. También precisa el cronista, con fuerza de dato importante para el registro histórico, que los primeros topógrafos se graduaron en 1964 y dos años después se recibieron los de la otra carrera. Ello ocurrió días antes de la creación del nuevo departamento del Quindío. Así fue que mediante el Acuerdo 194 del 20 de mayo de 1966 de la institución universitaria, se les otorgó el título de Licenciados en Pedagogía y Tecnología Educativa.
En las tres crónicas anteriores, Rojas Arias detalla los pormenores de una serie de vicisitudes que debió sortear la alma mater de Armenia desde su creación. Entre ellas, la permanencia fugaz de un rector, en mayo de 1961, cuando se tramitaba con la Universidad Nacional de Bogotá el acompañamiento para iniciar labores de lo que se llamaba apenas el Centro Universitario del Quindío. En efecto, el exrector del Instituto Universitario de Manizales, Federico Flórez García aceptó la posición de la rectoría, pero una semana después renunció al ver la difícil situación económica, que requería con urgencia la cristalización de donaciones y aportes para comenzar su desenvolvimiento. Después de esta situación se le trasladó esa atribución a uno de sus fundadores, el escritor Alirio Gallego Valencia y se ocuparon las instalaciones de la antigua alcaldía, en la esquina de la carrera 16 con calle 20, lugar histórico donde hoy funciona el Instituto de Bellas Artes.
Con la llegada de los primeros estudiantes, este lugar fue el recinto donde no solo recibían sus clases, sino que se adaptaron los diferentes espacios para los servicios médicos, los laboratorios y sus equipos de Topografía, una cafetería, la biblioteca, sala de conferencias y deportes, además de una pequeña librería que trataba de suministrar a bajo costo los útiles necesarios para el semestre. También operaba un espacio para los ensayos y presentaciones del Grupo Experimental de Teatro.

El primer Boletín Informativo de la Universidad del Quindío, publicado en 1962 por Editorial Bedout, no solo ofrecía, en un sencillo cuadernillo, el calendario académico para el segundo semestre y el año lectivo de 1963, sino que presentó el cuerpo directivo o Consejo Superior Universitario y el de las dos Facultades, así como los nombres de su cuerpo profesoral. Igualmente se publicaron en sus páginas las condiciones de admisión y matrícula, el funcionamiento del sistema semestral y el alcance de los servicios para los que ingresaran. Entre estos, anotó algo importante. Lo concerniente a una Matrícula de Honor para el estudiante que obtuviera el primer puesto en los exámenes de admisión y entrevista personal, extendiendo esa distinción al “alumno que en las respectivas facultades haya obtenido el primer puesto en la clase durante un ciclo académico”. Llamó la atención otro favorecimiento, en los siguientes términos:
“La Universidad concede una beca con duración de diez meses equivalente a cien pesos mensuales para el mejor alumno de la facultad de Topografía”.
En el boletín aludido se anexaron dos planillas que mostraban el Plan de estudios de ambas Facultades. En el último semestre de la carrera de Topografía se ofrecían las cátedras de Topografía Vial, Fotogrametría, Geodesia Práctica y Geodesia Aplicada. Mientras que en la malla curricular (o pensum, como se le llamaba entonces), correspondiente a 8 semestres aparecían, entre otras, 6 cátedras de Sociología, 2 de Historia de la Filosofía, 3 de Historia de la Educación y 2 muy curiosas, anunciadas como Higiene Mental 1 e Higiene Mental 2.
Su cuerpo docente, en 1962, estaba compuesto por académicos y destacados personajes de la vida local. Entre ellos, 6 abogados, 3 ingenieros civiles, 2 sacerdotes, un dibujante, 3 licenciados, 2 médicos y una bacterióloga, la única mujer del personal profesoral. Era la profesional Ana Martínez Acevedo, quien tenía a su cargo la cátedra de Historia de la Educación. Las interesantes cátedras de Higiene Mental estaban a cargo de 2 médicos, Hernán Palacio Jaramillo y Rubiel Mejía Ramírez.
En los 2 municipios que iniciaron en 1962 la vida académica de sus planteles de secundaria, el discurrir ciudadano veía con atención estos procesos. Con mayor énfasis en Filandia, donde el fundador del colegio oficial de bachillerato encontró una dificultad en la consecución de un local para su operación, a principios de ese año. Así lo describe Carlos E. Restrepo, el fundador, en su obra escrita titulada, ‘Filandia reseña histórica’ (Tipografía Santa Rosa de Cabal, Santa Rosa de Cabal, 1963). Ocurría que ya existía otro plantel educativo de secundaria en Filandia y por esa razón la creación de uno nuevo ocasionó resquemores:
“…Su historia empieza en la Asamblea Departamental de Caldas, donde se presentó en octubre de 1961 un proyecto de ordenanza creando el colegio oficial Liceo Andino, cuya aprobación se logró el 30 de noviembre. El 19 de febrero de 1962 inició labores de primer año en una casa particular adaptada para el efecto. Allí funcionó casi un año y luego con generosidad y desprendimiento el señor personero don Guillermo Hurtado lo trasladó al lugar que hoy ocupa en la calle consistorial, donde funcionó en otra época la escuela de primaria anexa de varones y donde enseñaron por largos años los distinguidos maestros don Cornelio y Vicente Moreno, don Félix y Eufrasio Henao Toro”.
En 1966, con la creación del Quindío, el gobierno departamental fusionó los 2 planteles, el colegio Santísima Trinidad (fundado en 1937) y el colegio Liceo Andino. Hoy se conoce como la Institución Educativa Liceo Andino Santísima Trinidad.
Con respecto al Liceo Quindío de Salento, esto anota uno de sus exalumnos, el administrador en Hotelería y Turismo y miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Quindío, Sebastián Rodríguez:
“El Liceo Quindío tuvo su origen en el año 1962, cuando la Asamblea Departamental de Caldas (en esa época Salento pertenecía a dicho departamento) aprobara la ordenanza 39 de noviembre de ese año e inició sus labores académicas en enero del año siguiente”.
“… Queremos recordar al grupo ecológico Arco Iris, iniciativa académica que existió en el colegio por muchos años y que ha merecido muchos reconocimientos a nivel departamental por los proyectos de investigación realizados”.
Tres instituciones educativas del Quindío, tres reseñas históricas que se gestaron en 1962 y que han dejado huella.
- Temas relacionados :
- Historia
- Liceo Andino de Filandia
- Liceo Quindío de Salento
- Universidad del Quindío
