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El león de piedra (que es de cemento), una historia singular

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sábado, 11 enero 2025

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El león de piedra de Filandia es mucho más que una simple escultura. Es un símbolo cargado de historia, que refleja la relación entre el hombre y la naturaleza, y que evoca la imaginación y los miedos de una época pasada.

La imagen de un rústico animal, que se ha llamado comúnmente el "león de piedra" – aunque es de cemento -todavía se encuentra en el patio de una pequeña casa del sector semirural de Filandia. Se trata de una singular figura que está en el frontis de lo que antes se conocía como la casa de los Ochoa, en la entrada principal del municipio, sitio que siempre se llamó El Arenal.

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Don Rafael Ochoa, el patriarca y antiguo dueño de la humilde casa, moldeó esa sencilla figura en las primeras décadas del siglo pasado, cuando en esas inmediaciones funcionaba la trilladora de don Tano Mejía.

La tosca pero llamativa figura nos recuerda a todos las menciones de leones que, en la época de mi infancia, por allá en los años 60, invadían nuestras mentes y nos hacían fantasear con las imágenes de la selva africana. No es gratuito, entonces, que en los años 50, mi padre le cambiara el nombre del teatro que tenía Filandia en su plaza principal por uno más sugestivo. El nuevo nombre del cinematógrafo, al que mi tío Roberto le había nombrado con propiedad como el teatro Restrepo, en la década de 1920, pasó, simplemente, a llamarse Teatro Bengala.

¿Cuántos episodios de leones africanos pudimos ver en las películas de Tarzán o en las históricas del circo teatro romano, con gladiadores, en pantalla grande? ¿Cuántas recordaciones del rugido del león que apreciabamos antes de comenzar una de las cintas de la compañía Metro Goldwyn Mayer?

Y, después, cuando entró la televisión, en los años 60, ¿cuántas imaginaciones alrededor de los leones que aparecían en las películas de safaris?

Fueron muchos referentes que, a decir verdad, hicieron de esa niñez una etapa muy dichosa.

Pero el león también fue mencionado como tal en las crónicas de la conquista del siglo XVI. Y era, por supuesto, la referencia que traían los españoles del animal salvaje. Tal vez, por parecido, su mención pudo darse con relación al puma americano, el felino más cercano a la imagen de una leona. Así lo describe Pedro Cieza de León en su obra ‘Crónica del Perú’, en el siglo XVI, en su recorrido por la región quimbaya, cuando acompañó a los ibéricos en la invasión del territorio:

"Como los cañaverales son tan espesos, hay muchas alimañas entre ellos, y grandes leones, y también hay un animal que es como una raposa, la cola larga y los pies cortos, de color pardo, la cabeza tiene como zorra…" (En ‘Memorias del Camino del Quindío en la Independencia’, gobernación del Quindio, Fondo Mixto de la Cultura y las Artes,Real Editores, Armenia,2019).

La   mención anterior, donde se incluye el término "leones" -pero también a otros especímenes que asombraron a   ese soldado cronista español, como la chucha (o zariguella), los conejos y los "guasaquinajes" – fue traída a colación, en su investigación documental, por el académico Álvaro Hernando Camargo Bonilla sobre la fauna del Camino del Quindio. No fue conocida esa relación de nombres por el viejo Rafael Ochoa. Pero lo cierto es que la palabra león despertaba a finales del siglo XIX y principios del siglo XX las mayores preocupaciones entre los fundadores y pobladores de los nuevos caseríos, entre ellos Filandia.

Puede haber otra razón a la erección de una figura con forma de león. Esa imagen con melena nos puede recordar a otro felino,el tigre. Y no al americano, llamado jaguar,sino al de las películas, nuevamente.Tal vez por eso,el nombre del teatro Bengala que le colocó mi padre a la casa de bahareque donde nací en Filandia, hacía referencia al tigre feroz de Asia.

Ya,en el siglo XIX, y antes de fundarse Filandia,existían bastantes referencias sobre el "tigre" o jaguar.Los caminantes europeos que trasegaron los caminos lo mencionan.Eran muy temidos sus encuentros.Pero también, presumo era maravilloso avistarlos, aunque sea, a la distancia prudente.

Una simpática mención, otra más sensata y la divulgación de una bella lámina del siglo XIX, pueden dar cuenta de ello. Por lo menos en la interpretación histórica de lo que quiso representar el patriarca Rafael.

La primera cita la encontramos en una de   las tres obras de don Manuel Pombo, titulada ‘De Medellín a Bogotá’, publicada como su diario de viaje, que hizo en 1853. De lo condensado por la compilación de la Academia Caldense de Historia (En: ‘Viajeros por el antiguo Caldas), Editorial Manigraf, 2008), la siguiente es una descripción interesante y graciosa, refiriéndose al relato que le había hecho a Pombo un habitante de la cercanía de Aguadas:

"…Antes de llegar (a Aguadas) se me reunió un individuo de sombrero sobre la oreja, ruana terciada y garrote pendiente de la muñeca; era un guapetón con sus ribetes de chusco. Refirióme varias anécdotas encaminadas a ponderar el desgraciado cacumen de los habitantes de cierto lugar, entre ellas recuerdo la siguiente:

…Al penetrar en una   estrechura un caminante dio con un tigre que estaba en acecho: felizmente se hallaba de espaldas, y pudo el viajero retroceder y treparse a un árbol mientras aquel se marchaba. Mas hete aquí que desde la altura vio a su amigo, José María, que venía rectamente a encontrarse con la fiera. Para advertirle el peligro sin que lo entendiese el tigre quiso gritarle, pero para él el castellano debía de ser el idioma así del animal como del amigo. Discurrió entonces invertir las sílabas,y pronunció en grandes voces:

        –   Laoh, ñor séjo riama,no se tame en el nelonca; Corra, remi que se lo meco el greti.

Efectivamente,el tigre quedó en ayunas de la jerigonza, pero se almorzó al amigo, que tampoco lo entendió…"

De esta singular y risible anécdota, muy cruda por cierto, con referencia a los calificativos endilgados a algunos pobladores, pasamos a la segunda mención, también compilada por la Academia Caldense de Historia en ese libro. Y que nos muestra cómo otros cronistas se refieren al tigre (o jaguar) en términos más atinados.

El fragmento es de un diario anterior al escrito por Pombo. Es del sueco Carl Augusto Gosselmann (1799 – 1843). Anduvo   de aventura por los senderos   del Paso del Quindio, entre 1825   y 1826. Su diario fue publicado en la obra ‘Viaje por Colombia 1825 y 1826’ (versión castellana de Ann Christien Pereira, Publicaciones Banco de la República, Bogotá, 1981). En la sencilla nota descriptiva, Gosselmann incluye interesantes apreciaciones sobre el "tigre" o jaguar, mientras él bajaba una pendiente cargado por un silletero que lo llevaba en su cargamento a la espalda.

"… Cuando dicho lugar quedó atrás,e l silletero se detuvo en seco y me dijo: "Mire el tigre". En ese momento vi un tigre de buen tamaño trotar despacio y despreocupadamente por el camino, en medio de los espesos bosques, a través de los cuales se nos perdió.

…Este tipo de sorpresa no es extraña en estos parajes. Durante el día el tigre no es un animal peligroso, pero al llegar la noche es común verle rondar las casas e inundar el espacio con sus rugidos.No se atreve a atacar un rancho, pero sí lo bloquea.Es así como frecuentemente da muerte a perros y demás animales que encuentre en esas cercanías…"

Mucho más interesante es la difusión, también en el siglo XIX, de la lámina titulada ‘Cacería de jaguar en el Quindío’. Es un dibujo de Edouard Riou,un francés nacido en 1833 y muerto en 1900 y de quien se afirmó era famoso y buen dibujante, hasta el punto de convertirse en el ilustrador de las obras de Julio Verne.Se dice que ese fenomenal diseño,donde aparece el jaguar,fue hecho por encargo que le hiciera Edouard André,un botánico que también trasego el Camino del Quindio.Riou lo hizo con base en un croquis.Es un grabado en blanco y negro, que fue publicado en la obra titulada "L'Amerique equinoxiale (Colombie – Equateur – Perou", en 1869, por la Librería Hachette de París, junto con otras excelentes láminas de Riou, donde aparecen también escenas de otros   jaguares.

Regresando al contexto de la historia de la humilde casa de la familia Ochoa, la existencia de tigres americanos o jaguares por esos lares está varias veces comprobado en las crónicas locales de Filandia. Estos predios aledaños,y es especial el de la casita del viejo Rafael,eran un ambiente muy boscoso,por su cercanía al   bosque de   Bremen. Tal vez por eso el patriarca quiso plasmar al animal que más se temía.

El docente Cornelio Moreno, autor de la ‘Geografía y reseña histórica del municipio de Filandia’ (Tipografía y Papelería Los Andes, Manizales, 1928) anota lo siguiente:

"…En lo que se refiere al reino animal,en la época de la fundación,se encontraban fieras como el león, tigre,oso y gran variedad de serpientes.

Se refieren los siguientes hechos curiosos:

Hubo tigre que en la noche penetrara a las casas, que carecían de puertas, y sacaban los perros guardianes que dormían debajo de las camas que servían de lecho a sus amos. Esto sucedió en el sitio que hoy es plaza de ferias y sus cercanías. Los terribles felinos no respetaban la tranquilidad del hogar doméstico, siendo mayor la impavidez de sus habitantes.

…El primer tigre fue cogido por los señores Mariano Vargas e hijos y Juan Blandón; para lo cual fabricaron una trampa,en el punto que por esta razón se llama "Trampa del Tigre". Para esta cacería pusieron en la trampa un cerdo pequeño que sirviese de carnada, pero receloso el tigre de caer en ella, estuvo rodeándola por espacio de seis u ocho meses hasta que al fin cayó en la red. Larga sería la relación de cuanto ocurrió en aquel tiempo, en que se luchaba con toda esta clase de escollos…"

También mi padre, Carlos E. Restrepo Ramírez, activo cronista local, se refirió a otra anécdota familiar, en su reseña histórica de Filandia, inserta a su vez en la obra suya titulada ‘La congregación bethlemita, fundación en FILANDIA (1907 – 1957)’, publicada en Editorial Sucesos,Pereira, agosto de 1957:

"…Dice nuestra buena mamacita, doña Merceditas Ramírez de Restrepo, que cuando sucedió la guerra de los mil días, vivía en un ranchito por el camino de"Bambuco"con los hijitos mayores que eran Roberto, Elías, Gerardo y Rogerio,y todas las noches sitiaba la casa un enorme tigre que devoraba todos los animales y daba arremetidas contra el ranchito cuando sentía el llanto de los niños; todo ese viacrucis debió sufrirlo hasta que el viejito Luis María volvió de la guerra y mató al animal…".

Muchas historias más recrean el cotidiano de los pueblos de la región, en relación con la fauna de aquella época, el miedo que despertaba el acecho y hasta el nexo simbólicoentre los humanos y lo animal, lo cual llamamos la relación de zoociedad.

En especial, sobre los jaguares, vale la pena anotar que la casa de Rafael Ochoa está solo   a 500 metros de la actual plaza principal y que la plaza de ferias, a la cual se refiere el docente Cornelio Moreno, apenas a dos cuadras del parque, en el lugar exacto donde hoy se levanta el colegio Liceo Andino Santísima Trinidad.

Por cierto, una vida nada sosegada y matizada por el temor. De pronto el viejo Rafael alcanzó a blindar el predio y fue esa escultura sencilla, la de su "león de piedra", la que terminó aportando el sentimiento de seguridad que requería su refugio.

El león de piedra – que es de cemento – es para Filandia uno de sus últimos símbolos antiguos. Es modesto como la pequeña casa, aunque con modificaciones significativas que pueden llevar a su eliminación física. Porque los nuevos propietarios, aunque no lo han derrumbado aún, desconocen esta historia sentimental, que   fue el soporte para el crecimiento de una de las familias más queridas, los Ochoa. La que sí ha quedado encerrada por otra construcción contigua, es la pequeña casa en L, corriéndose el riesgo que su tipología rural se pierda para siempre, como está pasando con todas las viviendas tradicionales que se convierten en alojamientos turísticos.

Pero algo ha transformado su entorno.Y es bien curioso. El león ha sido coloreado, su melena ya es rubia.Y al frente han puesto pequeños ciervos de cemento y otros animalitos de ornato.

Por lo menos existe la seguridad que ni el león antiguo ni otros "depredadores" los atacarán.Hoy lo somos nosotros, porque vulneramos desde hace tiempo la naturaleza que lo rodea todavía, el hermoso bosque de Bremen.

 

 


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