El Parque de Sucre, en Armenia, refleja el abandono de los espacios públicos: mobiliario destruido, vandalismo y pérdida de valor patrimonial contrastan con su importancia histórica y cultural.
Los parques son, en esencia, un sitio de encuentro de los ciudadanos. En Armenia (Quindío) tal parece que dicha afirmación se diluye en el tiempo, alrededor de esa percepción. Y, sobre todo, porque también se atenta contra sus mobiliarios y equipamientos, se talan sus árboles, sus bancas de madera desaparecen o se descuidan y se desfigura el sentido de ser ellos – los parques – el alma de la cultura popular.
El panorama de la capital del Quindío, en cuanto a sus parques, debe verse desde el menosprecio que sobre ellos han tenido las administraciones, pero también los usuarios. Los primeros, en cabeza de los alcaldes y las entidades que manejan el ornato, se olvidan de sus mantenimientos. Ejemplo de ello, para citar solo uno, en el parque de la Constitución reina el abandono. De sus bancas solo quedan las estructuras metálicas rasas o la sombra de ellas. Por parte de los ciudadanos, el parque Sucre es la evidencia del tratamiento incorrecto a la memoria patrimonial y el desprecio hacia los símbolos culturales. Este espacio, a ocho cuadras de la Plaza de Bolívar, pocas veces ha sido ponderado por los armenios desde la consideración histórica y simbólica. Sin olvidar que sus monumentos son vandalizados. Clara muestra de ello es, también, el desconocimiento de la importancia que esas placas, busto y sus árboles tienen para la cultura de la ciudad. Casi nadie reconoce en ellos la memoria de un soldado de la Patria,la bella prosa poética de una escritora, Carmelina Soto Valencia y el reconocimiento a la artista que impulsó el arte de la performance en Colombia, la inolvidable María Teresa Hincapié.
Foto del parque de Sucre, año 1936.Foto Linder.
El parque, la sala de recibo
Si repasamos el historial del parque Sucre, encontramos, desde el clamor cívico o la denuncia periodística, que el panorama de deterioro ha persistido a través del tiempo.
Tomemos una referencia. En el año 2020, el periodista Germán Rojas Arias, en una columna de prensa (“Parque de Sucre, “Yo no amo Armenia”. En “El Quindiano”, julio 29 de 2020), presenta sus observaciones sobre el parque más simbólico de la capital. Algunos de sus apartes muestran la realidad latente. Cinco años después no ha cambiado el panorama del parque, que está en el corazón neurálgico de Armenia. Y es, prácticamente, el sitio que marca el límite entre el centro urbano y el norte de la ciudad. Destaca el periodista dos aspectos significativos en su artículo:
El nombre histórico correcto es Parque de Sucre. Y la modificación nominal del letrero que reza “Yo amo Armenia” (que se encuentra en el costado occidental)por el que menciona en el título del artículo (“Yo no amo Armenia”). Veamos, entonces ,cuáles son los apartes del texto:
“…. Allí funcionó el primer cuerpo de bomberos y se deleitaron los armenios con la tradicional retreta, integrada por 19 músicos…
…Los prados de uno de sus costados desaparecieron para darle lugar a la tierra que hoy día muchos utilizan para llevar a sus mascotas y depositar allí sus heces…
…El puente metálico instalado en el centro del parque está podrido. Igualmente la poceta, sin agua, y la caseta de madera, presentan deterioro…”
Evidencian, los anteriores párrafos, las descripciones del mal estado de su entorno. Pero, el periodista Germán Rojas, se refirió en su escrito a un aspecto que casi nadie valora: la consideración, de mucho cariz simbólico, al mencionar que el parque de Sucre es la “sala de entrada” al centro comercial de cielos abiertos La Calle Real.
Así, como cualquier persona ama y valora los espacios interiores de su casa, es como se debe ponderar ese parque, uno de los pulmones de la urbe. Entendemos, entonces, que en la “sala de recibo “de la ciudad, desde esa zona arborizada, entramos al mejor corredor urbano que tiene Armenia, hasta la Plaza de Bolívar.
No obstante, y así lo presenta Germán Rojas Arias, hemos descuidado la sala principal de la gran casa, la que todos habitamos y recorremos. Lo corrobora con los siguientes hechos, en relación al parque de Sucre:
“…En 1999 fue el principal protagonista de la ciudad, cuando el terremoto de aquel 25 de enero acabó con la vida…
…En 2008 fue reconstruido. Se convirtió en la sala de entrada a la obra que en conjunto fue ganadora de la Bienal de Arquitectura. A dicha sala le fue agregado un gran sofá de concreto con cojinería de fina madera en su asiento y espaldar que invitaba al descanso físico y visual…
Más adelante, llama la atención sobre los acontecimientos cotidianos que han afectado su estructura física, además de mencionar los males de la contemporaneidad, al convertirse en el lupanar donde se consumen estupefacientes y alcohol, más que todo en horas nocturnas. Y, también, vuelve al relato que nos ocupa, en cuanto a la estructura de madera levantada y que se pretendió fungiera como el monumental sillón de la sala.
“…El gran sofá de la sala de recibo del parque comercial de cielos abiertos La Calle Real quedó desnudo en su totalidad, su asiento y espaldar de madera desaparecieron”.
Mucho más contundente fue el último párrafo de esta publicación, para mostrar, desde la visión de un periodista – que es también la mía y la de muchos habitantes de Armenia – lo siguiente:
“A los turistas, es decir, a la visita, hay que recibirla con respeto y con el mejor vestido”.
Le ceiba
No solo es la ceiba del parque de Sucre el vestigio vegetal más admirado de la ciudad, después del imponente árbol del parque El Bosque.
Es la ceiba del parque de Sucre la que más representatividad simbólica despierta entre los ciudadanos. Una publicación de la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia (“Crecer a la sombra de la ceiba”. En Revista “Armenios”, edición número 002, julio de 2018), se recuerda el hecho histórico que más se comenta sobre la existencia de este testigo arbóreo, así como un dato interesante que nos envía al origen toponímico del parque, aportado por un académico:
“En la primera década del siglo XX, el límite de Armenia hacia el norte era un potrero que don Victoriano Villegas, el comisario de ese entonces, decidió encerrar con una barrera de guaduas para evitar que las vacas y las bestias lo pisotearan, pues destinó ese lote para construir un parque…
…A la idea de le unió don Juan Crisóstomo Rivera, más conocido como “Toto” Rivera, quien sin pensarlo mucho le dijo: “yo le ayudo a hacer el parque”. De inmediato se puso manos a la obra. De su finca trajo una plántula ya crecidita de un árbol y la sembró…
… La construcción y embellecimiento del lugar avanzó con convites entre los vecinos. Pero era un parque sin nombre hasta 1919, “cuando se cumplieron los primeros cien años de la gesta libertaria. En todo el país esos cien años fueron muy importantes y seguramente decidieron poner ese nombre a raíz de la fecha en homenaje al prócer de la independencia Antonio José de Sucre”, dice el historiador Miguel Ángel Rojas….
…Otra versión histórica es que el parque tomó el nombre de la Trilladora La Sucre, que funcionaba donde hoy está el colegio de las Hermanas Capuchinas, en uno de los costados del parque”.
Placas en el parque de Sucre.Homenaje a María Teresa Hincapié y Carmelina Soto.
Un sitio de encuentro significativo
Muchas historias se tejen alrededor del parque de Sucre. Las que se gestan como el lugar que sirve como eje que concita los recuerdos y las citas de amistad y amoríos. Se consideran los relatos de la memoria desde la existencia de un kiosco que servía como escenario para la retreta musical. Así quedó testimoniado en dos hermosas fotos de antaño. Una de ellas, la más antigua, muestra el kiosco, la valla de encierro y dos columnatas en la entrada principal. En la otra, de 1936, de Foto Linder, se alcanzan a ver luminarias redondas en la parte superior de las dos columnatas. También se ve la ceiba, ya con considerable crecimiento.
Otras reminiscencias se han construido en torno a los jóvenes de la época. Esto se inserta en la publicación de la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia:
“…Las historias que se tejieron en su entorno, al que llegaban los jóvenes a esperar a sus novias a la salida del Colegio Oficial de Señoritas, mientras sus padres escuchaban la retreta, quedaron para el recuerdo de una ciudad que crece al ritmo del siglo XXI…
…Los abuelos de algo más de 70 años recuerdan con picardía la costumbre que había cuando existía el kiosco de la retreta. Era una especie de mito, porque hombres y mujeres jóvenes, en esos tiempos, no podían tocarse ni siquiera un dedo, mucho menos darse un beso en público…
… Allí encontraron la manera de empezar sus amoríos. Mientras sus padres escuchaban el concierto, ellos caminababan alrededor. Los hombres en el sentido de las manecillas del reloj y las mujeres en sentido contrario. Al cruzarse en el camino les bastaba con el encuentro de sus miradas, con una “picadita de ojo” para declararse su amor e iniciar un noviazgo, con lo que por supuesto también contribuyeron al crecimiento de la ciudad, con su prole de hijos y nietos”.
Lo contenido en los tres anteriores párrafos y lo incontable, que podría estar en los recuerdos de tantos adultos mayores de Armenia, hacen parte del acervo memorial del parque de Sucre, con un testigo infaltable de todo aquello, la ceiba, hoy más que centenaria. Tal cual lo relata, en un informe de visita de campo, realizado por la estudiante de Psicología Paola Andrea Valencia Muñoz(“La ceiba”. Universidad de San Buenaventura Medellín sede Armenia, año 2008):
“Este gigantesco árbol presenció todas las historias de los visitantes del parque. Eran “los enamorados o las familias enteras que llegaban en las tardes o los domingos a disfrutar de la belleza de la ciudad y a gozar de la sombra de tan hermoso árbol, que daba un ambiente de tranquilidad y seguridad “, dice mi abuelo, recordando las tardes que pasó allí con su difunta esposa (mi abuela)….
….La ceiba también fue testigo y cómplice de las travesuras de las niñas del colegio privado de Las Capuchinas o del colegio oficial de señoritas Santa Teresa de Jesús. “Era muy agradable salir de clases y sentarse en las bancas alrededor del árbol a charlar con las amistades”, dice mi madre, quien estudió en el colegio oficial, que se encontraba ubicado en la esquina de la carrera 13 con calle 12, hasta el año 1999, cuando fue destruido por el terremoto”.
El parque y la performance
Mientras otra obra, realizada a la sombra Armenia fue el lugar de nacimiento, en 1956, de la artista de la performance María Teresa Hincapié. Ya fallecida, en el año 2010, la Fundación Calle Bohemia realizó la primera versión del Encuentro Performance para la Vida, en homenaje a esta artista cuyabra.
En el cuadernillo informativo del Segundo Encuentro (“Fundación Calle Bohemia Arte para el Espacio”, Armenia, Open Diseño, 2012),realizado un año después, se encuentra la siguiente información esencial:
“El performance es una muestra escénica con un importante factor de improvisación en el cual la provocación o el asombro, así como el sentido de lo estético, juegan un rol principal. Una acción artística o performance es una situación que involucra cuatro elementos básicos: El tiempo, el espacio, el cuerpo del arte y la relación éste y el público. Entre los artistas de esta manifestación en Colombia contamos con la ya fallecida María Teresa Hincapié, oriunda de Armenia, quien fue la primera ganadora, en esta modalidad, del Salón Nacional de Artistas”.
En todos los Encuentros de Performance para la Vida que se llevaron a cabo en Armenia, durante el mes de agosto, fue el parque de Sucre uno de sus principales espacios. En el año 2012, en el marco de la segunda versión, en ese lugar se realizaron, entre varias, las siguientes performances:
“Poder cargar andando”. Colectivo Versión Libre Teatro.
“El que esté libre de pecado”. Performer Reinel Aicardo Arango.
La segunda obra, bajo la dirección de la artista quindiana María del Rosario Trujillo nos recordó a todos la imagen del carguero o sillero del Camino del Quindío.
Mientras la tercera obra mencionada, realizada a la sombra de la frondosa ceiba del parque, despertó una polémica monumental. El performer, estudiante de Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia, con su desnudo, despertó la protesta por parte de un personaje de Armenia, la que trascendió a nivel nacional hasta plantearse si el desnudo en público constituía arte o no. Fue, si se quiere, un escándalo que marcó un punto negativo, pues la persona que cuestionaba insistía en que el artista performer estaba infringiendo la ley, lo que motivó la presencia de las autoridades de policía. Por momentos eso nos recordó la performance más famosa de la historia, la de la artista Marina Abramovic, en 1974 quien, desnuda, durante seis horas, se expuso a los espectadores con su obra “Rhythm O”, tal cual lo describe la comentarista de arte Claudia Peiró en su artículo titulado “El perturbador experimento de una artista que llevó al público a mostrar su peor cara”
El caso de Armenia no pasó a mayores, en el sentido de haber interrumpido la obra artística, pero dejó un mal sabor en cuanto a la comprensión que se debe tener del arte de la performance. Aunque otros críticos sostienen que se llegó a un elemento básico, la relación entre el artista y el público.
Performances en el parque de Sucre, alrededor de la ceiba centenaria.
En agosto del año 2018 se realizó, también en el Parque de Sucre, alrededor de la ceiba, una performance titulada ” El Tejido Universo”. El público pudo participar del tejido de crochet que promovía la performer Johana Marín. Al final – después de varios días de tejer con agujas antiguas y utilizando tubinos de lana – la ceiba recibió las puntadas y los pequeños fragmentos de tejido, que fueron adheridos a su tronco. Fue todo un despliegue simbólico que quería mostrar al árbol cubierto de tejidos de emociones.
Otras performances que se desarrollaron alrededor de la ceiba centenaria del parque de Sucre son testimoniadas en sendas fotos de aquellas actuaciones artísticas. Una de las fotos muestra a las ramas del árbol que presenta colgantes de tela que pendían, significando ello los nidos de algunas aves, pero más que todo las placentas visibles. Porque, al interior, varios performeres se acomodaron dejando ver la proyección de seres dispuestos a alumbrar en nacimiento. Fue una de las escenas más significativas de la historia simbólica de la ceiba más bella de Armenia.
Una performers que coloca placas doradas alrededor de la ceiba, quiere representar no solo la actividad de los orfebres precolombinos sino que quiere ensalzar al árbol a la categoría de símbolo dorado. Es esa la significación de la otra foto.
En el mismo año, 2018, la estudiante de la Licenciatura en Educación Preescolar Valentina Parra Delgadillo (Informe de terreno, asignatura Formación Humana II, Universidad de San Buenaventura Medellín sede Armenia),ya hoy profesional y afamada cantante, escribió en visita de campo que hizo a la ceiba del parque de Sucre. Allí presenció la performance de una mujer que desgrana, semidesnuda mazorcas de maíz. Escribió lo siguiente, después de relacionar a lo femenino y el maíz en interesante mutualismo de fertilidad:
“Creo que es importante generar este tipo de espacios abiertos al público, donde todos podamos aprender de un arte aún desconocido por muchos, que nos inviten a imaginar y a llevarnos a la reflexión”.