La obra es catalogada como el poema más largo y bello dedicado a relievar la vida, lucha y obra del Libertador Simón Bolívar.
El diario El Tiempo, en su ejemplar del 19 de febrero de 1953, publicó una noticia en la sección social, donde aparecieron la fotografía y reseña de un hecho importante, la edición del poema épico titulado “La Bolivaríada”, el más largo y bello dedicado a relievar la vida, lucha y obra del Libertador Simón Bolívar. La noticia era trascendental para la época y la sociedad bogotana, pues celebraba el logro de un notable escritor, el abogado Jesús Rincón y Serna. Mientras tanto en Filandia, la tierra natal del autor de esa obra poética, la vida cotidiana transcurría con la normalidad provincial de entonces, casi ignorando que uno de sus hijos ilustres descollaba con júbilo en el mundo literario, con una proeza que nadie había logrado en la escritura poética. Era ello, a criterio de uno de los asistentes al acto – el también poeta quindiano Luis Vidales – un “vasto poema que ocupa 260 páginas en octava, y es, por una suerte maravillosa de inmunización, una auténtica epopeya, tal como lo concibió en su expresión verbal el cantor de las tribus heráclidas o como lo practicaron kasidas y juglares en las remotas épocas anteriores a la llamada edad moderna”.
No fue Vidales el único asistente al evento. Con él se dieron cita, para acompañar a Rincón y Serna, otras personalidades del ámbito capitalino. El periódico cita al escritor y político Luis Eduardo Nieto Caballero, Roberto García-Peña, Roberto Restrepo, Juan Lozano, Carlos Restrepo Piedrahita, Felipe Lleras Camargo y Álvaro Pachón de la Torre, este último, abuelo materno de Luis Carlos Galán. De ese grupo selecto, reunidos en el famoso y legendario restaurante El Temel, y donde Rincón y Serna ofreció un almuerzo, le eran bien allegados al poeta el médico y escritor Roberto Restrepo -mi tío paterno y oriundo también de Filandia- y el abogado y famoso constitucionalista Carlos Restrepo Piedrahita, nacido en Manizales, pero vinculado a Calarcá y Armenia durante una estancia prolongada.
Sus biógrafos se explayan en encomios para describir a dicho escritor de la tierra quindiana. Lo hicieron, no solo en alusión a La Bolivaríada, sino a la vasta producción intelectual de este notable coterráneo. Destaco a tres de ellos, nacidos en Filandia -y escritores también- quienes se refieren, en sus sentidas semblanzas, a Rincón y Serna.
Al primero de ellos, Jaime Naranjo Orrego, entonces bibliotecario del colegio Liceo Andino Santísima Trinidad del municipio, le reconocemos haber invitado a Rincón y Serna en mayo de 1987, para rendirle reconocimiento ciudadano y conmemorar los 50 años del colegio Santísima Trinidad. Fue un día después del solemne acto cuando tuve la dicha de conversar con Rincón y Serna, compartiendo un café en el local comercial de Filandia llamado “Panadería Francesa”. Nos contaba a mi padre y a mí que, en la segunda planta de aquel caserón, había vivido con su familia y que era muy grato para él regresar al terruño. Esto narra el intelectual Naranjo Orrego en la semblanza mimeografiada que circuló en esos días y que incluyó también el egregio discurso pronunciado en el colegio por Rincón y Serna y que, sin lugar a dudas, es uno de los trozos más bellos de oratoria poética que nos dejó a los filandeños el homenajeado. Los dos primeros párrafos corresponden a la semblanza, y los fragmentos posteriores a la encomiable conferencia por él pronunciada. Los siguientes son apartes importantes, escritos por Naranjo Orrego:
“Nació en Filandia el primero de abril de 1905 (en la vereda La Julia, como él mismo declara con visible emoción). Hijo de Félix Martín Rincón Londoño y Leonor Leontina Rosa Serna Ospina. Fueron sus abuelos paternos Félix Rincón Llanos y Bárbara Londoño Ovalle. Los maternos, Ramón de Jesús Serna Hoyos y María Salomé Ospina Henao. Rincón y Serna estudió en Filandia y Manizales y en Popayán recibió de la Universidad del Cauca el título de doctor en Derecho y Ciencias Sociales y Políticas. Más tarde se trasladó a Europa y Estados Unidos, donde hizo cursos de posgrado en Roma, París y Nueva York. Tras dos años de residencia en Armenia se radicó en Bogotá, el 30 de noviembre de 1948. Fue concejal de Morales (Cauca), Aranzazu y Filandia, diputado a la Asamblea del Antiguo Caldas y presidente de esa corporación”.
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El segundo filandeño que lo reseña es el abogado y escritor Helio Martínez Márquez, quien escribió lo siguiente en su libro Por los caminos del Tiempo (Papelería y Litografía Scrybe, Calarcá, 2009). Le dedicó un capítulo titulado “Homenaje a Jesús Rincón y Serna”, con motivo del fallecimiento del escritor en el mes de junio de 1990:
“Jesús Rincón y Serna fue un altísimo poeta y un verdadero humanista; hombre de severas y profundas investigaciones, sus coterráneos no lo conocemos profundamente. Si amén de sus investigaciones filosóficas, históricas y su sentida producción poética, no hubiera escrito sino La Bolivaríada, el más bello y completo canto a Bolívar, esto bastaría para consagrarlo como uno de los más grandes e inspirados poetas épicos de la literatura americana. Luis Vidales, Gonzalo Ríos Ocampo, Edgardo Ubaldo Genta y Luis Eduardo Nieto Caballero analizan y comentan La Bolivaríada con los más elogiosos y notables prolegómenos “.
El tercer filandeño, el ya fallecido ingeniero industrial y escritor Orlando Aguirre López, se refirió también a Rincón y Serna, replicando otra semblanza de Jaime Naranjo Orrego, en las siguientes líneas de su libro Filandia, entre el fuego y el hielo, impreso en Litografía Luz, Calarcá, año 1997:
“…Rincón y Serna fue conocedor del griego, el latín, el italiano, el portugués, el francés y el inglés. Fue miembro de la Sociedad Bolivariana y de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia y presidente de la Academia Hispanoamericana de Filosofía y Letras. Escribió para varios periódicos tales como El Liberal de Popayán, El Relator de Cali, El Tiempo, El Espectador y La República de Bogotá y La Patria de Manizales”.
En el libro titulado Obras escogidas (Editorial Linotipia Bolívar, Bogotá, 1976), los editores reunieron las siguientes:
– Los poetas griegos, ensayo de tipo humanístico.
– Periplo, crítica y crónica alrededor de los viajes realizados a España, París, Italia, Roma, Viena, Ámsterdam y Nueva York.
– El sueño de los búhos, drama.
– La última lámpara, novela.
– Palabras de amor, poesía lírica.
– El nuevo cantar, poesía mística.
– La Bolivaríada, epopeya.
En el comentario preliminar de La Bolivaríada, Jesús Rincón y Serna anota lo siguiente:
“Esta epopeya es mi testimonio de homenaje a Bolívar, Libertador y Padre; de condenación de la guerra y de todas las formas de violencia; de creencia en Dios; de fe en nuestra civilización que – aplicada a las artes de la paz – puede liberar al hombre de la angustia; de llamamiento a la unión universal; de excitación a la raza latina para que sea la abanderada de esta unión y cumpla así su destino social, y de convite a la familia española hacia el acrecentar de los vínculos fraternos”.
No solo es una prosa aquilatada y filosófica la que se refleja en sus obras. Rememoro que, en el hermoso discurso pronunciado en Filandia en 1987, insistió en que “nosotros, hombres y mujeres de esta y cualquier otra patria, podemos ascender desde la tiniebla de nuestro advenimiento a la vida hasta los más cimeros pináculos del saber, si llegamos a estar inmersos en el amor”. Dijo que el amor no es solo lo erótico sino el compendio de cien magnitudes excelsas y temáticas. Es decir, “excelsitudes que siquiera en parte pueden llegar a enriquecer y a sublimar a un hombre, a inmortalizarlo, y por él, a la patria”.
Por considerarlo de interés prosístico, me permito transcribir esas que él llama “Las cien magnitudes, excelsitudes y temáticas”:
“…Aprecio de los valores, solidaridad, bondad, ternura, compasión, estímulo, defensa, buena fe, estética, higiene, pulcritud, carácter, hermosura, dignidad, protección, perfección, alegría, decencia, armonía, liberalidad, homenaje, favor, saber, voz de aliento, pujanza, magnanimidad, confianza, dulzura, valía, iniciativa, inventiva, consejo, enseñanza, advertencia, verdad, indulgencia, sinceridad, heroicidad, perdón, abnegación, elogio, humildad, servicio, mansedumbre, manifestación, salud, veneración, admiración, paz, obediencia, conmiseración, alabanza, fortaleza, entusiasmo, inconformidad, libertad, curiosidad, fantasía, imaginación, opción, renuencia, reparación, felicitación, visita, razón, seguridad, autenticidad, veracidad, recuerdo, estimativa, sufrimiento, espontaneidad, participación, delectación, mérito, elegancia, buena intención, buen ejemplo, gratitud, claridad, caricia, saludo, voto, ayuda, confianza, confidencia, sencillez, beneficio, apoyo, obsequiosidad, gratitud, apreciación, buen ánimo, elocuencia, autoridad edificada en el saber y la bondad, buenas palabras, afecto, candor, atracción, sonrisa, tolerancia, ciencia, técnica, orgullo, adoración y plegaria”.
Sobre las “más de cien excelsitudes “acotó: “Cada una de esas expresiones de la cultura y el amor son ennoblecimiento de la vida y aún se puede decir que son el más puro objeto del vivir – para el que quiera – tema de obras excelsas “.
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Dos aspectos deben mencionarse sobre Rincón y Serna y el aprecio hacia su tierra natal. La composición del primer himno a Filandia, aunque el que hoy se entona en los actos públicos es el creado por el educador Santiago López Sánchez. Y la donación hecha al colegio Liceo Andino Santísima Trinidad de 371 libros y revistas especializadas.
La biblioteca del colegio Liceo Andino Santísima Trinidad lleva su nombre, la actual revista cultural El Faro lo adoptó también en sus comienzos de circulación editorial. Como tributo artístico, un mural pictórico con su rostro se plasmó en la pared principal de la Biblioteca Pública “Santiago López Sánchez” y al interior de la Casa de la Cultura “Roberto Toro Toro” se colgó, en la pared del primer piso, un óleo del pintor Roko Matjaksik.
En la celebración de los 70 años de publicación de La Bolivaríada, en el transcurso de 2023, Filandia debe agradecer al gran escritor Jesús Rincón y Serna por haber puesto al municipio en el sitial máximo de las letras y la poesía americanas.
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