En la última semana de enero de 2025, el mundo conmemoró el aniversario 80 de la liberación de prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz, tétrico lugar que recuerda a todos los habitantes del planeta lo que fue el holocausto nazi.
Entre tan fatídicas memorias, por el sacrificio de miles de seres humanos que pasaron por las torturas y muerte en las temibles cámaras de gas, lo que más impactó fueron los hechos que tienen que ver con la tragedia de los niños. Ello pone de presente a un personaje siniestro. Se llamaba Joseph Mengele, el temido oficial alemán de las S.S. que cometió los peores desafueros y procedimientos que un ser humano o, mejor, un monstruo, aplicara a los infantes en la cuarta década del siglo pasado.
Mengele se incorporó al ejército nazi después de graduarse como médico y fue en ese campo de tortura donde llevó a cabo miles de experimentos con gemelos idénticos, en busca de la indagación genética que le llevara -irónicamente- a encontrar un punto de mejoramiento de la fertilidad en el pueblo alemán. Las parejas de gemelos eran reclutadas entre los prisioneros que llegaban en los trenes, hacinados y asfixiados, tras largos días de viaje. Fueron mayoritariamente parejas de niños judíos los escogidos y eran separadas de sus padres para ser sometidas, por este carnicero de la muerte, a los más viles experimentos.
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Mengele huyó diez días antes de aquella fecha de enero de 1945, como lo hicieron otros asesinos y altos oficiales. Primero se camuflaron en Alemania y otros lugares de Europa, para después embarcarse -como fue el caso de Mengele- y refugiarse en países de Suramérica.
Fueron varios los nombres adoptados por el fugitivo, quien muy hábilmente se trasladaba a otros países de manera subrepticia, desde el primer destino al que arribó a América en 1949. Argentina fue esa nación escogida por el criminal, aunque se desplazó luego a Uruguay, Paraguay y Brasil, este su último lugar de residencia, donde murió ahogado en 1979.
Siempre fue un misterio su paradero y eso se debió a la argucia empleada en el desplazamiento, al desarrollo de sus astutos empleos u ocupaciones y a los sitios de residencia que estructuraba como escondites. Fue tan estratega el método de esconderse que siempre se expandió la noticia que vivía en otro país de Europa o Asia y que había fallecido en El Cairo.
Solo el valor de los investigadores y los cazanazis, años después de su fallecimiento, lo que permitió determinar que había sido encontrado su cadáver en una playa de la población brasileña de Bertioga y que fue sepultado allí bajo identidad falsa, a nombre de un austriaco llamado Wolfgang Gerhard, de 54 años.
Exhumados sus restos en 1985, y comprobada su verdadera identidad, fue como se conocieron los otros nombres que empleó en su travesía por los países donde se camufló y se hizo pasar como un europeo más. Entre varias identidades que empleó, en su huida y suplantación, están las de Fritz Ullmann, Helmut Gregor y hasta un nombre latino, el de Fausto Rindón.
La recordación más triste del paso de Mengele por este mundo se desarrolló en Auschwitz, lo que le valió el apodo del “ángel de la muerte”. Los terribles procedimientos aplicados en la humanidad de los niños gemelos han quedado evidenciados en las historias y testimonios de sobrevivientes. Y, también, en las acciones de una de ellas, la valerosa mujer llamada Eva Mozes Kor, muerta en el año 2019. No sin antes haber demostrado el acto más sublime del ser humano, el de perdonar a sus verdugos.

Eva y su hermana Miriam llegaron al campo de la muerte con sus padres y dos hermanas mayores, cuando tenían 10 años de edad. Al ser escogidas para los oprobiantes ensayos médicos del carnicero y torturador, fue para ellas la última vez que vieron el rostro de su madre quien, como otros ancianos, enfermos y niños, eran llevados a las cámaras de gas, lugares pavorosos adonde se dirigían en fila los prisioneros, con el argumento engañoso de darse una “ducha” para incorporarse a las actividades de trabajo en el campo de concentración. Al entrar masivamente a las inmensas construcciones, cerradas como bodegas, de los grifos de la parte superior no salía agua sino gas mortífero. Las dantescas escenas de cadáveres apilonados y las fosas malolientes, que se registran en las fotografías tomadas por los mismos asesinos, dan cuenta de ese espantoso holocausto.
Son patéticos los testimonios de Eva, los que relatan hechos que ella nunca olvidó. Pero que motivó se despertara en ella, ya adulta y viviendo en su hogar de tranquilidad, el que perdonara a los nazis. Algo difícil de comprender, pero que demuestra la capacidad del ser humano para manifestar tal acción ejemplificante. Por eso es importante -en Armenia (Quindío) donde resido- acudir cuando se pueda, a un recinto cultural llamado el Teatro Azul, para apreciar la presentación escénica de la obra teatral titulada “Homimum, perdón por ser”, protagonizada por una de las actrices, para dramatizar la vida y el testimonio de la pequeña Eva Kor, y enseñarnos el valor del perdón. De sus labios de dramaturgia salen las frases más impresionantes, que se quedaron en el historial de la humanidad sufrida. Y también supimos cómo la supervivencia de Eva, después de un brutal experimento, fue la clave para que se le perdonara la vida a Miriam, su hermana gemela. La foto de las niñas, entre las filas de prisioneros, es igualmente otro de los complementos visuales de la obra teatral, la que nos retrata la mayor infamia del siglo XX.
Miriam murió después de la liberación, en 1993, por las secuelas del sufrimiento y experimentos pseudocientíficos de Mengele. Pero quedó la presencia de su hermana Eva para que, hasta la fecha de su muerte, el mundo entero conociera los inenarrables detalles de la barbarie.
El juego de la muerte
No obstante, otros hechos de la carnicería humana se conocieron en los juicios que se adelantaron en Europa en los años 60, ante los tribunales, donde se escuchaban los más impresionantes horrores cometidos. Uno de esos testimonios lo manifestó el coronel holandés Antonius Franz Van Velsen, exprisionero del campo de concentración de Auschwitz, en la ciudad de Francfort. La siguiente es la transcripción de la noticia, que el diario El Espectador de Bogotá publicó en su página internacional, y bajo un titular increíble, el día martes 24 de marzo de 1964:
“LOS NIÑOS DE UN CAMPAMENTO NAZI JUGABAN AL”CAMINO DE LA MUERTE”:
“…El coronel declaró en los juicios a supuestos criminales de guerra que los niños condenados a morir tenían un juego llamado “camino de la cámara de la muerte”.
… Según dijo, los niños sabían lo que estaba pasando. “Bromeaban unos con otros”, diciendo “pasarás por la chimenea del crematorio”, cuando jugaban “a la cámara de gas”.
… Ante la Corte que juzga a 22 funcionarios del campo, acusados de dar muerte a un número de personas que fluctúa entre 2.500.000 y 4.000.000, Van Velsen testificó con voz entrecortada que el propio doctor Joseph Mengele, el médico que dirigía el campo, se unía a los niños en su juego de muerte.
…Casi gritando, Van Velsen dijo que Mengele, conocido por el “Ángel de la Muerte”, daba chocolates a los pequeños y cuidaba especialmente a dieciséis pares de mellizos que necesitaba para lo que llamaba experimentos. “Los niños decían: aquí viene el tío Mengele”, cuando lo veían llegar, sin saber a fondo quién era el individuo. Mengele ha desaparecido y se le busca en el mundo entero. “Cuando llegaba el momento de llevarlos a la cámara de gas, los niños corrían a donde estaba el médico y le rogaban: tío Mengele, no nos darán gas, ¿verdad?”, según declaró Van Velsen.
… Siguió revelando que el médico calmaba a los niños y luego los mandaba a las cámaras letales. “Los mellizos se dieron cuenta de lo que iba a ocurrirles, empezaron a gritar y Mengele tomó una pistola y los mató personalmente“, manifestó el marino…”
La noticia anterior, conocida y publicada hace 61 años, no dista mucho de la realidad actual, en cualquier lugar del mundo donde los niños son las víctimas de la debacle humana. Increible que el relato del exprisionero se presente como si se tratase de narrar el desarrollo de un simple juego de rayuela (lo que denominamos en el Eje Cafetero como la “golosa” o la “pata coja”) y que ello condujera a los inocentes infantes al juego de la muerte.

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