Saltar al contenido

La Batalla del Pienta

socialmedia@cronicadelquindio.com

sábado, 17 junio 2023

COMPARTIR LA NOTICIA:

Apuntes de los hechos ocurridos el 4 de agosto de en Charalá.

Tres días previos a la Batalla de Boyacá, el 4 de agosto de 1819, ocurrió en Charalá, Santander, un enfrentamiento entre campesinos y tropas españolas, que se conoce como la Batalla de Pienta. Más que una confrontación militar, fue una masacre perpetrada por los españoles contra la población civil.

Los habitantes de la provincia del Socorro, al enterarse de que Bolívar había pasado el páramo de Pisba, organizaron una guerrilla de aproximadamente mil hombres, provistos de caballos y armas rudimentarias, con el propósito de unirse y apoyar la lucha libertaria. El general español José María Barreiro, al darse cuenta de esta sublevación, desplazó la guarnición que tenía en Socorro a Charalá, donde ocasionaron una masacre contra la población civil.

El texto denominado: Peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada (1850-1851), de Manuel Ancizar, registra el relato de Ramón Santos, que por la época ejercía como alcalde de la Villa de Charalá; además, las versiones de Idelfonso Hurtado, Agustín Erillo, Nicolás Chacón y otros, coinciden con el primero, en el sentido que fue imposible que las fuerza que tomaron a Charalá el 4 de agosto de 1819, fueran los residuos del ejército de Barreiro, vencidos en Boyacá el siete de agosto del mismo año por las fuerzas patriotas que combatieron en aquel campo a la orden de Bolívar.  Indica el texto que los asesinatos y saqueos de Charalá habían sido anteriores a la derrota de Barreiro en Boyacá, lo que hacía imposible que la masacre referida fuera perpetrada por los vencidos en el puente de Boyacá, ya que la batalla sucedió tres días después.

Relata la historia que el general español Lucas González, gobernador de la provincia del Socorro, enterado de que las fuerzas del Libertador habían vencido a los españoles en los llanos de Casanare, emprende marcha con rumbo a Bogotá, en búsqueda de las fuerzas patriotas que quedaban por combatir en la provincia. González reunió un ejército de poco más o menos trescientos hombres y recorrió la provincia, hasta que recibió orden del virrey, para que marchara para Boyacá en auxilio de Barreiro.

 Entre tanto, el coronel Antonio Morales (luego general) había llegado a este pueblo, comisionado por el Libertador para formar y disciplinar cuerpos militares, que ayudaran a las expediciones patriotas. Estando situado en Oiba, el general español, González, en su marcha a Boyacá, supo de la llegada y parada que había hecho Morales en este pueblo. González y la fuerza que comandaba, asediadas y hostigadas por los pobladores, que se mostraban en contra de la dominación española, sin duda alguna, le motivaron y obligaron a abandonar el camino que llevaba para Boyacá, Eligiendo ir a combatir a Morales y pacificar a los habitantes de Charalá, la que sitió, ocupó y saqueó por tres días. Los soldados, como decía el dicho, no dejaron estaca en pared, destruyeron por completo el pueblo. Al mismo tiempo, decapitaron de 200 a 300 personas; violaron y asesinaron dentro de la iglesia a Helena Santos, hermana de Antonia Santos.

La fama de tan terrible y espantosa catástrofe originó desplazamiento, pobreza y atraso en Charalá, que, con sus riquezas y emprendedores habitantes, había sido uno de los pueblos más distinguidos de la Nueva Granada, y de los primeros de la provincia del Socorro.

Con curiosidad aluden los narradores, por qué Morales no intentó la defensa de Charalá y evitar la entrada de las fuerzas de González, y el resultado de las tristes consecuencias que le siguieron, y de los mismos informes se pone en conocimiento que no faltó patriotismo ni valor a los habitantes de aquella época, puesto que, más de dos mil hombres estaban dispuestos para hacer la defensa de su pueblo, aunque la verdad sin la pericia militar y mal armados, pero resuelto a morir defendiéndose, aunque fuera a piedra, palo o pescozones. 

Este sentimiento entusiasmaba a los vecinos, por cuanto estaban comandados por un jefe de confianza, como lo era el coronel Morales; pero a este, según se aseveraba, le faltó el valor y patriotismo; le faltó valor, porque se intimidó a la vista de las fuerzas de González, que a la verdad se componían de hombres disciplinados y armados. En cambio, los charaleños, una guerrilla numerosa, algo disciplinada en la milicia, aunque numerosa y resuelta, estaba mal armada; tenía cerca de cien fusiles, varias lanzas, palos y otros instrumentos que su entusiasmo le había hecho inventar, aparte de la fuerte e impugnable defensa de sus ríos y trincheras que habían  construido en los puntos de entrada y sus puentes, puntos que se habían podido defender con un pequeño número de hombres, como sucedió en 1841, en que la guardia que custodiaba el puente del río Pienta, rechazó y derrotó más de 100 hombres, por orden del cobierno y encabezados por José María Tavera, marchaban a combatir la guerrilla que dirigía el antiguo guerrillero Miguel Dulcei. 

Les faltó patriotismo, porque, decían, que prefirió huir, salvando a su pretendida y dejando en desamparo y sin salvación al pueblo y de haber sacrificado a los valientes combatientes, que sin orden ni auxilio de su jefe atacaban denodadamente, impidiendo el paso de las fuerzas de González, quienes fueron derrotados oprobiosamente. Tal fue la ferocidad de sus voraces enemigos, que se asegura que, en el mismo templo, fueron degolladas varias personas, entre otras, la bella y virtuosa joven Elena Santos, a quien después de su muerte estupro un soldado.

En fin, Charalá ha sido teatro no solamente de los desastres de la guerra de la Independencia, sino que también escenas de las posteriores guerras civiles. En la confrontación del año de 1840, Charalá se vio comprometida y muchos de sus hijos sostuvieron guerrillas contra la fuerza de los dominantes del país, a costa de los pudientes y de los sacrificios de los pobres, que expusieron sus vidas valerosamente, antes que consentir que una nueva tiranía los dominara; pero, al fin, perdida toda esperanza y recurso, le pareció prudente al cabecilla Miguel Dulcei hacer una honrosa retirada y disolver su gente, habiendo recibido del general Mosquera algún auxilio y garantía de preservar su vida. Así terminó una lucha de partidos, que acabó de arruinar a este pueblo.

Fuente: Peregrinación de ALPHA, (M. Ancizar). Por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850 y 51. Catalogación. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1853.


junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930