Obras exhibidas en la Sala de Exposición Antonio Valencia Mejía de Circasia.
En el marco de las fiestas aniversarias de Circasia, municipio que acaba de cumplir 140 años de fundación, el mejor regalo que se les hizo a sus habitantes es la apertura formal de la colección artística de uno de los más grandes pintores del departamento del Quindío, cuyo nombre, a su vez, lleva la dependencia cultural de dicha localidad.
En las instalaciones de la Casa de la Cultura, el sábado 10 de agosto de 2024, gracias al gesto noble de los integrantes de su familia, se hizo entrega de las magnas obras pintadas al óleo al recinto, conformando así la Sala de Exposición Antonio Valencia Mejía, para el disfrute de locales y visitantes.
El maestro Antonio Valencia Mejía, a quien se debe llamar con honores “el pintor de la Quindianidad”, en razón a la realización de los dos murales más representativos de la historia del departamento, nació el 26 de octubre de 1923 en el municipio de Circasia, en el hogar conformado por Alejandro Valencia y María Jesús Mejía.
En el Centro Urbano de Varones hizo los primeros años de escolaridad. En el Colegio Municipal de Varones cursó los grados primero y segundo de bachillerato. El Concejo de Circasia, el 22 de enero de 1943, le otorgó una beca. En la Escuela de Bellas Artes de Bogotá recibió el título de Profesor de Dibujo y Pintor Especializado.
Es muy prolífico su historial artístico, al punto de ubicarlo entre los artistas colombianos que más se han destacado a nivel internacional. No obstante, es todavía desconocido en su tierra, aunque en las últimas décadas los esfuerzos de otros gestores culturales y algunos miembros de su familia —en especial de su hijo Alejandro Valencia Tejada y su nieto Sebastián Valencia, ambos artistas— han tratado de mantener su legado y el sitial que se merece en los planos regionales. Por eso, se espera que, con la apertura de la sala permanente, crezca el mérito de tan afamado cultor y que cada circasiano se sienta orgulloso de ello.
Solo basta mirar el amplio bagaje de su trayectoria para comprender la grandeza artística de un quindiano universal, quien, después de destacarse en varios países del mundo, regresó a su terruño en los últimos años de su existencia, para morir el 18 de septiembre de 1998.
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Las siguientes son apenas unas menciones de su inicio artístico:
– En 1946, fundó la revista “PLÁSTICA”, la primera publicación dedicada a la defensa y difusión del arte moderno, ilustrada por el también artista Hernando Tejada.
– En 1947, organizó en Bogotá el Primer Salón de Arte Moderno en Colombia.
– En 1948, participó como primer pintor colombiano en la Bienal de Venecia.
– En 1949, culminó estudios de Bellas Artes en la Universidad Nacional.
– En 1950, se estableció con su esposa, la famosa pintora Lucy Tejada (también conocida como “la artista contemporánea de la ternura”), en el departamento de La Guajira. De esa unión nacieron sus hijos Claudia y Alejandro.
Se recuerda que fue uno de los pocos quindianos que se pudo dar el lujo de ser amigo personal de Gabriel García Márquez. En el Quindío, se ubicó entre los grandes, como lo atestigua una fotografía en la que aparece con los poetas Luis Vidales y Jairo Baena Quintero.
En la nueva Sala, los cuadros —y especialmente los retratos— evocan el tributo a sus padres y familiares. Recogen la tradición de muchos otros cuadros de Antonio Valencia Mejía —que se exhiben en colecciones particulares— pues muestran los rostros de sus amigos y conocidos.
Otra obra donde el maestro Valencia plasmó la figura humana es en el mural “La Epopeya del Quindío”, el más grande, que dejó monumentalmente en el amplio vestíbulo de entrada de la Gobernación del Quindío. Allí están plasmadas, en plano mayor, las personalidades de la quindianidad histórica, que aparecen de cuerpo completo, incluyendo a los hombres y mujeres del pasado prehispánico, a Jesús María Ocampo (“el tigrero”, fundador de Armenia) y a “Repollito” (el personaje popular), pues consideraba que todos ellos debían permanecer en la gratitud de los quindianos por los aportes que hicieron al inicio fundacional de pueblos, a la literatura, al arte, al civismo, al clero y a la empresa que le dio el motor al comercio. Se completa la magnitud artística de Valencia Mejía con sus autorretratos, también presentes en colecciones particulares y en el gran mural del Palacio Departamental.
Los retratos de sus familiares y un boceto de “La Epopeya del Quindío” harán parte de la Sala Antonio Valencia Mejía de Circasia, conformando así un espacio que rinde homenaje a los pintores y escultores del departamento. Ya lo tienen Quimbaya con su Sala Duván López y Filandia con la Sala Olga de Chica.
Tal ejemplo debe ser replicado en las otras municipalidades, pues son y serán sus artistas quienes se constituyen en el gesto amable de la plástica para el turismo histórico y cultural.
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