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Valorar el bahareque promoviendo su apreciación como parte invaluable del patrimonio cultural.

Cumpliéndose trece años de la inscripción del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCCC) en la Lista de Patrimonio Mundial Unesco, sigue siendo desalentador el panorama, en cuanto a la permanencia de los conjuntos de casas históricas y tradicionales en los municipios de la región. Ese patrimonio arquitectónico es el más afectado.

"La desaparición, en los últimos diez años (2011 – 2021) de las casa de bahareque, o su refacción indebida, no tiene justificación alguna. El caso más grave corresponde al municipio de Montenegro. Perteneciente esta localidad, en su parte urbana, al área principal del PCCC, nadie explica cómo sus construcciones de bahareque sucumbieron en la última década".

La anterior cita corresponde al informe presentado a la Secretaría Departamental de Cultura del Quindío, como parte de la indagación documental realizada en el año 2021, dentro del Programa Departamental de Estímulos (Beca de Investigación en Patrimonio). Documento que dio cuenta del balance de los 10 años cumplidos en ese departamento, con relación a los avances y retrocesos de las acciones tendientes a preservar los bienes y valores patrimoniales de los 12 municipios. La cita, correspondiente al Patrimonio Arquitectónico, refleja la realidad que aún se vive (en el año 2024) en todas las poblaciones, pues los rasgos patrimoniales del bahareque desaparecen ante los ojos de todos, incluyendo las autoridades municipales, que deberían tomar medidas de protección.

No solo desaparecen las casas de la representatividad histórica de la colonización sino que, con esa pérdida irreparable, se van los detalles arquitectónicos, aquellos testimonios de madera tallada que, encontrándose ellos en sus fachadas, en los cielorrasos de las casonas o en las puertas exteriores e internas( especialmente en el comedor), fueron ellos los más bellos exponentes de la creatividad de los ebanistas, carpinteros, albañiles y muchos personajes populares que intervinieron en la construcción y decoración de las viviendas. Las que históricamente han tenido un uso familiar como residencia, o las que se destinaron como colegios, escuelas y otros establecimientos oficiales.

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Los dinteles, aquellos espacios superiores horizontales de las puertas, son también los elementos decorados que los artífices de antaño decoraron con mucho empeño. Generalmente son de madera o corresponden a las adiciones plasmadas en otros materiales, siempre sobre las puertas. En los recorridos que hacen turistas y visitantes a los municipios del Eje Cafetero, los más avezados y curiosos pueden apreciar una gama de detalles hermosos en esos dinteles, que reflejan la inventiva, la diversidad de diseños y el gusto de la ornamentación de los primeros pobladores. Son figuras geométricas, arabescos y otras figuraciones que reflejan los más significativos momentos de aquella vida tranquila de los primeros años del siglo XX.  

Los dinteles decorados también hacen parte de la iconografía de los tiempos idos. En su figuración están presentes los símbolos del transcurrir de la vida cotidiana. Y no solo presentan la evidencia de nuestras escenas de antaño de la región donde el bahareque marcó un hito en el protagonismo de la construcción que se convirtió en componente identitario. Los dinteles, como aditivos arquitectónicos, se entroncan en los procesos históricos de todos los países. Se recuerdan, por ejemplo – y solo para citar cuatro casos – los siguientes:

 – Las lajas superiores de los monumentos megalíticos, dentro de los cuales el más famoso y conocido es Stonehenge.
 – El de la puerta de la Basílica de San Pedro en Roma, que presenta una conocida leyenda en latín. Al leerse traduce la bíblica expresión de "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia".
 – El histórico y legendario dintel de la puerta de Ishtar en Babilonia. Estaba decorado con relieves de leones, dragones y toros.
 – El dintel de la puerta de Brandeburgo en Berlín.

Los dinteles del Eje Cafetero no se han apreciado y leído con el rigor que exige la relevancia que su simbolismo denota. Porque tampoco sus puertas – y las casas donde ellas estaban – fueron tenidas en cuenta en la dinámica de los recorridos de patrimonio cultural que requieren todos los municipios. Ellos son necesarios para que, por fin, los habitantes se apropien de un legado del ancestros, que todos los días se destruye. Al ritmo que vamos, las casas de bahareque se irán al olvido y con él sus detalles ornamentales tampoco quedarán registrados en la memoria gráfica.

Solo unos escasos intentos de salvamento de aquellos testimonios nos muestran la urgencia de rescatar los demás componentes de la arquitectura doméstica. Entre ellos están los también muy reducidos inventarios de los municipios del Quindío, ante los más específicos y detallados que han logrado Caldas y Risaralda. Y también se tiene el calco de los diseños de andenes grabados que la artista Elena Vargas Tisnés realizó en 1997, con su excelente proyecto artístico llamado "Anden y recuerden", mediante el cual se puede apreciar la veta imaginativa de los constructores de las casas de bahareque a principios del siglo XX.

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Pero, como ocurre con el registro gráfico de otras minucias y preciosidades arquitectónicas (como los cielorrasos y las tallas de los dinteles), los andenes se destruyen aún sin contemplación y sus mensajes iconográficos también se esfuman. Mientras tanto, irónicamente, las láminas artísticas (serigrafías) que la diligente Elena Vargas entregó a las Casas de la Cultura de los pueblos del Quindío, duermen el sueño de los justos, porque tampoco se difunden en los talleres educativos. Y donde aquellos dibujos, que estaban plasmados en las aceras de las calles, podrían tomar vida, otra vez, para testimoniar el pasado gráfico del departamento.

Las tallas de los escasos dinteles de los pueblos del Eje Cafetero están todavía allí, en esas puertas por donde entraron y salieron nuestros abuelos y donde ellos plasmaron la gráfica de su realidad. La que hoy podríamos leer en interpretación histórica y patrimonial.

Los dinteles más bellos, los de Salamina. Los más gráficos de la geométrica mental, los de Filandia. Los del arco iris, en Pijao. Los más sencillos, los de Salento. Los más clásicos, en los pueblos de la gesta antioqueña que llegó al Eje Cafetero en lides de colonización. Y los que nos cuentan historias de personajes y vivencias, dentro de sus singularidades.

Conozcamos algunas historias breves sobre ellos, a continuación:

Salamina y la gloria de un ebanista famoso

Parece ser que el arte de la hermosa talla y figuración de los dinteles de la región se hubiera irradiado desde Salamina, el pueblo Patrimonio de Caldas. Allí, don Eliseo Tangarife vivió y creó las preciosidades de la ebanistería artística. Era un sencillo personaje, llamado por sus biógrafos el inspirador del "barroco salamineño". Mientras el escritor Fernando Macías lo nombró en su libro con un calificativo especial (“Eliseo Tangarife, el Miguel Ángel de la cordillera", Hoyos Editores, Manizales. Agosto de 2021). De Tangarife recibimos una herencia ornamental en calados de las puertas de comedor y en la riqueza de los dinteles, como lo evidencian las llamadas puertas "tangarifas", la elegancia a la máxima expresión en sus diseños, todos preciosos.

Filandia y sus detalles geométricos

En este municipio turístico, todo indica que se creó un estilo particular en la presentación de sus diseños de dinteles. Pudo influir en ello el ebanista Arcadio Arias, quien fue conocido y discípulo de otro artista de la madera, don Álvaro Carvajal hijo. El único dintel que sobrevive a esta creación, que muestra cintas entrelazadas, está en riesgo de perderse. Se encuentra sobre las ventanas auténticas de Filandia, también creadas por Arcadio, quien es recordado por su espíritu cívico. Dos más, sin embargo, muestran otra tendencia, lo geométrico. Pues la figura del rombo aparece en ellos. Se testimonian en el comedor de la casa López (ya desaparecida) y en la casa de "la cometa de Chun", la hermosa vivienda que conserva el color verde original, pero que está en riesgo de refacción indebida. Y un tercer y singular dintel es el más añorado. Lo tuvo la casa de don Pablo Aguirre. No era grabado en madera, pero su disposición en cemento, sobre la humilde puerta, motivó que fuera uno de los más fotografiados, antes de su absurda demolición.

El águila de la casa Hoyos

Al comienzo de la "calle del tiempo detenido”, el tronco principal de la familia Hoyos López tenía su casita de una sola planta. La figura en talla de su dintel, un águila con sus alas desplegadas. El empuje del turismo transformó la vivienda y hoy, en ese sitio, se levanta la casa turística más alta de Filandia, el Mirador Don Quijote. Lo interesante de esta historia es que la pequeña talla zoomorfa de su dintel fue recolocada en la nueva y soberbia construcción, para recordar a sus ancestros. El águila retornó a su sitial y corrió mejor suerte. La que no tuvieron otros diseños de dintel de casas patrimoniales del pueblo, que ya ingresaron a la fatídica lista de su desaparición.

La bella y simple ornamentación de Salento

No obstante haber llegado la influencia de las puertas "tangarifas" a otros municipios (como ocurrió en Calarcá, Salento y Filandia, entre otros), la mayoría de los dinteles de Salento son sencillos y bellos. Pues podrían ser la inventiva de un municipio plácido de montaña, donde la tranquilidad de sus estancias fue la constante, antes de entrar en boga el turismo que ahora lo invade. Las puertas modestas, con sus dinteles sencillos, contrastan, sin embargo con los de la plaza principal, donde la impronta de Eliseo Tangarife aparece en tres portones históricos.

Los arcos singulares de Pijao

Llama poderosamente la atención la evidencia del arco con varas metálicas, que se dispone en iridiscencia, para muchos de los dinteles de las casas de este municipio cordillerano del Quindío. Pareciera que esta ornamentación para el dintel se gestara en la misma dirección que tuvo la instauración del monumento que se encuentra en la entrada principal del pueblo. O sea, el arco de cemento que recibe a los foráneos, y que se convirtió en otro símbolo, igual que las garzas blancas que se posan en los árboles del casco urbano.

Ya que la migración de la tendencia arquitectónica es evidente – tal cual ocurre con el arte salamineño del ebanista Eliseo Tangarife – el arco propio de Pijao se ha encontrado en dinteles de dos municipios más, Circasia y Filandia. En este último, el arco dintel se encuentra, escondido, en una de las dos puertas principales de la casa del antiguo Teatro Peláez. Mientras que la segunda puerta, muy fotografiada, es la "tangarifa" más bella y colorida de Filandia.

La bella curvatura arquitectónica de Circasia

Como pasó en otros pueblos fundados por antioqueños, las figuraciones de la rasa arquitectura de las viviendas también llegaron y se plasmaron en puertas principales y en las de comedor. Esos diseños nos recuerdan los propios de los actuales pueblos de Antioquia. Pero en Circasia tres dinteles llamaron la atención. Dos de ellos desaparecieron con sus casas. Solo quedaron las fotos de su singular curvatura. El tercero es un calado que se encuentra en la parte superior de la puerta principal, frente a la Casa de la Cultura.

Lo relevante de Circasia es que la Fundación Guaicamarintia ha comenzado un trabajo investigativo, tendiente a rescatar las historias, significaciones y singularidades del bahareque, a través de la puesta en valor de las formas artesanales. Como las evidencian los dinteles, en la mayoría de casos. La tarea de pesquisa de la Fundación Guaicamarintia se condensa en el título de su proyecto, "Nuestra herencia artesanal en la arquitectura del bahareque".

Será un rescate de conocimientos que sensibilicen la apreciación patrimonial del material despreciado, el bahareque.
 


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