En el Quindío, el paso del tiempo ha relegado al olvido las construcciones de bahareque. De su belleza solo quedan imágenes y breves reseñas históricas.
El tiempo pasa inexorable en los municipios del Quindío. Y con él llega un sentimiento de olvido, sobre todo hacia las construcciones antiguas, las de bahareque. De su imponencia y hermosura solo quedan fotografías. Y, de pronto, alguna reseña de un inquieto investigador o de una acuciosa estudiante.
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Cuando me desempeñaba como docente en las universidades, recorría la ciudad capital y los once pueblos restantes del Quindío, lo hacía con los alumnos, para fotografiar y reseñar los monumentos del espacio público, las construcciones simbólicas y los sitios de encuentro que marcaban la cotidianidad, como son los parques, cafés tradicionales y museos.
Mi gratificación a la labor docente se traducía con los informes que se presentaban después de cada recorrido, los cuales yo leía con mucho cuidado. Eran, en esencia, diarios de campo que mostraban un interés estudiantil por conocer la región. Alguna vez una alumna me expresó su impresión, eran para ella verdaderas “cátedras callejeras”.
Además de despertar su sentido de observación, estimulaba la imaginación y afloraba el interés por conocer el desarrollo histórico de los lugares que transitaban regularmente.
Recibí una reseña interesante. Me la entregó Catalina Muñoz Mejía, luego de haber observado tres casas centenarias que se encontraban sobre la Avenida Bolívar. De ellas solo se conserva una en la actualidad, la que en algún momento fue sede de una denominación religiosa.
Las otras dos serán recordadas por los abuelos y las familias tradicionales de la ciudad, pues sucumbieron al progreso que invade los diferentes sectores de la ciudad. Se trataban de la casa de los Uribe y la casa del Cedazo. Era esta última,
según la revista titulada “ARMENIA LA CIUDAD MILAGRO”, publicada en el año 1984 por el Concejo Municipal de Armenia, la estancia rural “más antigua de la ciudad”. Se anotaba, en el pie de foto de dicha publicación, que había sido “construida en 1903 en el camino que conducía a
Circasia, hoy Avenida Bolívar, y aún conserva la misma estructura y aspecto original”.
Hasta octubre de 2010, cuando la casa del Cedazo fue absurdamente demolida, junto con la casa quinta de los Uribe, ella hacia parte de la memoria histórica de la ciudad y de las casas que se encontraban al borde de los caminos rurales.
Un oficio que envié, el 20 de octubre de 2010, a la señora alcaldesa de la ciudad, Ana María Arango Álvarez, fue mi manifestación de pesar ante las demoliciones que habían ocurrido recientemente. Quienes apreciamos el patrimonio arquitectónico del bahareque solíamos presentar dichos memoriales a las instituciones encargadas del cuidado de las casas centenarias. Esperábamos una respuesta, en medio de la impotencia por la desaparición de las viviendas simbólicas de Armenia y del resto del departamento. Pues, en Armenia, además de la casa del Cedazo, habían destruido la casa de los Aristizábal en el Parque de los Aborígenes y La Mariela, en el sector de Regivit.
Así anoté en el segundo párrafo de dicha carta:
“Hace tres días se fueron al suelo otros dos referentes históricos que estaban sobre la avenida Bolívar, la casa del Cedazo y la casa quinta de los Uribe. Qué explicaciones se dan frente a tan absurda acción? Supongo que serán respuestas tomadas del mismo cliché: “la administración municipal nada pudo ni puede hacer, porque estas construcciones no eran patrimonio cultural arquitectónico declarado”. Pero no pido explicaciones ni espero respuestas legales. Solo quiero consignar por escrito mi desazón ante lo que está ocurriendo en esta ciudad, frente a la memoria arquitectónica. No hay ningún sentido de apropiación social frente a sus construcciones tradicionales, lo que hará desaparecer dentro de escasos años lo poco que queda”.
No valieron, desde ese momento y hasta junio de 2011, otras cartas que se enviaron a la administración municipal de Armenia, en el sentido de conservar las edificaciones patrimoniales del centro histórico. Ellas fueron desapareciendo, en tanto que otras eran refaccionadas pésimamente. El 25 de junio de 2011 la UNESCO incluyó,en la Lista de Patrimonio de la Humanidad, al Paisaje Cultural Cafetero Colombiano (PCCC).Y tampoco esta acción generó una política pública frente a la conservación del Patrimonio Arquitectónico.
Por eso es importante destacar las sencilla reseñas estudiantiles que, en su momento, se preocuparon por conocer las historias de dichas casas. A continuación me permito transcribir la reseña de Catalina, hoy psicóloga en ejercicio. Fue entregada en el año 2007, cuando cursaba ella el segundo semestre de la carrera de Psicología en la universidad de San Buenaventura Medellín sede Armenia:
LA CASA DEL CEDAZO.
Es una casa típica con una antigüedad de más de 120 años. Está ubicada en la Avenida Bolívar número 8 Norte – 04,diagonal al supermercado Olímpica. Es una de las casas fundadoras en el municipio de Armenia. Dicen que puede ser la segunda o tercera casa más antigua. Está hecha de bahareque, un sistema estructural de muros que se basa en la fabricación de paredes construidas con un esqueleto de guadua y madera, cubierto con un revoque de estiércol de caballo (boñiga),aplicado sobre malla de alambre,clavada en esterilla de guadua y que a su vez se adhiere sobre el esqueleto del muro; estas construcciones de bahareque se usaron durante el proceso de la “colonización antioqueña” como vigas para los entrepisos y soportes de los techos en el Viejo Caldas…
… La arquitectura antioqueña de esta casa habla de una tradición artesanal (los cedazos), de un pasadizo que conducía desde la calle a un patio,al que se abrían tres o cuatro habitaciones, las cuales se intercomunicaban por medio de puertas.Dicen que fueron construidas así por la época de la violencia, pero las habitaciones tuvieron que ser derribadas porque el terremoto dejó gran parte de la casa deteriorada. El marco de la casa está soportado sobre piedras, no tiene cimentación alguna, el piso es hecho de madera y gran parte en baldosa.El techo está construido de tejas de barro, las ventanas son hechas en cedro de color amarillo con azul y blanco. Las puertas de la casa no han sido cambiadas, son las originales, al igual que los barrotes y marcos. Algunas de las columnas han tenido que ser reemplazadas por el desgaste que le ha causado el tiempo; el frente de la casa es el más antiguo, hecho con barandas, barrotes y columnas.Su diseño exterior tiene en la pared un zócalo y su borde es de color amarillo con el centro azul…
… En la parte de atrás de la casa se encuentra un patio grande y se puede observar una casa más pequeña, la cual tiene una salida a la calle a través de un pasadizo muy largo. También se puede apreciar algo muy curioso, una base de piedra, de gran antigüedad, donde las tías del dueño pilaban el maíz para la elaboración de las arepas…
…Ha tenido remodelaciones por las personas que han alquilado esta casa, para acondicionarla como restaurantes. Esos destinos han sido los negocios “Quieta Margarita”, “La Casona”, “El Iracal”, “Los Cuernos del Toro”.Y actualmente uno llamado “Leñasanta”…
…De esta forma puedo concluir que la vivienda se encuentra en muy buen estado, pero observé que se ha perdido la esencia de la casa, por las modificaciones que han introducido cada uno de los propietarios, en cuanto a su color y su función, que anteriormente era vivienda. Ahora se le ha dado variedad de usos, como restaurante, discoteca y bar.”
Es interesante apreciar cómo una estudiante de una carrera diferente a la del programa de Arquitectura (hoy ella es psicóloga graduada) se interesa por las manifestaciones culturales de los tiempos antiguos.
Ojalá las instituciones universitarias de Armenia, a través de sus docentes reactiven los recorridos patrimoniales por la ciudad. Para que se despierten los aprecios de muchos estudiantes, quienes desconocen la historia de su lugar de residencia.
La casa del Cedazo resistió tres años, más a partir de esta reseña elaborada por Catalina. Pues pudo más el interés de un avance de infraestructura turística, hasta después del año 2010, cuando el norte de Armenia se transformó notablemente con uno de los edificios hoteleros más altos de la ciudad.
Un año después del terremoto había sido sede de una de las oficinas de Artesanías de Colombia en la ciudad.
En el lugar donde antes había permanecido la casa más vistosa de la avenida Bolívar, en la que sus antiguos habitantes vendían cedazos y contaba con entrada de caballeriza, hoy el panorama es de total transformación para la Ciudad Milagro. Olvidamos, además, que era una de las más hermosas casas camineras de la vía veredal que conducía al sector de Regivit.
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