Tras un bochornoso suceso: la disputa callejera entre jugadores del elenco milagroso e hinchas surge una pregunta, ¿soluciona algo esto? El verdadero problema del club no son sus futbolistas de nivel bajo, sino la forma en que es manejada la institución.
Un jugador del Deportes Quindío se transa en una pelea callejera, en plena vía pública, parando el tráfico, con un hincha del equipo, lo que convierte al club en comidilla a nivel nacional, confirmando una premisa, el equipo del departamento no es noticia por lo que debería ser, el ítem deportivo, lo es por situaciones ajenas a lo futbolístico. Y surge una pregunta: ¿un intercambio de golpes soluciona algo? Absolutamente nada.
La institución, en un comunicado sin firmar, culpó a los aaficionados; y con tono conciliador, reitera que sabe por qué la afición está cansada, “por los malos resultados deportivos”, pero su respuesta se queda en eso, en nada, y vuelve y comienza otra campaña, que en este caso pinta para lo mismo.

No se han anunciado refuerzos de peso a nivel Colombia, no se despidió a un técnico al que se le olvidó ganar, no hay cambios sustanciales, simplemente habrá más de lo mismo. De allí que quede claro que la pelea de los hinchas y de las fuerzas vivas del departamento no debe ser en contra de unos jugadores que acaban de salir de una práctica, va más allá: debe ser en contra del sistema administrativo del D. Quindío y en contra del mal manejo que le da al equipo el empresario Hernando Ángel, que, aunque es el directo responsable, no se ha pronunciado al respecto.
El actual proyecto no es construido basado en la deportividad; lo que ha primado desde la llegada del vallecaucano al club, en 2001,
ha sido el aspecto económico, las ganancias que esta institución, gane o pierda, genera por derechos de televisión, el mismo monto de elencos como el actual campeón de la A, Millonarios, dado que tienen algo en común, son miembros fundadores de la Dimayor. A esto se suma lo facturado por la venta de jugadores, que no han sido pocos.
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Esa forma de pensar debe ser la enemiga, la que debe ser erradicada; no unos jugadores, tal vez limitados en técnica, de escasas condiciones, con más ganas que talento, que, ¿quién puede pensar en ello?, a fuerza de golpes no van a mejorar su producción en el campo de juego.
Se equivocan los hinchas a pedirles a gritos y puños que mejoren, que se enamoren de una camiseta; pues los que realmente deben hacerlo, con el debido respeto, son las cabezas del club, siempre y cuando sea ese el objetivo que se han planteado, pero, al parecer, no lo es.
Mallugado, el jugador volvió a las prácticas, y magullado, el aficionado volverá en pocos días a las tribunas del estadio Centenario, pues la ridícula pelea no condujo a nada; y más que comunicados que no van a la raíz del asunto, el equipo necesita ser reforzado, pues se acercan las batallas de 11 hombres contra 11, y seguro que ganarán los mejores.
Dentro de 15 días, el martes 25 de julio, a partir de las 7:30 p. m., el Quindío iniciará su presencia en el Torneo Finalización de la Primera B. El juego será en el ‘Jardín de América’ ante Bogotá. Si para ese día el onceno no tiene otra cara, con jugadores de peso; salvo un milagro, su suerte estará marcada y Ángel lo habrá condenado a que siga deambulando por el campeonato de ascenso, cansado por llevar una enorme carga, la de sus ya lejanas glorias del pasado.
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