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Primera entrega de un reportaje de datos que pone bajo la lupa la administración de Hernando Ángel Montaño. Cifras financieras 2014-2023 al alza frente a un presente deportivo en caída libre y una hinchada desencantada. 

Deportes Quindío lleva casi 12 años en la segunda división hundido en una rutina de derrotas y desilusiones, pero sus finanzas marchan como si fuera uno de los grandes del país. Mientras equipos como Nacional, América, Millonarios o Junior invierten para pelear por títulos, el club de Armenia recibe año tras año los mismos giros de la Dimayor sin moverse de la B, sin competir en serio, sin ofrecerle nada a su gente. El contraste es brutal: un modelo económico aceitado, que factura como si fuera un equipo de primera, mientras en la cancha se arrastra, sin gloria, sin pena.

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Rentabilidad sin gloria, el modelo financiero de Hernando Ángel

En la frialdad de los números, el modelo de Hernando Ángel Montaño es impecable. Desde 2014, el equipo cafetero ha percibido cerca de 90 mil millones de pesos. Sin embargo, y casi 12 años después, el equipo sigue sumido en la B.

Según los reportes financieros del equipo, del 2014 al 2023, de esos casi 90 mil millones quedó, descontando todos los gastos operacionales y no operacionales, una utilidad neta de $9.970.653.000. Para algunos, casi 10 mil millones de pesos de ganancias en una década es muy poco para un equipo profesional, pero ante este panorama hay que contar otras cosas.

Desde que el club se convirtió en sociedad anónima, en 2013, la ecuación es clara: ingresos constantes y una inversión mínima. Ese mismo año, con el descenso a la B, el equipo intensificó su modelo de negocio: transacciones de jugadores, derechos de televisión y aportes de Dimayor.
Y es que la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol, en estos 10 años, le giraron al Quindío, por concepto de televisión, apoyos y otros, un poco más de $47 mil millones –casi 12 millones de dólares–, es decir, más del 50 % de sus ingresos. Solo por derechos de TV, Quindío recibe el mismo dinero que Junior, Nacional, América, Millonarios, Cali, Santa Fe y todos los que son considerados clase A (tradicionales), sin importar si juegan en la Liga (A) o en el Torneo (B).

Por concepto de transacciones de jugadores -ventas o préstamos-, el club sumó ingresos superiores a los $34 mil millones –algo más de 8 millones de dólares–.

Los números no mienten y estos dos rubros suman casi $82 mil millones, lo que representa el 91 % del monto total de ingresos del club, que factura cifras millonarias sin tener que moverse y preocuparse mucho por otros aspectos como patrocinios, taquilla, mercadeo y demás, temas que sí trabajan con rigor los equipos serios.

El panorama muestra que en 2014, Quindío registró ingresos por $5.716 millones y una utilidad neta de $795 millones. Al año siguiente, los ingresos llegaron a $5.472 millones, con una utilidad superior a $1.685 millones. Este es un patrón de eficiencia financiera, pero con cero impacto en la cancha. Es más, en 2016, la venta de Jaine Steven Barreiro al Atlas por más de $5.000 millones puso al club en una posición de privilegio financiero, pero en el torneo de ascenso solo le alcanzó para el sexto puesto.

“El modelo financiero del Quindío es estable porque no hay interés en obtener un resultado como el ascenso. Para Ángel, si se gana, bien, y si se pierde, también. No es un objetivo el ascenso, el objetivo es la venta de jugadores y recibir el dinero de Dimayor”, explica Luis Fernando Patiño, periodista deportivo que ha cubierto por décadas el actuar del equipo.

¿Pérdidas?

Aunque los reportes de la Superintendencia de Sociedades son oficiales, en realidad el paso del tiempo parece no alterar demasiado el curso del negocio. En 2017, los ingresos sumaron algo más de $8.961 millones, pero los gastos superaron los $9.500 millones, lo que dejó al equipo por primera vez en cinco vigencias con pérdidas: $626 millones.

En 2018, el club reportó ingresos por $10.155 millones, pero las pérdidas se dispararon a $3.578 millones debido a gastos superiores a los $13.700 millones. La explicación oficial está en la nota de ‘Provisiones’: allí se cargaron unos $3.900 millones por la Acción Popular que aún no se resuelve. Es más, ese dinero –siete años después– no ha salido de caja, pero contablemente infló los gastos y hundió el resultado de ese año. Sin esa provisión –más otras como el pleito por deudas antiguas con jugadores y multas con la DIAN–, la operación 2018 habría sido prácticamente neutra, un dato que siembra dudas.
¿Simplemente dos años malos para las finanzas del Quindío y de su dueño, Hernando Ángel? Aquí hay algo que no deja dormir en paz.

Resulta que en estas vigencias de pérdidas hay unos rubros en los reportes que no dan mucha información para saber la destinación y uso real de dineros. Por ejemplo, cuatro ítems: Contribuciones y Afiliaciones, Amortizaciones, Diversos y provisiones.

En 2017 se reportaron pérdidas por casi $626 millones, pero se informaron gastos en estos cuatro criterios por la suma de $3.100 millones, sin especificar al detalle la destinación de dicho monto.

Y en el 2018, en el que los estados financieros reportaron una utilidad negativa de $3.578 millones, los gastos en esos cuatro criterios ascendieron a $8.600 millones; sí, $8.600 millones.

Lo que es aún más intrigante: en esos criterios que no presentan muchos detalles, especialmente en el denominado Contribuciones y afiliaciones, podrían estar los giros que el Deportes Quindío le realiza a Boca Juniors, el otro equipo de Hernando Ángel, como se desprende de la misma información contenida en los estados financieros.

De 2019 a 2023 la montaña rusa continuó. El ejercicio 2019 arrojó utilidades por $1.267 millones; en 2020 –año de pandemia– la caída fue de unos $1.609 millones; 2021 cerró con una pérdida moderada de $147 millones, pero el 2022 apareció con ganancias de $3.775 millones. El pico llegó en 2023: $4.807 millones de utilidad y la certeza de que, aunque el ascenso seguía lejos, el negocio permanecía sano para los bolsillos.
Tan cierto es que las directivas reportaron pérdidas en cuatro de los diez años, que sumaron cerca de $6.000 millones, como que en esta década los reportes de gastos en esos cuatro criterios pocos específicos (Contribuciones y Afiliaciones, Amortizaciones, Diversos y provisiones) sumaron $23.487 millones. ¡Una salvajada!

Y también es cierto que en el estado financiero del 2015 hay una novedad en el reporte de ingresos por actividades deportivas. Por dicho concepto, se informó que le entraron al club $3.472 millones, pero la sumatoria real da $5.403 millones, lo que puede generar, obviamente, errores en las lecturas e interpretaciones, como se puede ver en el pantallazo del reporte:

Hay que decir que todo lo consignado en los estados financieros se da en el margen de lo legal, aunque queden dudas sobre la destinación exacta de recursos en esos cuatros ítems antes mencionados. Lo que sí para muchos puede ser irregular es que en los reportes aparezcan jugadores transferidos desde el Deportes Quindío sin nunca haber jugado en el equipo de Armenia, caso como el de Cristian Borja, hoy lateral de la Selección Colombia, que en su momento fue transferido al Sporting de Lisboa de Portugal.

A pesar de todo, entre verdades y suspicacias, el club acumuló, entre 2014 y 2023, utilidades netas por más de $9.970 millones, con 2023 como el año más próspero: $4.807 millones de ganancias. Pero ¿de qué sirven las ganancias para la hinchada que sigue esperando algo más que frías cifras? Ese mismo año, el equipo fue eliminado en los cuadrangulares, sin siquiera llegar a la fase que le permitiera pelear por el ascenso.
“Por los malos resultados, los proyectos sin ambición y los constantes golpes al hincha, uno termina volviéndose inmune. Antes, si el Quindío no llegaba a la final, había indignación; hoy, la eliminación ya no sorprende. El desgaste viene del accionar de Hernando Ángel, que parece actuar premeditadamente para hundir al equipo. Contrata mal, nunca refuerza y sus técnicos fracasan. Todo esto ha llevado a una decadencia tan profunda que ya ni las derrotas duelen”, sentencia Cristian Marín, periodista de Blu Radio.

En este escenario, la relación entre el club y la hinchada se ha roto. El aficionado ha dejado de acudir al estadio, pero eso no afecta las cuentas de la empresa. Entre 2014 y 2023, la taquilla solo ascendió a $3.495 millones, menos del 4 % de los ingresos del club. La gente dejó de ir al estadio, pero a Hernando Ángel la soledad, parece, le sienta bien.  

Al cierre de la edición, en la web de Supersociedades apareció el reporte preliminar con corte al 31 de diciembre de 2024. Aunque los estados financieros todavía no están disponibles para un análisis detallado, el resumen oficial muestra ingresos por $8.542 millones y gastos por $8.452 millones, para una utilidad de apenas $90 millones. Estas cifras no se suman al balance 2014-2023 que sustenta este reportaje, pero confirman que la rentabilidad del modelo sigue vigente, aun cuando el margen se redujo.

Este capítulo reveló en detalle el modelo rentable del equipo presidido por Ángel Montaño, con bolsillos llenos de millones, pero sin ambición deportiva. El próximo lunes, La Crónica publicará una nueva entrega que medirá, con los fríos pero irrefutables números, una década de resultados lamentables en la cancha.


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