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El reciente operativo militar en Guaviare, donde siete menores de edad fueron asesinados en medio de un bombardeo, ha revivido el debate sobre la legitimidad y la eficacia de esta táctica de guerra, poniendo al gobierno de Gustavo Petro bajo el escrutinio que él mismo ejerció en el pasado.

El analista y senador Ariel Ávila en diálogo con La Crónica del Quindío trazó un paralelo con el incidente de agosto de 2019, cuando, bajo el gobierno de Iván Duque, y siendo ministro Guillermo Botero, ocho niños perdieron la vida en circunstancias similares.

La diferencia, según Ávila, radica en el ambiente social, pues si bien en 2019 se pedía más paz que guerra, hoy, ante la crisis de seguridad, la gente clama por más “mano dura”.

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Ávila estructura su postura en cuatro puntos fundamentales para entender la dinámica del conflicto actual, subrayando que cualquier estado o gobierno futuro deberá tomar decisiones difíciles, pues estos eventos seguirán ocurriendo.

El primer punto aborda la naturaleza del reclutamiento. El senador del Partido Alianza Verde enfatizó que la mayoría de los grupos armados ilegales recurren al reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, lo cual es una regla en cualquier conflicto armado global y que así cuando la confrontación se intensifica, el reclutamiento también lo hace, y las edades de los reclutas disminuyen.

“Hoy, las estructuras llamadas disidencias de las Farc están compuestas por una gran mayoría de gente nueva, siendo solo el 2 o 3 % exmiembros originales. La gran mayoría de estos nuevos integrantes tiene entre 15 y 19 años. Por lo tanto, en cualquier operativo, especialmente en un bombardeo, es altamente probable que mueran niños y niñas”, precisó Ávila.

Sostuvo que los que van a morir son niños y niñas que son víctimas, son reclutados forzosamente a los 11, a los 12, a los 14, a los 15 años, sacados de sus familias, entrenados y que los ponen a frente en un conflicto armado, donde de ninguna manera son victimarios como algunos creen.

En segundo lugar, el analista se refirió a la inteligencia militar. Explicó que la decisión de un bombardeo debe tomarse sobre altos niveles de información, recomendablemente por encima del 75% de certeza, usando información humana, georreferenciación o infiltración. Sin embargo, muchas de estas decisiones no alcanzan ese umbral, tomándose con certezas del 50% o 55%, siendo muy complicado esperar a alcanzar un nivel de información del 75% al 80%.

Su tercer punto se enfoca en la geografía cambiante del conflicto. Actualmente, existen muy pocos campamentos estables, fuera de sectores específicos como la Amazonía y los Llanos Orientales. En la mayoría de los casos, los grupos armados viven cerca o incluso dentro de casas de campesinos, lo cual hace que los bombardeos sean cada vez más difíciles y, potencialmente, más ineficientes. Ávila plantea que las únicas excepciones podrían ser los bombardeos quirúrgicos de precisión, dirigidos específicamente a la cabeza de estas organizaciones.

El senador tocó el aspecto político, recordando la frase bíblica “con la vara que mides serás medido“, pues el incidente abrió la puerta a una moción de censura contra el ministro de Defensa. Ávila prevé que, si se realiza la moción, el Pacto Histórico tendrá dificultades para detenerla, pues carece de mayorías sólidas en el Senado y le será muy difícil defender una acción que antes atacó.

Como conclusión a su análisis, Ávila aseguró que es posible llevar a cabo operativos militares y confrontaciones contra organizaciones criminales sin recurrir a los bombardeos, un camino que el Estado deberá considerar seriamente, más aún cuando el modelo de campamentos ha sido reemplazado por la convivencia cercana a comunidades civiles.


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