El homicidio fue planeado por la compañera sentimental de la víctima y su amante. Ambos ya se encuentran tras las rejas y responderán por lo que hicieron.
Ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Córdoba, con función de control de garantías, Eliécer Fernando Lamprea Trujillo aceptó haber sido quien asesinó en zona rural del municipio de Córdoba al señor Antonio José García Morales.
Fue un aberrante crimen, pues así quedó evidenciado en el relato del Fiscal 19 Seccional de Armenia durante las audiencias preliminares de formulación de imputación de cargos y solicitud de medida de aseguramiento.
En las diligencias al hombre, de 45 años de edad, lo acusaron de los delitos de homicidio agravado en concurso heterogéneo con ocultamiento, alteración y destrucción de elementos materiales probatorios, los cuales fueron aceptados por el mismo sin ningún reparo, quien manifestó además que había cometido un error y que debía pagar por el mismo.
Y es que al confeso asesino no le quedaba salida, ya que el material probatorio que las autoridades recolectaron en su contra era bastante contundente.
Ahora, Lamprea Trujillo deberá aguardar por el monto de la condena que le será impuesta, la cual estaría entre los 104 y 225 meses de prisión, tiendo derecho de una rebaja de hasta el 50 % por haber aceptado los cargos, sin embargo, este porcentaje lo determinará el juez penal de conocimiento al que le sea asignado el caso.
El macabro plan
Antonio José García Morales era un humilde campesino nacido en el municipio de Córdoba el 6 de junio de 1958, integrante de una familia apreciada por los cordobeses, pues sus miembros se han caracterizado generación tras generación por ser personas trabajadoras, honradas, luchadoras, emprendedoras y serviciales.
Con lo que él no contaba era que lo que había comenzado como una historia de amor soñada al lado de Diana Mercedes Zapata Tamayo lo llevaría a la muerte.
La mujer, 20 años menor que él, no estaba satisfecha con su compañía, pero en vez de alejarse se consiguió un amante, a Eliécer Fernando, con quien posteriormente planearía el vil asesinato de su pareja, todo, al parecer, para que les quedara el camino libre para su amorío, pero sobre todo para disfrutar de los bienes del difunto.
Ya no había marcha atrás, todo estaba arreglado y el trágico día se llegó, fue el 26 de julio del presente año.
Ese fatídico viernes Antonio José tenía planeado salir de su finca El Paraíso ubicada en la vereda Guayaquil Alto, en la mencionada localidad cordillerana, para dirigirse hacia la ciudad de Armenia a realizar unas diligencias, sin saber que caminaría hacia la muerte.
En el camino, cerca a una quebrada, lo espera Lamprea Trujillo escondido entre unos matorrales quien lo sorprendió a su paso y lo redujo atándolo con varios elementos, luego lo llevó hasta otro punto y tras golpearle la cabeza contra una piedra y para cerciorarse de que no iba a sobrevivir lo asfixió con una cuerda.
Diana Mercedes estaba enterada de todo lo que estaba ocurriendo, pues ella era quien le había avisado al asesino que su esposo ya había salido de la casa.
Pero allí no pararon los planes macabros, pues no satisfechos con haber acabado con la vida del ciudadano ahora tenían la intención de desaparecer su cuerpo, por ello de una manera espantosa lo desmembraron en muchas partes, las cuales empacaron en unas bolsas plásticas y luego enterraron cerca de allí.
¿Será que ya podían vivir felices?, seguramente eso pensaron y quizá esa noche así lo hicieron, pero como se dice popularmente no hay crimen perfecto y sin esperarlo todo se les vendría abajo.
Un hermano de la víctima que notó su ausencia, algo que sin duda no era normal, además porque Antonio José no había manifestado nada extraño ni mucho menos que estuviera pensando en alejarse decidió comenzar su búsqueda.
Fue así como inició el mismo recorrido que debió haber hecho su hermano para salir de la finca y al día siguiente, el sábado 27 de julio de 2024, comenzó a encontrar algunos rastros sospechosos, por lo que puso el caso en conocimiento de las autoridades.
Pisadas y algunos rastros de sangre serían las pistas que los conducirían hasta el punto donde se encontraron con una escena aterradora, pues allí se podía ver una mano que no había sido cubierta por la tierra, lo que llevó a que los miembros de la fuerza pública hicieran una pequeña excavación encontrando así el resto del cadáver.
Hasta ese momento nadie se imaginaba quién podía tener una mente tan perversa para haber hecho algo así, pero el trabajo juicioso de los agentes de la Policía Nacional en el Quindío, adscritos a la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, prontamente empezarían a dar sus resultados, dándole un tinte inesperado al caso.
Mientras las unidades del laboratorio móvil de criminalística recolectaban una a una las evidencias, cerca de allí agentes de la vigilancia capturaron a Eliécer Fernando Lamprea Trujillo, pero todo parece que fue coincidencia, pues mientras adelantaban labores de vecindario para mirar si alguien había visto algo sospechoso ubicaron a este hombre y lo requirieron para un procedimiento de rutina de requisa, identificación y verificación de antecedentes, mediante el que le hallaron en su poder un arma de fuego ilegal, razón por la que procedieron a su arresto sin siquiera sospechar que era el responsable del crimen descubierto recientemente.
De allí fue conducido ante la autoridad competente que lo judicializó por el delito de tráfico, fabricación o porte de armas de fuego, municiones, partes o accesorios, siendo posteriormente condenado a 7 años, 10 meses y 15 días de prisión por ese punible, por el que fue enviado a la cárcel San Bernardo de Armenia.
La investigación por el asesinato de Antonio José continuaba y el viernes 30 de agosto el coronel Luis Fernando Atuesta Zárate, comandante de la Policía en el Quindío, informó de la captura de Diana Mercedes Zapata Tamayo, por su presunta responsabilidad en la muerte de su compañero sentimental.
Así mismo, el oficial señaló que al proceso había sido vinculado el amante de esta fémina, que no era otro que Lamprea Trujillo, quien fue notificado en su lugar de reclusión.
En ese momento empezó la judicialización de estas dos personas y las autoridades lograron esclarecer el reprochable crimen en poco más de un mes, el cual por fortuna y para un poco de tranquilidad de los seres queridos y amigos de la víctima no quedará impune.
En Córdoba aún hay ecos de este aberrante caso, pues además del buen nombre del que gozaba la víctima, esta ha sido una localidad que por años se ha caracterizado por su tranquilidad teniendo muy largos periodos de tiempo sin crímenes, uno de los que fue interrumpido por este brutal hecho.
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