La extorsión carcelaria se ha convertido en una problemática alarmante en Colombia afectando a ciudadanos comunes que se ven atrapados en las redes del crimen organizado.
Delincuentes dentro de las prisiones utilizan tácticas engañosas para hacerse pasar por miembros de grupos guerrilleros o paramilitares, generando un clima de miedo y coerción que afecta a muchas familias.
Este fenómeno se caracteriza por el contacto directo con las víctimas, quienes reciben llamadas telefónicas o mensajes de texto donde los extorsionistas, bajo la falsa identidad de miembros de organizaciones armadas ilegales, exigen pagos exorbitantes.
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Las amenazas suelen ser contundentes: si no cumplen con las demandas económicas, sus vidas o las de sus seres queridos estarán en peligro. Esta situación pone a los ciudadanos comunes en una posición vulnerable, ya que muchos no saben cómo reaccionar ante tales amenazas.
El crecimiento exponencial de la extorsión carcelaria ha sido documentado por diversas organizaciones e instituciones. La falta de control adecuado en las cárceles ha permitido que estos delincuentes operen con impunidad, aprovechándose del temor que sienten las víctimas hacia posibles represalias y muchos ciudadanos comunes, al recibir estas amenazas, optan por no denunciar por miedo a que la situación empeore.
La extorsión carcelaria tiene repercusiones significativas. No solo impacta directamente a las víctimas económicas, sino que también genera un ambiente de inseguridad y desconfianza en la comunidad. Las familias se ven obligadas a destinar recursos económicos que podrían utilizar para sus necesidades básicas, lo que genera un efecto dominó en su bienestar y calidad de vida.
¿Pero cómo es el accionar de los delincuentes?
Personal del Grupo Gaula de la Policía Nacional en el Quindío explica detalladamente esta modalidad delictiva para que las personas no caigan en ella.
Las unidades de dicha especialidad señalan que los antisociales llaman a sus víctimas, elegidas al azar, a quienes les dicen que el supuesto grupo ilegal al que pertenecen es el que está mandando en la zona de residencia o de trabajo donde se encuentran y supuestamente con anterioridad fueron citadas a una reunión con los comandantes.
Pero cuando la persona dice que no tiene conocimiento al respecto dicen que van a hacer una excepción y que le van a explicar la situación vía telefónica.
Allí lo que le indican es que necesitan un apoyo económico a cambio de un supuesto servicio de seguridad para que otras organizaciones ilegales no lleguen a delinquir en la zona y para hacer lo que denomina ‘limpieza social’, desapareciendo a consumidores y expendedores de estupefacientes, así como a otros actores ilegales.
Finalmente, le dicen que todas las personas serán carnetizadas para así evitar que les afecten sus vidas o sus negocios y que se puedan movilizar tranquilamente, ya que en cualquier momento miembros de la presunta organización les pueden solicitar dicho documento y de no tenerlo pueden considerarlas un enemigo o amenaza.
Recomendaciones del Gaula de la Policía
Es fundamental estar informados sobre cómo identificar llamadas o mensajes sospechosos y cómo actuar ante estas situaciones.
Conocer los canales seguros y confidenciales para reportar extorsiones sin temor a represalias es crucial. Esto incluye líneas telefónicas de atención al ciudadano como la 165 donde se puede recibir orientación y apoyo.
La colaboración entre las autoridades y la comunidad facilitan la identificación y desmantelamiento de las redes criminales dedicadas a la extorsión.
Hacer parte de programas de prevención y programas sociales que busquen mejorar las condiciones económicas y sociales de las comunidades más vulnerables puede reducir el riesgo de caer en manos del crimen organizado.
La denuncia es la herramienta fundamental para que las respectivas autoridades puedan actuar con contundencia contra los delincuentes.
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