De sus 78 años de vida, lleva 23 en la Cruz Roja. Fue la diseñadora de la bandera y escudo del Quindío.
Solita Lozano de Gómez ha sido un ícono, que en sus 78 años de vida ha estado dedicada al servicio social en favor de los quindianos. Lleva 23 años en la junta directiva de la Cruz Roja y desde allí funge como consejera en las labores sociales que realiza esa entidad de socorro con las personas que sufren desgracias.
Cuando estuvo en la embajada de Perú, con su esposo Rodrigo Gómez Jaramillo, ayudó a las colonias colombianas con diversas problemáticas sociales.
El pasado 11 de octubre la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia le otorgó la medalla al Mérito Cívico. Ella fue la mujer que diseñó el escudo y la bandera del Quindío. LA CRÓNICA la abordó para conocer detalles de una vida dedicada a ayudar a los más vulnerables.
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¿Qué estudios hizo doña Solita?
Me fui a Japón a estudiar por un año cerámica y porcelana con una beca que el gobierno japonés le otorgó al Quindío por medio del Comité de Cafeteros, cuando estaba el doctor Diego Arango. De eso he dictado muchos cursos en el Museo Quimbaya, sobre todo enseñándole a niños, y en el Sena también laboré. Igualmente hice dos posgrados en la universidad La Gran Colombia sobre exportación y otro sobre etiqueta y protocolo. Mi vida la he dedicado a capacitar a las personas y a lo social.
¿Por qué decidió dedicar su vida al trabajo social?
Cuando me casé con Rodrigo no era político, sino un abogado muy prestigioso que trabajaba el derecho penal. Cuando eso, pertenecíamos al departamento de Caldas, entonces él empezó en la asamblea como diputado. Allá el doctor Arango Londoño le propuso que se metiera a la política y de ahí en adelante toda su vida, durante 42 años, estuvo en el gobierno. A mí eso no me gustaba, no iba a ese tipo de reuniones, pero me dediqué a hacer cursos de capacitación en artes manuales y en cerámica con las monjas del jardín infantil Niño Jesús Obrero, en Laura Vicuña y en el Juan XXIII de Calarcá para madres cabeza de familia. Estaba dirigido a poblaciones vulnerables.
¿Cómo terminó diseñando el escudo y la bandera del Quindío?
Una noche escuché la convocatoria de la asamblea para que las personas que quisieran y que fueran nacidas en el Quindío presentaran sus trabajos sobre la bandera y el escudo. Yo pinté también las baldosas de señalización que están en el parque del Café con grupo de señoras y muchachos a quienes enseñé a trabajar en porcelana.
¿Cuál es la labor que realiza en la junta directiva de la Cruz Roja seccional Quindío?
Doy cursos a los voluntarios de la Cruz Roja de comportamiento social y de cómo aprovechar el tiempo cuando están en esos eventos. Eso es lo último que he hecho. También ayudo mucho en la parte social de esa entidad cuando hay una actividad y siempre asisto a las reuniones a dar mis conceptos sobre la forma cómo se debe ayudar a la gente. En el terremoto me tocó trabajar con la doctora Gloria Román. Estoy en esa parte de la logística y lo social en la que nos toca repartir y organizar las donaciones.
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En dos ocasiones le han otorgado la medalla al Mérito Cívico.
Una de ellas fue por diseñar el escudo y la bandera del departamento. Cuando escuché la convocatoria me fui a consultar con una señora que era experta en heráldica porque uno no puede equivocarse en eso. Cada cosa allí tiene una razón de ser, no es porque sí, es estudiado. El tronco y el hacha que aparecen en el escudo han tenido mucha polémica por la defensa que hacen de la naturaleza, pero definitivamente es que para hacer una ciudad es necesario tumbar los árboles, entonces ese es el símbolo. En ese tiempo había que hacerlo y la vegetación ha sido privilegiada en el Quindío.
¿Y por qué motivo fue el reconocimiento que le entregó la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia el pasado 11 de octubre?
Ellos vieron mi hoja de vida y allí se dieron cuenta de lo que he hecho en mi existencia, que la he dedicado a la labor social, sobre todo con la gente menos favorecida, a mí me ha gustado mirar para abajo. Para mí es muy importante ser miembro de la junta directiva de la Cruz Roja, que la amo y sé que ahí tengo más campo de acción para ayudar a las personas.
¿En qué consistían los talleres que dictaba en el centro Laura Vicuña?
Allá se hicieron todas las baldosas de señalización del parque del Café, que eran en cerámica. En ese lugar sí ejercí mi estudio de Japón en su totalidad. Teníamos los hornos para eso y lo hacía con un grupo de muchachos y señoras a las que capacité.
Muchas señalizaciones no están porque han pasado bastantes años y la gente desafortunadamente con piedras o con cosas las quieren arrancar. Al entrar a las tumbas indígenas hay unas baldosas que explican en inglés y en español cómo se comportaban ellos. También hay una oda al árbol y el escudo del parque pintado en baldosas. Muchas cosas se hicieron con esa gente y hoy en día me los encuentro en la calle y me dicen: ¡Profe, vea el trabajo que hice! ¿Cuándo va a venir a mi taller?
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