Obtuvo el reconocimiento en los premios Quindío Inspira en la categoría profesional destacado.
Alejandro Rubio García tiene 41 años y es licenciado en Español y Literatura, magíster en Ciencias de la educación de la Universidad del Quindío. Ha trabajado en el colegio San Luis Rey, el Gimnasio Inglés, el Instituto Técnico Industrial. Se ha desempeñado como tutor de programas del ministerio de Cultura Nacional. Fue jurado del Concurso Nacional de Cuento RCN y del concurso departamental de poesía infantil de Comfenalco. Ha sido nominado en 2 ocasiones en los premios Compartir al Maestro, en 2012 y 2013, y fue exaltado por su labor docente por la asamblea departamental. Actualmente, es paracaidista, docente del programa de Literatura y lengua castellana de su alma máter y también en la Institución Educativa Ciudadela del Sur.
Nació en Cajamarca, Tolima, pero como desde los 3 años vive en el Quindío, se reconoce como quindiano. Su bachillerato lo cursó en el Rufino José Cuervo Centro. Después de ir al ejército, estudió en el Sena y se desempeñó en diversos oficios como mensajero y carpintero. Sobre la literatura cuenta: “Mi abuela es una gran narradora oral, ella me imprimió el gusto por la literatura porque siempre me contaba historias. Con el tiempo descubrí que aquellas historias provenían de las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe. Eso fue fascinante”.
A los 23 años, decidió entrar a la universidad impulsado por una novia de aquella época, se graduó en el 2009. Posterior a esto, ha realizado cursos y diplomados en diversas áreas relacionadas con su área de formación. “Yo siempre le digo a mis estudiantes que soy un hombre muy feliz con el trabajo que tiene porque me pagan por contar cosas que sé. Yo amo la literatura y el lenguaje me ha permitido lograr muchas cosas, ahora mi trabajo se fundamenta en contar cosas para que otros analicen de manera crítica la realidad en la que viven. El lenguaje es el vehículo del pensamiento, eso es fascinante”.
¿Cómo se materializa el proyecto de El profe de español?
Cuando empezó la pandemia yo trabajaba en una institución que está en una zona muy estigmatizada. En ese momento hicimos un diagnóstico y determinamos cuántos estudiantes tenían internet, computador y celular y nos dimos cuenta de que eran pocos. Entonces, tuvimos que crear otras estrategias para acercarnos a la población. El Instituto entonces compartió su red de internet para la zona.
Como tenía que dar clases por WhatsApp y este medio me resultaba incompleto, empecé a buscar otras formas para comunicarme con mis estudiantes. Un día, necesité explicarles la estructura del ensayo, entonces le pedí a mi hija que me grabara mientras escribía en una cartulina, luego subí el video a YouTube. La primera semana ese video tuvo 500 visualizaciones, entonces entendí que había que aprovechar este canal. Continué haciendo videos sobre argumentación y ortografía para mis estudiantes y continué con recomendaciones literarias. Esto alcanzó cierta popularidad. Fui invitado como ponente para hablar sobre esta experiencia en el foro de literatura de la Universidad del Quindío; también me invitaron en la semana de la ciencia y la innovación a la Universidad Rey Juan Carlos de España y en la Universidad Complutense de Madrid. Hasta ahora son pocos los suscriptores, pero hay visualizaciones en otros países como México, Argentina, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, España y Estados Unidos.
Me ha gustado mucho cómo la gente se adhiere a la idea. Espero contar con otras voces, otros discursos, otras personas para ampliar la colaboración externa, espero también vincular a la familia.
Parece que aún en muchos escenarios académicos se trabaja de espaldas a la tecnología, hay una tendencia a dejar de lado estas herramientas ¿qué opina sobre este panorama?
Primero, es preocupante porque muestra que no aprendimos lo que deberíamos en la pandemia. Aún pensamos que el celular no debe estar en el aula, esto es arbitrario, lo necesitamos. Cuando la pandemia llegó, los profesores empezamos a usar cuanta plataforma hallábamos como Meet, Teams, pero los estudiantes no estaban por ahí, estaban en Facebook, Youtube y Whatsapp. Yo sentía que entre más aprendíamos nosotros, abríamos una brecha más amplia con nuestros estudiantes. Todavía debemos mucho en términos de cómo llevar la tecnología al aula. Tenemos que reflexionar y usar las tecnologías que tenemos a la mano para enseñar.
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