Es docente catedrático y asesor de proyectos de desarrollo regional.
Armando Rodríguez Jaramillo nació en Armenia en 1958. Es asesor de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío y de la Universidad Alexander von Humboldt, también es docente catedrático de la Corporación Universitaria Remington.
Es esposo de Claudia Arturo Bravo y padre de José Fernando Rodríguez Arturo y María Alejandra Rodríguez Arturo. Estudió en el colegio San José de los hermanos maristas. En 1976 culminó su bachillerato y partió con destino a Bogotá para estudiar agrología en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, allí se recibió en 1982.
“Esta disciplina tiene que ver con el estudio de ciencias de la tierra, de los suelos de un territorio para clasificarlos y saber cómo se deben usar o recuperar. Me interesó mucho porque siempre tuve vocación por temas ambientales; esto me sirvió para mi trabajo porque he podido desarrollar en el departamento temas de conservación y formulación de planes de manejo de cuencas hidrográficas”.
En la Universidad Bolivariana cursó una especialización en gerencia en 2016. Culminó la maestría en administración en el 2021. Ha realizado diversos diplomados en estrategias de desarrollo regional, competitividad, gestión integral de desarrollo, transformación digital, entre otros.
Su vida laboral inició mientras estaba en la universidad, fue profesor en colegios de Bogotá y realizó trabajos de investigación para la fotointerpretación de zonas cafeteras para el censo cafetero en 1980. A su regreso, en 1984, constituyó una empresa de asesorías agropecuarias.
En 1987 se vinculó a la Corporación Autónoma Regional del Quindío, en ese momento realizaron el primer estudio de planeación del Quindío, se llamó: Plan de desarrollo agrícola integrado de la cuenca del Quindío. Posteriormente, en el año 1992, dirigió la Fundación para el Desarrollo del Quindío. Ya en 1995, hizo las veces de secretario de Planeación departamental en la gobernación del Quindío. En 1998, gerenció Empresas Públicas de Armenia.
Trabajó en empresas privadas de Tuluá, fue catedrático en la Universidad La Gran Colombia, poco después, se hizo rector de la Universidad Alexander von Humboldt, volvió como secretario de Planeación y fue gerente de la Comisión Regional de Competitividad del Quindío. En la última década, se vinculó de nuevo a la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío para trabajar en materia de desarrollo regional, competitividad e iniciativas clúster.
Mientras estaba en el pregrado, se fascinó por la historia y en el 2005, por invitación de Jaime Lopera Gutiérrez ingresó a la Academia de Historia del Quindío gracias a la investigación: ‘límites pendientes entre Salento y Pereira’, en esta demostraba que los límites entre Quindío y Risaralda no están definidos realmente. En la más reciente asamblea general de la AHQ fue elegido.
En buena parte de los casos, los integrantes de la academia de historia no son historiadores sino investigadores empíricos, a la luz de esto ¿cómo ha sido su experiencia y trayectoria? ¿Qué trabajos ha realizado?
Uno combina 2 cosas. En mi caso, tenía experiencia en investigación, pero no en temas de historia, aunque esta me interesaba mucho. Yo soy un diletante de la historia. Yo profundicé en lecturas y aprendí mucho en la academia. Esto nos ha llevado a trabajar de manera activa por investigar la historia local, preservar la memoria del patrimonio cultural y generar identidad quindiana.
A lo largo de estos años he venido trabajando no solo el tema de los límites del Quindío, sino que he impulsado el uso del conocimiento y comprensión del pasado para generar una visión del departamento. También, en ensayos como Quindío 25 años al borde de la competitividad 1990-2014. Recién terminé un ensayo sobre el Quindío desde 1960 hasta el 2021, en el que referencio cómo han sido los primeros y los segundos 30 años del departamento. He publicado en la página de la Academia y en medios locales también artículos sobre diversas temáticas.
En los últimos años han ingresado varios integrantes a la AHQ y nos han permitido ver distintos puntos de la historia que no veíamos. Ese es un aporte enorme que se ha hecho, definir la identidad local del quindiano.
También, hemos atravesado momentos muy complejos, muy sentidos, como aquellos en los que tuvimos que despedirnos de académicos como: Jorge Emrique Arias Ocampo, Nodier Botero Ramírez, Carlos Alberto Castrillón, Hugo Armando Valenzuela y Olga Cadena Corrales.
¿Qué trabajos o proyectos trazaron para este 2022 en la Academia?
El desafío de suceder a Jaime Lopera Gutiérrez es enorme. Lo que uno tiene que hacer es pararse sobre los hombros de quienes han trabajado antes, es decir, trabajar sobre lo construido. Continuaremos con el tema de conservación e investigación del Camino Nacional del Quindío; nos integraremos con otras academias del eje cafetero y Tolima para trabajar un concepto de historia regional. Impulsaremos los centros locales de historia e insistiremos en el asesoramiento a gobiernos territoriales para la conservación de los archivos oficiales. La repatriación del Tesoro Quimbaya es otro punto que no hacemos a un lado a pesar de la negativa del gobierno de España y de la indolencia del gobierno colombiano.
Tengo la satisfacción del deber cumplido. El sentimiento de quindianidad se lleva en la sangre y quiero seguir siempre trabajando por la región, el departamento y la ciudad.
Recomendado: Hernando Ariza: medio siglo como docente investigador en el Quindío
- Temas relacionados :
- Academia de Historia del Quindio
- Al descubierto
- Armando Rodríguez
