El libro recoge las columnas de opinión escritas por el docente entre el 2015 y el 2020. Fue presentado en el foro XII Foro de profesores de Filosofía Uniquindío.
Le disgustaban los saludos protocolarios por eso cuando se presentaba y le preguntaban quién era y dónde había nacido, decía: “Yo soy contador público porque cuento públicamente mi vida y nací donde nacieron 2 “héroes” de la patria: ‘Tirofijo’ y ‘Garavito’”. María Teresa Cruz Restrepo, su compañera durante 40 años, cuenta que Jairo Urrea Henao en su juventud fue muy bohemio y estudioso. Le fascinaba el mar, viajar, divertirse y conversar. En su biblioteca, los autores imprescindibles eran Nietzsche, Wittgenstein, Vallejo, Rulfo, Baudelaire. Nunca le faltó: un libro bajo el brazo y un lapicero en el bolsillo de la camisa.
Entre semana, iba todas las tardes a la Plazoleta Centenario. Pedía 2 tragos de ron, un vaso con hielo y limón y se sentaba en una de las mesas del café-bar. El despecho de Darío Gómez, el Charrito Negro y Luis Alberto Posada, la banda sonora de aquel lugar, no interrumpían sus rutinas de lectura.
Jairo y María Teresa se conocieron en 1980, una noche en Cali, en el bar La Tortuga. “Yo estaba con una amiga, como vivía a 3 cuadras, visitaba con frecuencia ese bar. Allá ponen a Joan Manuel Serrat, salsa y música muy bohemia. Él llegó con un amigo, vino con el cierre del pantalón averiado, buscaba un gancho. Yo tenía, entonces se lo puse. Luego nos fuimos a bailar a La Habana. Así empezó todo”.
Jairo Urrea nació en Génova en 1951. Allí vivió parte de su infancia hasta que, a causa del fallecimiento de su padre, se mudaron a Armenia. En su primera juventud se interesó por el arte y se volvió un lector voraz. Mientras leía Freud al final de su vida, de Estanislao Zuleta, se dio cuenta de que el autor del libro que tanto interés le había despertado era profesor de la Universidad del Valle. En ese momento él decidió matricularse en el pregrado en licenciatura en Literatura de dicha universidad y con el tiempo se hizo amigo cercano del filósofo y escritor quien fue su director de tesis —trabajo que está en proceso de publicación—. Vivió en Cali durante 25 años.
En 1990 empezó a trabajar como docente en un colegio de Cali. Allí trabajó hasta 2001, año en el que regresó a Armenia y se inscribió como profesor en la Universidad del Quindío para cumplir su gran sueño: trabajar en una universidad pública. Obtuvo el título de maestro en filosofía en la Universidad del Valle. También fue magíster en Lingüística de la Universidad Tecnológica de Pereira. Fundó el grupo interdisciplinario Lenguaje y Ciencia Nave. Escribió en coautoría los libros: Aproximaciones a problemas filosóficos actuales: Descubriendo la filosofía en el 2004 y Coloquios: Estanislao Zuleta —memorias 1990- 2000—. Fue autor del libro: Lógica del sinsentido en la obra de Lewis Carroll en el 2010.
Como columnista se desempeñó entre el 2015 y el 2020 en esta casa periodística. Los domingos se iban María Teresa, Jairo y Russel, su labrador negro, para Salento. Primero se detenía en la vereda El Agrado, almorzaban, caminaban un rato y luego subían a Salento.
En una tienda, se sentaba, bebía una soda y empezaba a esbozar las ideas de su próxima columna. En la noche, tras regresar a la casa, escribía el artículo que el martes era revisado y corregido por María Teresa. El miércoles, solía enviarlo a diagramación para verla el jueves en el impreso. “Él se puso muy contento cuando le dieron este espacio en LA CRÓNICA porque era la manera de llegar a más personas con sus ideas”.
Jairo Urrea guardó tanto el impreso como el documento en Word de cada una de sus columnas. Incluso, había pensado en el título para el libro que compilaría su trabajo. Siguiendo este deseo, María Teresa emprendió la tarea de publicar el libro Bitácora encontrada en la maleta de un viajero. que salió en marzo de 2022 y fue editado por José Zuleta Ortiz.
“Este libro es un autorretrato. Él era un profesor que defendía la academia porque consideraba que era vital y era la forma democrática de la educación, así quiero que lo recuerden. Él era muy diferente a los demás, cuando daba vueltas y vueltas en una idea, decía: Ay, mi cabeza, la ilusa”.
Recomendado: Lina Moreno Zapata, quindiana y actual directora del canal institucional
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