Este quindiano por adopción relata, entre otras cosas, su experiencia como abogado defensor de Hugo Chávez Frías.
El ilustre jurista colombiano de origen campesino Ernesto Amézquita Camacho nació en diciembre de 1950 en Aipe, Huila, se crio en el Valle del Cauca, pero hace 10 años se enamoró del Paisaje Cultural Cafetero cuando eligió al departamento del Quindío como su residencia permanente, al desempeñarse en cargos como procurador provincial de Armenia, procurador regional del Eje Cafetero, abogado procurador y enlace territorial Eje Cafetero, director y pionero de la JEP a nivel regional, director del programa Caminos de la Paz de La U FM Estéreo y profesor catedrático en la Universidad del Quindío.
Su gusto por los derechos humanos y por la justicia lo convirtieron en un reconocido abogado penalista con amplios conocimientos y estudios en las otras ramas del derecho; la guerra sin tregua, los grupos armados y las peleas por las banderas políticas, hechos que vivió en muchas ocasiones, forjaron en él un carácter inquebrantable y un amor por la justicia y la verdad sin igual.
Los múltiples cargos que ha ejercido a lo largo de su trayectoria profesional y toda su experiencia en temas de derechos, justicia, ética y política, lo motivaron a escribir el libro ‘Falacias en procesos jurídico-políticos de América Latina 1991-2023’, con la intención de llegar a la verdad y y quitarles la venda de los ojos a los quindianos y colombianos, sobre el manejo de la justicia politizada en todo el subcontinente.
Partiendo de tantos años de experiencia, ¿qué lección le dejó la retroalimentación de estos procesos, experiencias y vivencias plasmadas en este libro?
Estos 50 años de relaciones con la justicia de manera directa e indirecta como actor, como testigo, como abogado e incluso como víctima, me hicieron renunciar al secreto profesional en el caso del Proceso 8000 y dar a los colombianos la verdad por medio la escritura y visibilización de todos los procesos políticos de América Latina, puesto que normalmente, la mayoría de la gente interesada es medianamente conocedora de la verdad procesal, pero no de la realidad, es decir, todo lo que esconde detrás una etapa judicial.
¿Cuál es el momento de su carrera más destacado y por qué?
Lo que más destaco es la transformación de mi ejercicio profesional, estoy convencido de que lo más digno en la administración de justicia es poder reclamar justicia desde la óptica del abogado litigante, para mí el verdadero abogado es el que ha ejercido la profesión.
Destacado los reconocimientos que se me han hecho ad honorem en la rama judicial tales como haberme permitido ser conjuez de altas cortes del Tribunal Nacional de Garantías Electorales, de igual forma el paso por el Tribunal Nacional de Orden Público y haber podido en los últimos tiempos trabajar por la Jurisdicción Especial para la Paz JEP, permitiéndome no solo asimilar una experiencia, sino conocer por dentro la justicia.
Hablando un poco más sobre el contenido del libro ¿cuál es su percepción sobre la corrupción política y jurídica en Colombia?
Cuando un proceso tiene un origen en la política y más que todo en la politiquería, en el tráfico de influencias y en una visión partidista de la negociación de justicia, empieza con un origen cancerígeno, es decir, esa enfermedad que se va apoderando de toda la estructura social e incluso intelectual del país, para que en el futuro las nuevas generaciones de abogados, jueces, fiscales y la misma clase política no cometan los mismos errores. Por ello planteo en el libro la idea de despolitizar la justicia e, incluso, establecer una clara diferenciación entre la politización de la justicia y las consecuencias negativas que produce la judicialización de la política, es decir, que no todo lo que se haga políticamente deba ser penalizado, sino que haya mecanismos que incluyan un gobierno único disciplinario con una jurisdicción disciplinaria con ética.
En uno de los apartados del libro aparece el nombre de Hugo Chávez Frías ¿Cuál fue su relación con él?
Tuve la oportunidad de conocer directamente acá en Colombia al entonces coronel Hugo Chávez, quien vino a dictar unos seminarios y fue arrestado en el aeropuerto internacional El Dorado. Desde ahí fui llamado como abogado penalista para que fuera su defensor y asumí esa causa como cualquiera de las otras que he defendido. En poco tiempo logré sacar de la cárcel al entonces candidato a la presidencia de Venezuela, quien era acusado por una masacre que hubo acá, en Colombia, estaba siendo imputado por tráfico de armas, rebelión, homicidio, y otros delitos. Logré demostrar que los hechos no coincidían con el tiempo que este coronel había estado de comandante en la región; luego ganó la presidencia en Venezuela.
Posteriormente del proceso estrictamente jurídico y de un objetivo militar por parte del paramilitarismo, solicité asilo a Venezuela, cerca de 15 años duró mi estadía, trabajando como docente universitario, permaneciendo allí durante la época de la seguridad democrática.
¿Cuál es el paso a seguir tanto personal como profesionalmente?
En lo personal y comunicativo, la idea es continuar como docente catedrático en la Universidad del Quindío, manteniendo el programa transmitido por La U FM Estéreo los días jueves en la tarde, llamado Caminos de paz. Sigo ejerciendo mi profesión, a pesar de tener más de 70 años y estar en la edad de retiro forzoso para cargos públicos, motivo que explica mi desvinculación de la Procuraduría General, y de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP.
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