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¿Las actrices también lloran? “Lloramos y reímos mucho. Creo que somos unas personas muy sensibles. Por eso creo que estamos en este campo. Nos toca mucho todo lo que pasa a nuestro alrededor. Eso nos permea. Lloramos de tristeza, pero también lloramos de alegría”, Ximena Escobar Mejía.

Ximena Escobar Mejía, directora ejecutiva de Teatro Azul, nació en Medellín el 13 de marzo de 1979. Cuando tenía 8 años, asesinaron a su padre, y sufrió el desplazamiento forzado. Entonces, “abandonamos todo lo que teníamos, nuestra casa, nuestro mundo en Medellín, nuestra vida. Mi mamá queda viuda, muy joven, además, con dos niñas; su familia le tiende la mano, y así venimos a crear una nueva vida en el Quindío”. 

Pero la mía fue “una infancia muy bonita, rodeada de la familia, de mucho amor, de mucho calor de hogar, con episodios difíciles”. 

Ya, en la ciudad de Armenia, a sus 15 años, tocó las puertas del Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío, “quería estudiar violín”, pero el teatro se la llevó en sus brazos para siempre: “Ahí ya me quedé enamorada del teatro, ya nunca más dejé de hacer teatro”

Ximena estudió Economía en la Universidad La Gran Colombia, es especialista en Gestión de Proyectos de la misma Universidad, y tiene una maestría en Gestión de Empresas e Instituciones Culturales de la Universidad Complutense de Madrid. Estuvo en el Instituto Superior de Arte, en Cuba, y cursó Creación teatral en el “Taller de Teatro de la Universidad Nacional del Litoral” de Argentina.

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¿Qué libros la han impactado en su vida? 

Yo tuve una mamá -Marta Cecilia, montenegrina, caficultura- que leía muchísimo y me dio la oportunidad de soñar. Por ella conocí las fábulas de Rafael Pombo. El primer libro que leí fue ‘Princesa Daisy’, que me llevó a un mundo muy especial. En tercero de bachillerato, ‘La Ilíada’ y ‘La odisea’. He leído ‘Cien años de soledad’. Hay un autor teatral, William Shakespeare, que es muy cinematográfico cuando escribe –te crea toda la atmósfera: el olor, el frío, la niebla, lo que sientes- me encantó ‘Romeo y Julieta’, ‘Hamlet’ y ‘Mucho ruido y pocas nueces’. Me gustó mucho el dramaturgo Federico García Lorca. Me gusta cómo irme en un viaje, aprender de la visión de otros, meterme en ese mundo del otro. 

¿Hay un libro que irremediablemente le marcó su vida? 

Recuerdo que cuando yo era adolescente, le preguntaba a la gente, “¿de qué color son tus sueños?”, y la gente respondía: rojo, amarillo, rosado, azul… Y muchos años después, en 1998, estando sentada en el Malecón de Cuba, en pleno mar Caribe, donde el mar es azul, azul, azul, Leonardo -mi compañero de vida, de sueños, de caminos- y yo, también nos preguntamos por el color de los sueños, y ambos dijimos: “¡Azul!”, “¡Nuestros sueños son azules!”. Y dio la coincidencia que estábamos leyendo el libro de poemas, ‘Azul’, de Rubén Darío. Así nació ‘Teatro Azul’, y mi sueño de compartir el teatro con la gente de todas las latitudes de este planeta azul”. 

¿Mujeres que admira en el mundo de las tablas? 

Admiro mucho a una bailarina de danza contemporánea, Carmen Werner –que cambió la historia de la danza contemporánea en España-, a Nathalia Menéndez –española- que se ha ganado un puesto muy importante en el teatro europeo como directora. A mujeres en el teatro, como Patricia Ariza –exministra de Cultura-. 

En su opinión, ¿principales cualidades de una actriz? 

Una actriz debe ser verdadera. Actuar no es mentir, es jugar en serio. Cuando tú juegas en serio, estás siendo verdadera. Y cuando estás siendo verdadera en el escenario, cuando das, dejas que tu cuerpo sirva de instrumento para interpretar el personaje. Estás haciendo de verdad el personaje. Se necesita también: disciplina, practicar el personaje, tu texto, tus movimientos. 

¿Qué obras de teatro en las que ha actuado le han tocado el alma? 

Todas me tocan de unas maneras muy diferentes, de unas maneras muy profundas, y me enseñan muchas cosas. ‘Ciudad Fantasía’, por ejemplo, es una obra que nace del terremoto, y convoca a la ciudad a recuperar su espíritu infantil, a llenarse de alegría. Eso me toca profundamente. Hablar de ‘Dos navegantes tras el mascarón de proa’, donde hablo de los sueños, porque “lo que se busca existe, aunque esté más allá del horizonte”. Cuando hablo de ‘Hominum, perdón por ser’, que nos enseña sobre el perdón. Cuando hablo de ‘Libelos y memorias’, que habla de la historia de Colombia que hemos vivido. ¡Cómo no tocarme eso! 

Esta es Ximena, orgullosamente montañera, que desde siempre, con su risa y gesto, le ha gritado al mundo entero: “¡El teatro es mi vida!”.


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