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De soñar con el fútbol, pasó a encantar con su música

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jueves, 19 diciembre 2019

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Su nombre real es Víctor Alejandro González Cruz, pero artísticamente lo conocen como Alejo Matallana. Tiene apenas 23 años y es profesional en negocios internacionales y tecnólogo en gestión empresarial de la EAM.

 

Siempre quiso ser futbolista, pero otras personas vieron que tenía una voz agradable, entonces pasó de patear un balón a poner a rumbiar a la gente con sus canciones de despecho. Aunque es cristiano, hoy va de Farra en farra, como el título de su nuevo sencillo de música popular. 

¿De qué parte del Quindío es? Cuéntenos un poco de su infancia 

Soy del barrio La Arcadia de Armenia. Allá me conocen porque desde muy pequeño he sido muy emprendedor, siempre me ha gustado mantenerme con platica en el bolsillo, entonces vendía empanadas y buñuelos. Me decían el parvero del barrio porque comercializaba de todo: natilla y hasta pandebonos. A los once años madrugaba a tocarle la puerta a la gente. Las empanadas de mi mamá se volvieron muy conocidas porque ella me apoyó en el proyecto y se puso a hacerlas y las empecé a vender. Todo el mundo me conocía. Duré seis años en esas y cuando llegaban las olas de calor también vendía paletas. Al principio, cuando era niño, muchas veces parecía desfallecer porque de pronto uno no tiene una personalidad muy definida, entonces uno al ver que los amigos lo molestaban se achantaba. Pero luego, cuando terminaba con la platica en el bolsillo para comprar los dulces, unas canicas o lo que yo quisiera, ya era más reconfortante. Pienso que eso es lo que me ha hecho madurar tan rápido y tomar como esta senda que llevo de vida. La verdad nunca he sido tan rumbero, siempre he estado muy proyectado hacia el futuro. También le cuento que acabó de nacer mi hijo, apenas tiene ocho días de vida. Cuando arranqué en esto de la música mi compañera sentimental quedó en embarazo y el niño se llama Isaac. 

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¿El nombre obedece a algo en especial? 

Soy cristiano, creo mucho en Dios, mi familia siempre ha sido cristiana y al principio no estuvieron de acuerdo con lo de la música por la relación con el licor, pero creo que uno lleva a Dios es en sus actos y en el corazón. No vale nada uno mantenerse en una iglesia y después salir y estar difamando de las personas y estar haciendo cosas indebidas. Los actos reflejan al ser humano que uno es. Le puse Isaac al niño porque significa que es la sonrisa de Dios y llegó en el momento que más lo esperábamos, fue un regalo de Navidad.  

¿Por qué se hace llamar Alejandro Matallana? 

Porque mi abuela paterna, que ya falleció, tenía el apellido Matallana, entonces es en memoria a ella. 

En poco tiempo ha tenido una carrera musical frenética, ¿cómo ha sido el trabajo?

Arranqué en marzo de este año inaugurando una fonda en Calarcá y de ahí todo se fue dando gracias a Dios. La verdad que cuando empecé no tenía idea de cómo manejar una escenografía, pero después todo se nos fue dando. A los ocho días había unas fiestas en el corregimiento de La Virginia y ahí le abrí a Los de Yolombó. A los ocho días tuve mucha empatía con el que maneja Aguardiente Antioqueño y entonces me llevó a cantar con el Cuarteto Imperial. Una semana después le abrí concierto a Herencia de Timbiquí en Calarcá. Luego le abrí a Jhonny Rivera en las fiestas de Pijao. De ahí salté a abrirle al Chico Jaramillo en la fonda La Talanquera en la ‘Villa del Cacique’. Pasé a abrirle a Hebert Vargas. Más adelante me contrataron para abrirle a Silvestre Dangond en el coliseo del Café. Le hablo de los eventos más representativos, pero he tenido más. Luego me empezaron a contratar en las discotecas y también canté con Paola Jara en el centro de eventos Las Palmas. Después estuve con Jessi Uribe en el coliseo del Sur y este fin de semana estaré con Darío Gómez en Sevilla, Valle del Cauca. 

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¿Por qué escogió cantar música popular? 

Al esposo de mi hermana le gustaba mucho esa música y las cabalgatas. Cuando empezó la relación con ella tuve mucha empatía con él y empezamos a ir a las cabalgatas y a escuchar esas canciones y me empezó a gustar. Un día monté un video en las redes sociales, en el que empecé cantando una canción de Prince Royce que se llama Darte un beso —champeta—. Tuvo buena acogida, pero no tanta y también canté vallenato y no pegó mucho. Pero en diciembre pasado subí una canción de los Hermanos Medina que se llama Somos prohibidos y el video superó las 2 mil reproducciones y ahí el mánager con el que empecé me escribió y me hizo un planteamiento de trabajo. Fue cuando empezamos a tomar esto en serio. Las personas empezaron a preguntar si yo me presentaba, que cuánto cobraba y así se dieron las cosas. Porque la verdad antes a mí hasta me daba pena cantar… Una vez unos amigos de la universidad me llevaron a un karaoke y ahí todo el mundo empezó a decir que cantaba bueno. Pensé que me estaban cogiendo de recocha y vea ya donde vamos. 


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