En los pasados Juegos Nacionales Juveniles, esta judoka defendió la casa hasta el fin, con alma, cuerpo y mentalidad, logró colgar en su cuello el orgullo del metal que la acredita como una de las mejores en su categoría.
Con los colores de la bandera del Quindío en su corazón y con la convicción de lucirlos en el podio de los 70 kg del judo femenino, Zharick Dayanna Gómez Mosquera defendió a muerte la presea plateada en el tatami, dejando a su paso alma, mente y fuerza en cada combate.
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Aunque un minucioso error le cobró el poder vestirse con el dorado que la acreditaría como la mejor de su categoría, esta deportista focalizó sus esfuerzos en obtener, para la alegría de todo un departamento, el segundo lugar en los pasados Juegos Nacionales Juveniles Eje Cafetero 2024.
Zharick es oriunda de Calarcá. Con 17 años finalizó su bachillerato en el Instituto Tecnológico de Calarcá y ahora espera convertirse en una deportista que confiando en la magia de los nuevos comienzos, hará de su carrera deportiva un ejemplo a seguir para presentes y futuras generaciones.
¿Cómo llegó el judo a su vida?
Comencé a practicar el judo gracias a los patrones de mi mamá, que siempre han estado relacionados con el deporte y le dijeron a mi mamá que tenía el prototipo físico para poder practicar algún deporte de fuerza. En realidad no sabía qué era el judo, sin embargo, llamaron al entrenador para que fuera a mi casa a mostrarme en qué consistía este deporte, cómo se hacía para yo poder conocerlo un poco más y de pronto interesarme en él.
Me llamó la atención, comencé a practicarlo, me empezó a gustar mucho, fui una semana y empecé a cogerle miedo porque veía en el contacto físico cosas muy fuertes, estrangulaciones, luxaciones y empecé a pensar que eso no era lo mío.
Poco a poco fui entrenando y en el 2021 me decidí de lleno por esta disciplina. Comenzamos a practicar en una cancha, salía del colegio y derecho seguía para el entrenamiento. Con la práctica ya fui teniendo posibilidades de competir con el club al que pertenecía a nivel departamental, nacionales, a campamentos.
¿Qué le cautivó del judo para decidir quedarse?
Creo que esta disciplina me fue mostrando el camino, me permitió ser más respetuosa tanto dentro como fuera de mi casa, me permitió ser más sociable, viajar, conocer lugares y personas nuevas, con diferentes lecciones y culturas; esto me atrapó.
¿Cómo llega finalmente a representar el Quindío en estos Juegos Nacionales Juveniles?
Fue un proceso muy largo que requirió de eventos anteriores, entrenamientos, concentraciones para poder obtener un buen avance y así estar bien preparada para este importante espacio. Antes de esto hubo unos Nacionales en los que uno iba en modo prueba para medir qué tal se estaba a nivel competitivo, esto servía además para poder hacer el mejoramiento y la planificación de los entrenamientos y así nos fuimos adaptando día a día muy arduamente para los juegos.
¿Cómo fue su día a día deportivo antes de enfrentar esta competencia?
Fue unos meses antes, desde el mes de junio empezamos el periodo de competencias, un nacional previo a los juegos. Ahí llegó el plan de entrenamiento, empezamos a planificar entrenamiento para participar luego en top ranking, departamentales y poco a poco fuimos completando nuestra preparación. Así mismo tuve la oportunidad de estar en una concentración de 15 días en Bogotá, a veces con doble jornada, mañana y tarde.
¿Cómo fortaleció la mente antes de competir?
Me sentía muy frustrada, tuve ese momento en el que pensé que no iba a ser capaz, que no podría llegar ni siquiera al podio; en los entrenamientos no me fluían las cosas y solía frustrarme, encerrarme, pero hubo un momento en que me mentalicé que debía hacer las cosas de corazón, hasta donde me diera la mente y el cuerpo y poco a poco hablando con mi entrenador, manifestándole cómo me sentía porque sabía que esto influía en la práctica, con médicos, fisioterapeutas, el metodólogo, siempre estuvimos de la mano y acá vale agradecer a Indeportes que nos colaboró demasiado.
¿Cómo vivió los momentos previos a la competencia?
Hubo compañeros que compitieron días antes y pude ir a verlos, allí sentía que la competencia iba a estar dura, había mucho nivel en los contrincantes, pero pensé en hacer todas las competencias con el corazón, dando todo lo que estudié y lo que lloré en los entrenamientos para darla toda.
Antes de entrar al tatami me sentía tranquila, pero estaba mi familia, mis amigos, además de estar en al casa y sentir la necesidad de representar de la mejor manera para hacerlos sentir orgullosos, sentí mucha presión; a pesar de esto mi entrenador conversó conmigo, me aconsejó que debía estar muy tranquila, con alma, mente y corazón en el combate y eso me permitió calmarme un poco y desde el primer momento que toqué tatami todo desapareció, pudimos dar toda la guerra posible.
Se le escapó la medalla de oro, ¿qué siente en este momento?
Tuve dos contrincantes para definir oro y plata, Valle y Boyacá. El primer combate fue con Valle, muy duro, prácticamente fueron los 4 minuto en el tatami, una competencia muy reñida, pero hubo una falla, cambié la táctica y por este error perdí la medalla de oro Disputé entonces la medalla de plata con Boyacá, al principio un combate extraño porque traía el susto de haber perdido el oro, pero sentí que debía irme con la de plata sí o sí y así fue, todo con convicción y la mente puesta en la competencia.
¿Visionó colgarse este metal plateado?
Me tenían estipulada para ganarme la de bronce, pero entré con hambre de victoria y quería ir por la de oro o la de plata. Al principio estaba un poco decepcionada de haber perdido por nada la medalla de oro, pero cuando obtuve la de plata me tranquilicé y sentí que la había dado toda, que había dejado el corazón en el tatami para poder sacar mi Quindío adelante. Esta medalla vale por todo el proceso, los llantos, la frustración, los entrenamientos, los golpes y todas las demás situaciones que me hacen sentir que me la merecía.
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