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"Educar con amor para cambiar vidas"

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miércoles, 22 enero 2020

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Mónica Amanda Ramírez aseguró que lo que debe mover al ser humano es el servicio y la empatía con los demás. 

Si se pudiera sintetizar en una frase la esencia de su labor esa sería: transformar existencias mediante el amor, la educación y la espiritualidad. Mónica Amanda Ramírez Solorza irradia cariño en su entorno. Esta hospitalaria y carismática dama soñaba con ser monja, pero por cosas del destino terminó ‘evangelizando’ desde el arte de educar y de la sicopedagogía. Actualmente dirige la fundación Amanecer y desde allí beneficia a 900 niños vulnerables de 6 escuelas de la zona rural de La Tebaida. Mediante convenios especiales les brinda alimentación, clases de danzas, música y agricultura para que usen productivamente el tiempo libre. Para ella cualquier maestro puede cambiar el mundo desde el suyo. En su diálogo con LA CRÓNICA quedó claro que es una inspiradora de buenas conductas y de humanismo. 

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¿Quién es Mónica Amanda Ramírez? 
Nací en Armenia y me hice maestra por inspiración. Quería estudiar para ser monja una vez, pero como que por ahí no era. Me gustaba mucho la medicina y un día me di cuenta, mientras estudiaba para ser religiosa, de que la gente necesitaba educación, que si les entregábamos eso ellos podrían pararse en sus propios pies. Es allí cuando decidí entregar mi vida a la enseñanza. Llevo más de 40 años como maestra. Me gradué en la Normal Nacional de señoritas de la capital quindiana y después me eduqué en la universidad del Quindío como sicopedagoga. Más adelante estudié neurosicopedagogía, soy una enamorada de la neurociencia, de cómo funciona el cerebro y de todas las riquezas que hay para explotar en beneficio de los niños y de los jóvenes. Soy una educadora por naturaleza. A mí me inspiran muchos los maestros de los pueblos, aquellos que en el pasado eran los líderes de las poblaciones, que las conocían y se conectaban con sus familias. 

¿Qué metodologías aplica en la educación? 
Soy de hacer visitas domiciliarias para analizar cómo está el entorno del niño y de su familia, qué dificultades tiene que afectan su aprendizaje. He trabajado mucho la inclusión en los colegios de Armenia. Las personas que me postularon al premio a la Mujer Comfenalco Quindío fueron directoras de las instituciones con las que he trabajado: Comfenalco, Mi Granjita, El Mundo del Juguete. Hay un médico voluntario que se vinculó a ayudarme con la fundación.  Acá soy la asesora pedagógica y orientadora escolar de dos instituciones de la primera infancia. Hay que identificar cualquier cualidad que tenga la familia y potencializarla. A veces los niños quedan en manos de abuelos, hay que apoyarlos, si quedan en poder de cuidadores, hay que ayudarles y si están a cargo de instituciones, hacer el mejor papel posible. 

Una vez establece un diagnóstico del estado en el que viven los niños, usted busca una red de apoyo para ellos. Cuéntemos sobre eso.
Primero la familia, se busca a la escuela y a una buena red que apoye el sueño de cualquiera de los maestros. Esta puede estar en el gobierno, entonces se persigue. Hasta a los bomberos les pedí colaboración en un momento que los necesitábamos. Tengo acercamientos con los profes de la Normal para que vengan y ayuden, en las embajadas y a las personas de buena voluntad para que apoyen no solo desde lo económico. Hay médicos y personas que están terminando sus carreras y quieren hacer otras cosas, entonces se vinculan. 

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¿Cuáles han sido sus más recientes proyectos? 
Los dos últimos que implementé con Amanecer, en La Tebaida, fueron After school y Gratitud. El primero es la respuesta a la necesidad urgente de atender a los niños después de la escuela. Me di cuenta de que algunos llegaban con hambre porque tenían derecho en el comedor a desayuno, pero los que desayunaban no almorzaban y los que almorzaban llegaban a las 2:00 p. m. con hambre. Entonces no los podía poner a cantar y a bailar si no habían comido. Dos días a la semana laboro en Mi Granjita como orientadora escolar de padres, maestros y niños, el dinero que me ganaba allá empecé a meterlo en comida para los chicos mientras buscaba más cooperación. El día del Niño y en la Navidad se vincularon distintas instituciones con regalos. Me gusta trabajar con los chicos que tengan más dificultades, porque en una labor de esas se tocan a aquellos que sufren. Uno de los pequeños estaba en primero de primaria y no había podido ganar el año porque no le hicieron una intervención del lenguaje. Le dije a la mamá que buscara una cita con la EPS y cuando le mandaron las terapias le colaboré con los pasajes y ganó el año. Empezó a hablar y él mismo, muy feliz, me decía que ya hablaba. Era un problema solo de intervención, de amor y de compromiso. Hicimos que los niños con agresividad se calmaran, que los que no tuvieran buena autoestima la lograran e inmediatamente empezaron a ver en la escuela los cambios, porque su nivel académico subió. 


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