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El caricaturista quindiano que también ayudó a resolver crímenes

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sábado, 24 abril 2021

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Odió las clases de español y con el dibujo se sintió libre. 

La vida del calarqueño Jairo Peláez Rincón, conocido con el seudónimo de Jarape, ha girado en torno a 2 oficios, por un lado es químico forense de la Universidad Nacional, recientemente se jubiló por cumplir esa labor con el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, aunque es más popular por hacer, con mucho humor e ironía, caricatura política y social en medios impresos como el diario La República, El Tiempo y El Espectador, donde se ha dado a conocer por su famosa caricatura de Cándida. 
Por un corto periodo tuvo una propuesta llamada El laboratorio de Jarape, en el diario Nuevo Siglo de Bogotá. Con su arte ha dejado en alto el nombre del Quindío en distintos eventos internacionales en los que ha participado con mucho éxito. 
Fue seleccionado en el Festival del Humor del Grabovo, en Bulgaria; fue premiado en la edición 20 del Umoristi a Marostica, en Italia; obtuvo el noveno lugar en el Knokke – Heist de Bélgica, en 1989 recibió el Premio Nacional de caricatura Ricardo Rendón, concedido por el semanario Voz; en 1999 la gerencia de Cultura del Quindío le concedió la distinción Retablo Quimbaya en la modalidad de joven talento. 
También ha publicado los libros ¿Y qué es el cuento de la antropía? y Humor se escribe con H. Jarape les contó a los lectores de LA CRÓNICA algunos detalles de su trayectoria y de su amor por lo que hace. 

¿Qué se hacía en el Taller del Humor, del que usted hizo parte y qué tanto le aportó a su labor como caricaturista?
El Taller del Humor fue mi puerta de entrada al mundo profesional de la caricatura. Sin él no habría desarrollado mi estilo como caricaturista. Todo se lo debo a Bernardo Rincón y a Jorge Grosso, quienes, generosamente, abrieron para mí esa puerta. Gracias a este publiqué mis primeros trabajos en el diario El Tiempo.
En el taller, como su nombre lo indica, en todo momento se hacía el humor. Pero la labor más importante fue descubrir talentos; Germán Fernández, Marco Pinto, Elena María Ospina, León, Unomás, Juan Carlos Nicholls, Yayo y un largo etcétera. Recuerdo muy especialmente cuando Berta, a quien yo conocía, un día me llamó porque su hijo venía a estudiar a Bogotá y quería entrar al mundo de la caricatura. Me preguntó si podía ayudarlo a entrar allí y claro, lo invitamos al Taller del Humor. Ese pichón de caricaturista es nuestro grandioso y admirado Vladdo.

¿De dónde surgió esa combinación de roles tan particulares en su vida: la química forense y la caricatura?
Entrar al mundo forense fue un evento muy afortunado que me permitió crecer como químico. La caricatura como una forma de ver la vida y de representar humildemente a mi Quindío, que amo tanto.

¿Cómo nació la idea de crear al personaje de Cándida?
Cándida, como muchos personajes caricatográficos, nació como producto del azar. Un día se me ocurrió abordar un tema social, cuyo eje central era una trabajadora sexual, y descubrí que a través de ella temas de este estilo adquirían cierta relevancia. Algunos cómics de Cándida son divulgados por la gobernación del Quindío en la publicación conocida como El laboratorio secreto de Jarape, impulsada por el entonces secretario de Cultura, Carlos Alberto Villegas. La publicación llegó al estand de la Escuela Colombiana de Caricatura en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Filbo, y de allí, a través de Helman Salazar, a manos de Fidel Cano, quien decidió darle vida en las páginas de El Espectador. En realidad, Cándida les debe su supervivencia a ellos 3.

¿Dónde se ha sentido más a gusto con la caricatura o con la química forense?
Con ambas. Las 2 son muy sociales. Mis informes forenses han apoyado a la justicia a tomar decisiones justas. Y, espero, que mis caricaturas hayan hecho sonreír o pensar a muchas personas.

¿Cómo llegó usted a ese mundo de la caricatura política y social y dónde lo aprendió?
La Universidad Nacional, en especial la difícil década de 1980, fueron el motor para que mis dibujos fueran enfocándose en lo que sucedía en el mundo y, muy especialmente, en Colombia.

Vea también: Jairo Alberto, un crítico de lápiz y de palabras

¿Qué caricaturistas admira y por qué?
La lista es enorme y va en constante crecimiento. Todos los días descubro dibujantes, aquí y en el exterior, que me ponen los pies en la tierra y me gritan, sin palabras, que sigo siendo un principiante. Para no ser injusto con tantos colegas solo nombraré —porque sé que ellos me lo permiten— a mi hija Laura Patricia, quien firma como Guaica. Tiene formación como diseñadora gráfica y es dueña de una línea e ingenio muy personales. Ya ha publicado sus primeras ilustraciones en el periódico El Tiempo.

¿Cuénteles a los lectores cómo es ese proceso suyo para crear una caricatura? ¿Qué lo inspira? 
Leer, ver, escuchar e interpretar. ¡Y mucha disciplina! Esa es la receta. Errar muchas veces para alcanzar algún nivel de perfección. Más que inspirarme, me obliga a tocar temas, que muchas veces no quisiera, el engaño y la burla a las que nos someten los gobernantes, casi siempre con nuestra aprobación. ¿Recuerda, por ejemplo, el “menos impuestos y más salario mínimo”?

¿Qué ha sido para usted lo más grato de ser caricaturista? 
La cantidad de maravillosos seres humanos a los que la caricatura me ha acercado. Algunos, como la talentosa Cecilia Cáceres o el genial Édgar Ródez, ya han partido, pero quedan muchos más con los que quisiera poder compartir más a menudo.

¿Alguna anécdota particular que recuerde relacionada con sus labores, tanto como químico forense o como caricaturista y que le quiera compartir a los lectores? 
Tal vez 2 anécdotas que unen ambos campos, la primera fue un caso en el que me solicitaron cotejar 2 grupos de mechas de tejo; una encontrada en una cancha de este deporte, donde asesinaron a una persona y la otra, unas mechas halladas a un sospechoso del crimen. A pesar de que realicé análisis químicos, el caso lo resolví a través de una caricatura de Calvin & Hobbes. Publiqué un artículo sobre el tema en una revista de la Universidad Nacional.
La segunda, es que la caricatura me llevó a ser parte de los equipos editoriales de 2 revistas forenses internacionales: Anil Aggrawal’s Internet Journal of Forensic Medicine and Toxicology de la India y Adli Tip Bülteni de Turquía cuyo editor, el doctor y profesor Halis Dokgöz es médico forense y caricaturista. 


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