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Su compilación de sellos postales asciende a 10.000, organizadas en 7 álbumes. Dará una exposición el próximo 17 de septiembre, en el centro comercial Unicentro.

La filatelia en José Nóbar Pineda González asomó porque en 1964, mientras estudiaba en la escuela Girardot, de Calarcá, un docente les dejó como tarea llevar 10 estampillas colombianas y 5 extranjeras. Para esta actividad, les enseñó la técnica para despegar y pegar las estampillas, recurso que aprendió con cuidado. En esos días fue puerta a puerta en su barrio preguntando a los vecinos si contaban con estampillas que poco a poco reunió para su tarea.

“Después de que fue calificada, muchos compañeros me regalaron las estampillas y algunos vecinos, después, me siguieron pasando las estampillas. A mí me gustó mucho por las figuritas. Empecé en un cuaderno de dibujo pequeño, después empecé a llenar un cuaderno de dibujo grande y también lo completé. Luego llevé las estampillas a un álbum de fotos y también lo llené”, cuenta sobre sus inicios como filatélico.

José Nóbar nació en Quebrada Negra en 1952. Es hijo de padres santandereanos que arribaron al Quindío para arar la tierra. En el instituto Robledo de Calarcá preparó su bachillerato académico y más adelante, ingresó a la universidad La Gran Colombia para educarse en derecho.

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Es especialista en docencia universitaria y en derecho comercial. Escribió 2 libros virtuales: Derecho comercial general y Sociedades comerciales. “Estos libros los orienté para mis estudiantes, son textos académicos que empecé a trabajarlos desde 1993”. Fue docente universitario durante 22 años en Armenia, Pereira, Cali y en Sevilla. Asesoró empresas y fue abogado litigante. Es padre de Juan Carlos y esposo de Bellavéniz Huertas Galeano.

En Bogotá, cuenta que afirmó sus saberes sobre filatelia. Visitó a los grandes pioneros, conocedores de este arte, ellos le sugirieron técnicas y le aconsejaron rutas para obtener estampillas. “Yo empecé a comprar bolsadas, libros de estampillas. Ellos me orientaron, me explicaron en dónde podría inscribirme para que me llegaran las nuevas estampillas”.

La historia de las estampillas es curiosa. Aparecieron en el año 1854 en Inglaterra. “Había un profesor en el campo y allí, a su campiña, llegó el empleado de los correos a llevar una carta. En esa época, si los destinatarios no tenían para pagar, el empleado se regresaba con la carta y normalmente el mensaje se perdía. Por eso, un señor decidió pagar el porte de la carta y le pidió que la entregara. La historia cuenta que la carta era del estado de Inglaterra, diciéndole a la familia que les pagarían una indemnización. Fue así como el señor propuso en la asamblea de Londres que se hiciera una estampilla en un papel pequeño y que fuese el remitente quien la pagaba”.

Hay varias formas de coleccionar. José Nóbar compila sus estampillas de distintas maneras. La primera, de manera cronológica -tiene 2 álbumes que titula: primer centenario y segundo centenario-. La segunda, estampillas extranjeras sobre diversos temas: tiempo, deporte, fauna, flora, personajes famosos, entre otros. Cuenta con estampillas de África, Canadá, Europa, Oceanía, las Américas.

Su inventario cuenta con una colección de más de 10.000 estampillas organizadas en 7 álbumes. Pertenece a varios clubes filatélicos y posee una página mediante la cual mantiene contacto con personas de otros países.

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Como le interesa dar a conocer su pasatiempo, se propuso realizar una exposición el próximo 17 de septiembre entre las 10 a. m. y las 6 p. m. en el centro comercial Unicentro de Armenia. “Quiero sembrar la inquietud, la idea. Enseñar que existe este mundo extraordinario del conocimiento y del arte. Esta exposición tendrá 2 grandes temas: cronológica y temática. La titulé: ‘La historia de la estampilla y la estampilla en la historia’”.

José Nóbar es un filatélico no un filatelista. Los segundos son los mercaderes, quienes venden las piezas, pero los filatélicos son quienes sienten amor por las estampillas. “Esto hay que decirlo, contarlo, quiero llevar la filatelia al mundo exterior. Me siento muy contento con todo lo que ha pasado”. Para un filatélico, las estampillas son como obras de arte, su valor es enorme. “Yo tengo la estampilla más pequeña del mundo, es colombiana”, dijo el calarqueño.


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