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El intérprete de baile que danza para conservar sus raíces

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lunes, 28 agosto 2023

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Como próximo destino tiene a Boston, donde irá a un festival de danza en representación de Colombia. 

El bambuco y la danza, géneros que cataloga como sus favoritos, le hacen sentir que cada segundo de sus 14 años de carrera han valido la pena, los sacrificios y alegría que en cada escenario local, nacional o internacional, logra plasmar. 

Cristian Andrés Velasco Murillo, tiene 30 años, nació en Armenia, Quindío. Es zootecnista de profesión y especialista en nutrición animal, carrera que le permite desempeñarse en la actualidad en la empresa número uno en avicultura. 

Este quindiano descubrió su gusto por la danza en el año 2007 en el colegio Robledo de Calarcá, en el grupo de danzas del colegio y en el 2009, decidió pulir este talento, ingresando a la corporación cultural Danzar en la escuela de formación, con tan solo 16 años. 

Sin renunciar a su sueño de convertirse en uno de los mejores, no ha dejado de bailar ni un solo momento, aprovechando y valorando la oportunidad de ser el único entre 70 bailarines en quedar elegido para representar al grupo principal.

Su amigo Víctor, su director, parte de su familia y el grupo han hecho posible que este bailarín pueda expresarse a través de la música y cuerpo. Danzar ha representado una puerta abierta hacia el éxito, la que le ha permitido explorar su potencial y a través de él, superarse. 

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Con la ilusión postergada desde el 2019, pero con los objetivos claros para ganar, entrenó y pulió su talento para presentarse con su equipo en el Festival Nacional del Pasillo Colombiano llevado a cabo en Aguadas, Caldas, de donde salieron victoriosos en la modalidad de coreografía grupal; ratificando con este logro que la preparación y el esfuerzo valdrán siempre la pena. 

¿Cuáles son los escenarios que ha visitado gracias a su talento? 

He podido viajar con la corporación a diferentes partes del mundo, he estado en el festival de la Cioff en Perú, dos festivales en México, también he podido visitar varias regiones de Colombia en algunos festivales a los que nos hemos presentado, y último que se me presentó y que siempre había anhelado ganar, desde hace 4 años que viajamos pero no pudimos obtener el primer lugar, pero este año y después de mucho trabajo muy duro, pudimos clasificar a la final del Festival Nacional del Pasillo y poder ganarlo, lo que para mí representó llegar al punto más alto de mi carrera dancística.

¿Qué experiencias gratas destaca de la danza?

La danza me ha permitido muchas cosas lindas, una de ellas es poder socializar con la gente, tener la alegría que siempre intento plasmar en los escenarios y en la vida diaria, conocer muchas partes, culturas, tradiciones, aportar al país y al Quindío, pudiendo resaltar en cada baile y lugar la cultura y tradición cafetera; así creo que he contribuido llevando este tipo de riquezas a otros países y lugares, compartiendo historias, justificándolas, viviéndolas y disfrutando de ellas. 

¿Por qué es tan importante para usted la historia de quienes pudieron gozar del pasillo y el bambuco? 

Como soy zootecnista, vivo en el campo, trabajo allí con los campesinos, con los abuelos, con las esposas de los campesinos, quienes se levantan temprano a servir una taza de café caliente en un pocillo de porcelana para su esposo, de quienes me cuentan historias de cómo enamoraban a las mujeres en las fiestas bailando bambucos y pasillos, invitándolas, cómo macheteaban, saber lo que es ir todos los días a trabajar recolectando café o arriando ganado, es uno de los motivos que me ha llenado como persona, profesional y bailarín siempre. 

¿Logra unir de alguna forma su gusto por la danza y su profesión?

Casi siempre se tiene la creencia de que el zootecnista se preocupa solo por los animales y ya, pero realmente el trasfondo de las dos es que hay que trabajar con gente también, personas, en el caso de  mi profesión que no conocen todavía la tecnología, motivo que uno por vivir en un pueblo o ciudad pasa de largo, es demasiado grato, escuchar historias de muchos años, cuando no existía todo lo que hay hoy día, donde se comunicaban por cartas, por flores, se volaban juntos por amor, cómo bailaban en las fiestas los pasillos, cómo danzar significaba una llave hacía el amor; hace que haya una interacción muy bonita e importante no solo con ellos, sino también con mi gusto por danzar. 

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¿Qué es lo más grato que le ha dejado esta trayectoria como bailarín? 

He tenido personas maravillosas que se han cruzado en mi camino, Una de ellas es Víctor Hugo, quien aparte de ser el director, ha sido una persona que me ha apoyado en muchos momentos difíciles de la vida, la danza aparte de eso me ha ayudado a liberar todo ese tipo de estrés y conflictos que he tenido con mis experiencias con otras personas, ha sido una salida a muchos problemas y circunstancias críticas. 

Como un bailarín joven, ¿de qué forma cree que la danza contribuye al desarrollo de una sociedad? 

La danza es una de las salidas más positivas que existe para una vida social respecto a la juventud en este momento, hay que recuperar la juventud con tradiciones de nuestros antepasados, con la intención de crear una cultura más limpia, sana y agradable. La danza, más que proyectarse como una interpretación de una coreografía, es un aporte que cambia vidas y suple muchas necesidades de los jóvenes. 

¿Cuál es su género musical favorito para danzar?

Soy amante de los pasillos y el bambuco; el pasillo representa la fiesta y el bambuco el enamoramiento. 

¿Cómo piensa fusionar el arte de danzar con su profesión? 

Quiero recuperar tradiciones, sé que soy un intérprete de baile, pero también las historias y experiencias literarias que me están brindando, me ayudan a reforzar y a sentir esa pasión. Me gustaría trabajar en algún momento con la corporación para hacer socializaciones de las interpretaciones y de la parte coreográfica, sumando las experiencias literarias que nos cuentan en el campo. Me gustaría que la gente no se olvidara de aquellos que aún tienen historias por contar, que es lo único que en este momento nos queda para poder rescatar de los antecesores.


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