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En la casa de la cultura de Calarcá Lucelly García de Montoya, tiene lugar su más reciente exposición, un conjunto de piezas artísticas que evocan la tradición cafetera y el interior de esas viviendas propias de la época reflejadas en la hermosura de las tonalidades y el único del arte del maestro para retratarlas. 

Fernando Valencia nació, estudió y se crio en el municipio de Calarcá, donde tiene los mayores recuerdos de su infancia y el desarrollo de su existencia. Al arte decidió darle su voto de confianza desde temprana edad, retratando entonces las necesidades de ese momento de su vida; fueron entonces los dibujos de héroes los que incentivaron la necesidad de ir más allá de sus capacidades y redefinir este don artístico. 

Aunque largo fue su paso por las artesanías, la necesidad de evolucionar lo desembocó en la pintura, una amiga de la cotidianidad, y compañera del día a día que evocó en este maestro su más fiel deseo de retratar su realidad, esa que a su alcance fue transformando en pinturas los elementos que lo acompañaban a diario, los rincones que eran cómplices de sus trazos y las ganas de hacer de cosas simples y comunes, el mayor atractivo y factor diferencial de su proceso artístico, un arte que desde lo simple es capaz de mezclar con los colores y la tradición, la magia de poder plasmar a detalle lo que pocos pueden percibir, pero lo que tantos muchos acostumbran a pasar de largo en el afán de vivir, para el maestro, la belleza de la cotidiano. 

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¿Cómo descubrió tener el don para el arte?

Desde pequeño rayaba, copiaba dibujos de tiras de héroes y eso me fue sirviendo para darme cuenta que contaba con esa facultad de que lo que hacía se asemejara mucho a lo que veía. Esto fue aproximadamente a los 10 años de edad. 

¿Ha explorado usted otros campos del arte o desde el inicio le apostó a la pintura? 

Primero hacía artesanías, con estas me fue muy bien, trabajé con ellas 15 años, pudiendo ganar premio nacional de artesanías, además pude ganarme una ida a México durante 1 mes y otros premios que me concedieron en el país. En ese entonces hacía artesanías costumbristas que eran todos los oficios y labores del campo y la ciudad, eran muy similares a la pintura. 

¿Cómo y por qué hace finalmente la transición hacia las artes plásticas? 

Aunque me había ido muy bien con las artesanías, me sentía incómodo, en realidad lo que quería era la pintura; un día cualquiera se lo comenté a un médico y él sugirió cambiar aunque fuera medio día mi labor, así lo hice y en últimas decidí quedarme pintando, involucrando esta labor a mi día a día. 

Maestro, ¿desde cuándo pinta y qué empezó a motivar esas primeras pinturas? 

Recuerdo pintar más entregado desde hace 20 años, las primeras pinturas que empecé a realizar, teniendo en cuenta que soy una persona más bien retraída y un poco aislado de las personas ya que tuve una operación en mis pies, lo que tenía para retratar era mi entorno, lo que tenía más cerca, el comedor, la sala, yo me movía en los rincones de la casa y eso era lo que retrataba, una habitación, mis espacios más cercanos. 

¿Qué premios ha podido ganar con su arte? 

Participé en una convocatoria del Banco de la República, allí me presenté con un cuadro llamado ‘Altar de Santos’, un altar tradicional de la época, como parte de elementos que estaban a la mano; en las casas siempre hubo un altar en los que la gente rezaba, así que decidí pintarlo, pero este era un altar con muñecos, incluidos claramente los santos. Yo con este cuadro gané, pero irónicamente había un señor, quien manejaba la sala, y a pesar de que la gente dijo que mi obra era la ganadora, este señor disimuladamente puso otro en ese lugar, yo en mi inocencia no reclamé nada, pero tuve el pergamino en mis manos que había sido el ganador. Ese altar se vendió casi que inmediatamente, fue un comprador de Pereira. También he podido ganar menciones en el Salón de Artistas Quindianos y también he sido el ganador de este espacio. He estado en convocatorias del Salón Nacional espacio para la zona del Eje Cafetero en el que quedé como finalista. 

Ha pintado también sobre la cultura y tradición cafetera, ¿por qué pintar y retratar de esa forma lo que esto representa? 

Yo el trabajo lo planeo muy empírico, pero gracias a mi carrera en la universidad y por haber entrado al Salón Nacional, no tuve que presentar trabajo de grado, entonces me valieron tesis, la cual iba sobre la investigación en la vida de la colonización antioqueña en imágenes, de ahí ahondé más y el tema quedó trazado. Dada la coincidencia, hice un salto muy grande porque hasta ahora el PCC muestra lo que es la cordillera, el café, las casas en su exterior, las costumbres, el arriero; mostrando los interiores, pero no mostraron nunca muchas cosas tradicionales que también componen ese PCC; un ejemplo de ello era la llegada del circo que era muy tradicional, por eso este cuadra sorprende a la gente ya que se les hace nuevo porque están acostumbradas a que el circo es un carro que grita, pero para ese tiempo era como lo que yo retrato dentro de este cuadro que se encuentra expuesto, junto con muchos otros, en la casa de la cultura de Calarcá. 

¿Cuál es entonces su sello personal, qué lo hace diferente de los demás artistas? 

Yo siento que lo que me diferencia a mí de los demás artistas es la investigación que realizo y la forma en que armo un cuadro, algunos tienen imágenes sobre las que logran ser muy fieles, aportando de pronto poco a la obra, en cambio yo prácticamente la armo de cero, buscando, investigando, aportándole un valor diferencial y agregado a este proceso personal; así mismo mis obras van acompañadas con la evolución del color, yo puedo jugar con él dentro de ellas y esto las hace mucho más llamativas en cuanto a composición. Hago obras particulares, sin darme cuenta. 


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