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"El teatro me escogió": Jaime Torres

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miércoles, 5 febrero 2020

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Llevó a un grupo de reclusas de Armenia a participar en una obra de teatro en el Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá. 

Desde pequeño, Jaime Torres respiró arte: pintaba, cantaba y tenía esa sensibilidad que caracteriza a la gente de este gremio. Pero a los 15 años, cuando alguien descubrió su talento y lo invitó a hacer un personaje en una obra de teatro, descubrió que actuar era lo suyo y desde ese momento ha llevado esa labor hasta en los poros. Es un hombre que a sus 44 años de edad vibra con ese oficio, lo ejerce y lo enseña con maestría en su rol de docente del diplomado de artes escénicas del Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Este artista de las tablas le contó a LA CRÓNICA detalles de esa pasión que lo mueve.
 

¿Quién es Jaime Torres?  
Soy un artista de tiempo completo. Soy director de la agrupación independiente Teatro Equiz y actualmente soy docente del Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío, donde llevo cuatro años.  

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¿Por qué escogió el teatro? 
Creo que el teatro me escogió, porque vengo de una familia donde la tradición era otra, en la que los hombres ocupaban ciertos oficios. De pequeño tenía una forma diferente de ver el mundo, me atraían más los colores, dibujar, cantar y las representaciones.  Yo me ocupaba en ese tipo de cosas y no me interesaron las labores de los hombres de la casa, que pasaban tradicionalmente en la herencia de la familia. A los 15 años tuve la primera oportunidad, me invitaran a un ensayo de una obra con Pedro Miguel Rozo Flórez. Por eso digo que este arte me escogió, porque fue como una casualidad del destino. En ese momento él estaba en el teatro Luna y en el grupo existía una mujer llamada Sandra Janeth Zapata, quien aún acompaña a Pedro en Bogotá. Ella me dijo que fuéramos a un ensayo de teatro y desde ese día no me he desprendido de este mundo. Recuerdo que llegué a ese grupo y faltaba alguien para un papel protagónico de una obra, que incluso escribió él, estaba buscando quién interpretara a un sacerdote y apliqué para ese personaje y me di cuenta de que tenía un talento natural para la actuación, me sentí como pez en el agua. Supe que era algo que sabía hacer muy bien y que con eso podía salir adelante en la vida. Además, era algo que a nivel personal me llenaba bastante. 

¿Cuál es el mayor premio que ha recibido? 
El año pasado me llamó el ministerio de Cultura para que fuera el representante a nivel de Armenia de un proyecto que se llama Escenarios para la vida. Allí capacitan a los gestores y a los creadores locales con miras a una posible profesionalización de artistas. Trajimos un diplomado en dramaturgia con el maestro Rodrigo Vélez y dirigí este proceso en la capital del Quindío. Me parece que ese es un reconocimiento. El reconocimiento para Jaime Torres es muy valioso, pero el verdadero está en la humanidad del otro. Los procesos que lidero en el Instituto de Bellas Artes no se tratan de que vaya a enseñarles técnicas o a actuar, yo hago que los estudiantes se encuentren con ellos mismos, que descubran sus valores, sus falencias y sus capacidades. Lo que hacemos en el diplomado de artes escénicas es un viaje al interior para poder crear. Además, estuve en el Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá como invitado, con un proyecto que se hizo con unas reclusas de la cárcel Villa Cristina, que fue liderado por la actriz de televisión Johana Bahamón y por el ministerio de Justicia. Era un concurso nacional de penitenciarias en el que  Armenia ganó y el premio era una invitación al mencionado evento.

Cuéntenos detalles del Teatro Equiz…
Fue fundado en el año 2003, es una agrupación de teatro independiente, porque no dependemos de recursos del Estado, nos hemos movido de cuenta propia y  también viajamos por el país. Teatro Equiz es del mundo porque funciona en el aire, no tenemos sede y vamos a donde nos invitan. Tuvimos varios proyectos con la Alianza Francesa, con entidades estatales, como la gobernación del Quindío, pero nunca compitiendo por las bolsas culturales, no porque tenga algo en contra de eso, sino que me parece que a nivel local hay muchos artistas que están pendientes de esto. Yo no tengo que trabajar por necesidad, hacer arte por eso me parece terrible. No soy mercader de la cultura. 

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El actor Fabio Rubiano le permitió reproducir una obra de él, ¿cuál es y cómo fue ese proceso? 
Los textos se vuelven como los pretextos para decir cosas. Me parecía muy doloroso lo que pasaba en las montañas, que llegaban un poco de uniformados y ‘fumigaban’ una cantidad de campesinos y casas, como si no hubiera niños y ancianos, como si no tuvieran nada que ver. En los registros de la historia están las masacres de Machuca y la del Cauca, las cuales  documentó Fabio Rubiano en una obra que se llama  Cada vez que ladran los perros, que es la que actualmente está rodando Teatro Equiz. La representación hace denuncias sobre la memoria de la guerra. En realidad mi contacto con Fabio Rubiano fue mínimo, fue más con Pedro Miguel Rozo, con quien tengo una relación muy cercana y él sí tiene una mayor cercanía con el actor Rubiano, ya que años atrás montaron juntos la obra. Mediante Pedro y de la mano de Fabio, conseguí el texto de la obra mencionada. 


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