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Ella es la "˜Milla de oro' en LA CRÓNICA

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lunes, 9 marzo 2020

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Empezó como digitadora el segundo día de circulación del impreso quindiano.

Se podría decir que Luz Miriam Orozco Soto, más conocida como Milla en el periódico LA CRÓNICA, ha sido un valuarte en el desarrollo del medio de comunicación escrito del Quindío. Solo le falta tener acciones de la compañía. Llegó el 3 de octubre de 1991, cuando apenas se publicaba la segunda edición. De sus 49 años de vida, 29 los ha dedicado a esta empresa periodística, a la que llegó por azares de la vida, cuando apenas tenía 20 años. Estaba recién graduada como auxiliar contable. En esos primeros días su función fue la de transcribirle las noticias a los periodistas. Tiempo después, una diagramadora dejó la vacante y ella asumió el cargo hasta el sol de hoy. 

Es una figura tan representativa para el medio periodístico, que cuando apenas empezaba la construcción de las actuales instalaciones, ella fue la encargada de dar la primera palada simbólica para que los obreros iniciaran la edificación. 

Milla ha sido testigo de las alegrías y también de los momentos difíciles de esta empresa. Ha visto desfilar a todos los periodistas, editores, publicistas, comerciales, directores, diseñadores y gerentes. Cada uno de ellos tiene historias para contar sobre esta mujer, porque como ella misma lo afirma con algo de gracia: “Soy un patrimonio de la empresa”. Compartió con los lectores algunos apartes de su historia, que tranquilamente podrían ser una crónica para homenajear a las mujeres que están tras bambalinas en las salas de redacción de los periódicos. 

¿Cuáles fueron sus primeras labores en LA CRÓNICA? 

Entré como digitadora, así figuraba en el contrato de trabajo. Entonces le digitaba las noticias a los periodistas. Resulta que en el periódico solo había un computador en el que se hacía la diagramación y creo que solo dos más en los que se tenían que escribir los textos de las noticias. La mayoría de los reporteros llegaban con las informaciones de los hechos y las redactaban en una máquina de escribir, que por ahí está colgada entre las reliquias del periódico. Ellos escribían sus textos y yo los pasaba a computador. 

¿Por la falta de tecnología, el proceso de la elaboración del periódico era más complejo?

En esa época laboraba todo el día y parte de la noche. A veces salía a las 11 o 12 de la medianoche, eso era tremendo porque todo lo grabábamos en disquete. A la primera que tenía que atender era a Rubiela Tapasco, que era la jefe de redacción en aquellos días y tenía prioridad sobre el resto de los periodistas. Ella me dictaba las noticias. 

¿Es verdad que le tocó una alerta de bomba cuando el periódico quedaba en el centro de Armenia? 

Sí, unas dos veces tuvimos escaramuzas por amenazas de una bomba. Una de esas fue casi empezando, cuando se dio una alerta y nos hicieron desalojar a todos y también a los que habitaban en los edificios aledaños. Lo que pasa es que como estaban con esa paranoia del terrorismo que ejercían los narcos contra el Estado, alguien dejó un paquete cerca al periódico, pero resultó ser una falsa alarma. 

¿En los inicios, cuántas personas laboraban en la redacción? 

No pasábamos de 10. En esa época solo hacíamos 8 páginas, entonces estaba la persona encargada de la sección económica, la de deportes, la de judicial, el reportero gráfico, la jefe de redacción, una diagramadora y una digitadora, entre otros. 

¿Qué ha incidido para que haya permanecido tanto tiempo en este medio? 

En todos estos años he tenido momentos en los que he tenido ganas de irme porque se siente uno algo estancado. Pero en algo tengo culpa porque me concentré solo en el trabajo durante todos estos años. Lo otro es porque era algo que apenas arrancaba, entonces no me daba el tiempo ni los recursos para pagarme una universidad y hacer otros estudios. Pasaron los días y terminé absorbida por las labores, entonces seguí aprendiendo más de lo que hacía y no vi la necesidad de partir para buscar otros horizontes, pero sí lo consideré. 

¿Qué de cierto tiene que usted posee acciones en LA CRÓNICA? 

¡No!, eso es mentira. Ojalá tuviera al menos una centena de acciones, pero no. Yo soy más bien como un patrimonio de la empresa. Antes tenía un compañero que era contador y me decía: “A usted no la pueden dejar ir porque los bienes muebles y los activos de LA CRÓNICA no pueden salir”. Eso era una charla, pero viéndolo bien, terminó siendo verdad. 

A usted la molestan los compañeros de trabajo, ¿le incomoda eso? 

De pronto algunos comentarios alguna vez me molestaron, pero la mayoría no porque lo tomo como pequeños recreos que tenemos para cambiar la rutina, que me cogen de parche a mí, pues bueno, ¿qué se va a hacer? Entonces también les sigo el juego, pero cuando alguien le toca también se lleva lo suyo. A mí eso se me hace hasta gracioso.

¿Cómo vivió la experiencia del terremoto en el periódico? 

No habíamos terminado de almorzar y estaba mi jefe de diseño ahí, cuando estábamos en plena carrera 14 con 17 de Armenia. Fue bastante difícil porque apenas ocurrió todos nos dispersamos y cada cual quería llegar a su casa. La edificación en la que estábamos no se cayó, pero sí crujió bastante. 

Gracias a Dios a ningún compañero le pasó nada. A mí lo único que me pasó fue que me cayó un palo de madera en la cabeza, pero en medio de la adrenalina y del susto no lo sentí, solo me di cuenta cuando una compañera me vio sangrando después de un rato. Al día siguiente no circuló el periódico.


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