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Fabio Osorio, un irreverente conquistado por la novela

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domingo, 22 agosto 2021

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Su primera biblioteca la tuvo a sus 8 años, la hizo en un barranco con cajas de medicamentos que simulaban ser libros.

Fabio Osorio Montoya, un hombre irreverente y alejado del círculo cultural del quindiano, continúa con la liberación de sus sentimientos y emociones a través de la escritura, sumando obras a su trayectoria literaria.

Se dejó encantar por la magia de la lectura desde que tenía 7 años. Desde ese momento decidió aventurarse en las letras y reconocer diferentes géneros para llegar al que él denomina el todo de la literatura: la novela, la cual aborda desde hace 10 años a través de la escritura.

¿Quién es Fabio Osorio Montoya?

Soy Fabio Osorio Montoya, lo suficiente desconocido como para ser presentado. Soy quindiano de adopción, vengo de Caldas, porque a mi padre lo trasladaron al municipio de Salento, Caldas y luego terminó en Calarcá, Caldas que terminó siendo Quindío, vengo del occidente de Caldas. Terminé mi bachillerato en el colegio Jesús Idárraga de Calarcá, soy graduado en sicología y pedagogía, tengo posgrado en investigación y en administración de proyectos educativos y culturales de la Universidad del Tolima.

¿A qué ha dedicado su vida?

Me he dedicado a estudiar, trabajé en la Universidad del Quindío 22 años como profesor catedrático y en la parte administrativa. He trabajado 20 años en el magisterio en el área que tiene que ver con la orientación escolar.

La mayor parte de mi vida la he entregado a la literatura, me dediqué hasta los 30 años a mirar cómo es la poesía, a escribir, a tratar de conocer el mundo de la poética, a estudiar este mundo desde Borges hasta Pablo Neruda, Benedetti, literatura latinoamericana y europea.

¿Por qué le interesó la literatura?

Yo empecé la literatura gracias a doña Elvira, quien era una profesora que yo tenía en Anserma, Caldas, cuando tenía como 7 años. La señora empezaba a leerle a uno libros, ella tenía una biblioteca hermosa en la escuela que se llamaba Murrapal y decía: vamos a la lectura y cuando ella leía yo me iba por encima de las palabras de ella y eso me impactó mucho.

Un día estaba leyendo y todos los niños se durmieron, cuando los ve dormidos, cerró el libro, y yo le dije “no profesora por favor no lo cierre”, me causó una angustia porque cerró el libro, pero ella lo guardó y cerró con llave la vitrina. Luego empecé a leer y ya era yo el que le leía a mis compañeros. 

Pero ese camino de la literatura también se lo debo a Gonzalo Gutiérrez, un profesor que me encontré en el colegio, manejaba un ritual con el libro y empezó a mostrarme libros en la biblioteca, pero me los robaba, y ahí también aprendí a leer libros.

¿Cómo es hacer literatura?

Estudié a muchos poetas tratando de ubicarme en un estilo narrativo en la poesía, pero era más que todo buscando una base sustancial de la novela. La novela también tiene belleza, como género narrativo, quien aporta la belleza es la poesía.

Uno primero va a maquillaje, va a la poesía para pintar esa novela, que tenga metáforas y figuras bonitas, y en ese camino resulté siendo un poeta urbano, porque desafortunadamente llegan unos amigos que parecen enemigos de uno —risas— y me decían mande eso a La República, a El Espectador, a El Tiempo. Este último empezó a publicar cosas mías y ya decían que yo era poeta. 

Luego me dediqué al segundo género que es el del cuento, Cortázar, Borges, Mario Vargas Llosa, todo ellos y también europeos, tratando de entender el cuento como forma de conclusiones, de tratar de comprimir un cuento en una novela, porque mi sueño era la novela. Y finalmente me apoyé en el ensayo y ahí sí empecé a escribir novelas.

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¿Cómo ha sido ese camino recorrido en las letras?

En la universidad fui profesor de investigación, a razón de eso yo publiqué 3 libros de metodología de la investigación, al ver que los estudiantes le tenían una rabia a la investigación y convertí ese lenguaje en algo más atractivo para los muchachos, porque si no damos un paso a la investigación no vamos a llegar a la ciencia.

Un ensayo que me presentó una estudiante, Mónica Chavarría, sobre un gay de acá de Armenia, yo lo volví una novela trans y la voy a enviar a Medellín a un concurso en la Cámara de Comercio, porque también debíamos hablar de estos trans que se paraban toda la vida en la 21 o en la galería y que nadie le ha escrito nada, 280 páginas, es una novela trágica, es una agonía todo el tiempo.

Entonces teniendo los 3 géneros más o menos aprendidos, un aprendizaje de 15 años, dije 49, 50 años será la edad para escribir novelas; la mayoría ha empezado tarde con la novela porque es una preparación, porque es la madre de todos los géneros literarios. 

¿Qué representa la novela en su vida?

Me fui enamorando de la novela y empecé a escribir, en este momento trabajo sobre la novela número 9. Tengo además 5 novelas agónicas donde hablo de la situación de todo el basurero que hemos vivido en Colombia, como denunciando todo lo que está pasando, novelas muy existencialistas.

La verdad tomo la novela como un desahogo político, social y espiritual y yo soy ateo, soy asocial, apolítico y soy antinatalista, aunque tengo 2 hijas, los hijos con uno pueden llevar una vida feliz pero tendrán que ver la desgracia en la calle. 

¿Por qué esa distancia con el círculo cultural?

Le hice una invitación hace como 15 años a los escritores quindianos para que no regaláramos nuestro trabajo, porque los políticos tenían plata para la cultura. Les hice un planteamiento, que no se regalaran, que no fueran a hacer el trabajo de los demás, porque deben acostumbrarse a pagar al escritor, pero estos no pudieron profesionalizar la literatura. ¿Qué hicieron los de la cultura?, me sacaron de lado.

¿Qué opina de los microcuentos?

El último error que hicieron fue invitarme al Encuentro de Escritores Luis Vidales y le tiré durísimo a esa literaturita parapléjica. Me encuentro en la vida con que los cuentos eran largos, como de Gabriel García Márquez, Ojos de Perros Azul, como de Juan Rulfo, pero acá les dio por escribir cuentos breves, los microcuentos, y es muy chistoso, ‘en el piquito del pollito hace gimnasia la lombriz’ me encontré con unas vainas, y yo me puse a pelear con eso ese día, no admiten la crítica, pero si no hay critica no vamos a crecer.

¿Cuál es la crítica que hace al Quindío?

Lo primero es que la Universidad del Quindío modifique su estructura curricular y que ponga a la gente a leer de verdad, libros de literatura moderna, actual. Es cambiar la estructura del programa de español y literatura que es la base de los profesores del departamento del Quindío. Si no aceptamos críticas no podremos mejorar.


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