El premio incluye la publicación en el libro Amor a sangre y fuego.
Héctor Uribe Saldarriaga nació en 1941 en Andes, Antioquia. Es padre de Mónica y Carlos Eduardo, esposo de Beatriz y nieto de María Alejandra y Juan Gabriel.
Desde hace 20 años llegó al municipio de Filandia por negocios y allí se quedó. A esta localidad quindiana le ha dedicado varios de sus poemas que se enfocan en la belleza de sus atardeceres, sus casas y las mujeres, a las que el poeta nombra como su inspiración.
En los últimos días ocupó el segundo lugar en la Convocatoria Internacional de Poesía para el libro titulado Amor a sangre y fuego, concurso en el que participó con el poemario Ecos del Silencio, una compilación de poemas de diversas épocas.
A su pueblo natal lo llama su querencia. Allí, hizo estudios de primaria. La secundaria la cursó en Pensilvania, Caldas. Trabajó varios años en Suramericana de seguros. “Allí hice una hermosa carrera administrativa. Me fue muy bien”. En Manizales cursó algunos semestres de administración de empresas. “Pero no terminé, soy un administrador sobre todo empírico”.
Lo que sabe, en su mayoría, dice que lo ha aprendido de manera autodidáctica y empírica. En Estados Unidos vivió durante 22 años. Se fue por ‘el hueco’, travesía sobre la que escribió un libro en el que narra toda su experiencia y que en los próximos días será publicado.
Es el director y fundador de la revista El Faro de Filandia -ya llevan más de 10 años de trabajo- y del centro local de Historia de Filandia, con el que trabaja por la conservación y difusión de la memoria y la cultura del Quindío y del municipio. Hace parte del Congreso Nacional de Historiadores y ha sido presidente del consejo de cultura.
Desde que estaba en secundaria empezó a leer y escribir poesía. Recuerda que en la biblioteca leía a Víctor Hugo, Miguel de Unamuno, Gabriela Mistral, Antonio Machado, Ricardo Nieto, Rubén Darío, García Lorca, Álvaro Mutis, Pubenza Restrepo, entre otros poetas muy admirados.
“A la gente le parecía muy raro que yo leyera a esa edad esos poetas. Así me metí en esto y fui escribiendo poemas. Los reuní y los titulé Ecos del Silencio porque siempre fui muy solitario y silencioso. Este es un poemario muy bonito que ya está por ahí rodando”.
Le escribía poemas a su familia, a su madre y a su pueblo de la infancia. “Ellos lo guardaban, decían que eran muy lindos. Hace un tiempo mi mamá sacó un papel amarillento con un poema que yo le escribí. Ella me dijo que yo era un poeta, yo no le creí y resulta que sí”.
Además de los mencionados, hay otros libros de su autoría como: Con las Palabras de mi Gente; Andes, mi Querencia; Filandia Poético y Poemas al Viento.
Filandia poético es un libro que usted dedica al municipio Quindiano. Cuéntenos un poco sobre esta obra.
En este libro hablo sobre las calles, el parque, los atardeceres, las casas y todo lo que tiene que ver con mi pueblo. Hay un poema muy reconocido: Filandeña, que escribo a las mujeres de acá. También escribo sobre la calidad humana de la gente, uno llega acá y ve el pueblo hermoso, pero cuando uno conoce la gente, se vuelve filandeño como me pasó a mí.
Hablemos un poco sobre Ecos del Silencio. ¿De qué va este poemario?
Aquí hay poemas muy bonitos, por ejemplo, uno que se llama un Encuentro con la Noche, como en los poemas siempre yo estoy contando algo, en cierta época muy compleja que tuve surgió este.
Otro tiene que ver con una situación que viví, en Medellín, con un mendigo. Él me pidió algo para comer y yo le di un café con leche. Él me dijo “no eres nada caminante, el poder no vale nada”. De ahí escribí el poema El Loco.
Cuántos años tengo, es otro poema inspirado en José Saramago. Hay muchos poemas que retratan mis vivencias, yo soy una persona extrovertida y transparente. Así es mi escritura, soy muy realista.
Un poema que quiera compartirnos del libro con el que obtuvo el premio.
Elijo este, Soneto a la ilusión:
Yo admiré con ilusión tu risa loca
y al comparar mi anhelo con tu anhelo,
espere que el tiempo transcurriera el velo
para dejar mis besos en tu boca.
Escuché por ti el silencio de los altares
y los consejos que dan los sabios de la vida.
Busque a Dios para sanar mi herida
y calmar de a poco mis pesares.
Ambicione’ unir mi sombra con tu zambra, mirarme en tus ojos con delicia
Inventar con mis manos la caricia
que siente el corazón cuando me nombras.
Te recordé siempre juvenil y hermosa,
cómo es sutil la frágil mariposa,
como te amo hoy, hecha mujer.
Me hice hombre puliendo tu recuerdo,
te he querido…y casi sin saberlo,
te he amado, hasta donde el amor suele doler.
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