Ha viajado a Italia, Perú, Brasil y Estados Unidos a espacios de formación y presentaciones musicales.
De su paso por Florencia, Italia, recordó emocionado que con los integrantes del coro empezaron a tocar música colombiana en una estación de tren. Las personas que estaban allí, gente de Hungría, México, Italia, Estados Unidos y España, se unieron y bailaron. Fue una fiesta improvisada, que Héctor Vargas Bonilla rememora con afecto por ser uno de esos momentos bellos que le ha regalado la música.
Vargas Bonilla tiene 35 años. Es pianista, docente en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Le apasiona tocar música clásica y colombiana. Nació en Calarcá y como de niño sus padres vieron que tenía intereses y afinidades por la música, a los 10 años lo inscribieron en la Corporación musical Palosanto de la ‘Villa del Cacique’. Hizo parte del coro Cosecha y luna, de la corporación mencionada, grupo fundado por Gloria Inés Fajardo y Marco Antonio Fernández, los primeros maestros del entonces futuro pianista. Se recibió en el 2002 como bachiller académico en el colegio Antonio Nariño.
Su proceso en la corporación se detuvo por el terremoto que sacudió los cimientos del Quindío y fue hasta que terminó su época escolar, que decidió volver al arte y que la música fuese su camino profesional. Ingresó al Instituto de Bellas Artes y durante 3 años estudió piano. “El piano me eligió a mí. La primera vez que yo vi un piano quedé enamorado y dije este es el instrumento que yo quiero. El piano tiene muchas ventajas porque es muy versátil, no necesita de una orquesta sinfónica para un concierto. Con este instrumento se puede tocar música clásica, colombiana y cualquier tipo de música, por eso es tan cautivador. En la música he encontrado prácticamente mi razón de ser. Yo no sé qué hubiera sido de mí si no hiciera música, no me veo haciendo ninguna otra cosa. Esta manifestación artística me permite transmitir esperanza cuando las cosas no están bien, es la que me impulsa a salir adelante y me muestra que las cosas pueden estar mejor”.
Después de culminar su proceso en el instituto, se fue al Conservatorio del Tolima, sin embargo, allí no culminó los estudios, sino que se recibió en Licenciatura en música en la Universidad Tecnológica de Pereira años más tarde.
Desde el 2020, cursa su maestría en música en la Universidad Eafit de Medellín. “En el 2010, cuando ingresé a la universidad de Pereira, empecé a estudiar canto lírico con el maestro Julio Mejía, hice parte del coro de cámara durante 5 años. Con el coro estuvimos en el festival de música de Popayán y de gira por Italia Festival La Via dei Concerti en 2014, con ellos visitamos 10 ciudades de Italia con la obra La Pasión según San Marcos de un compositor argentino. Fue una experiencia maravillosa. De esa manera combiné mi proceso de aprendizaje en el piano y de manera paralela estudié canto”.
Con la música ha viajado a diversos lugares. En 2017 estuvo en Perú, allí estudió piano y estrategias del método japonés de enseñanza Susuki, “en ese espacio aprendí a enseñar la música a los niños tal como se enseña la lengua materna. Primero se escucha, luego se encuentran con el instrumento, se toca y al final se muestra la partitura”.
En Brasil, estuvo un par de semanas en el 2018, durante las que participó en otro festival en el que cantó Requiem de Mozart y de una ópera. En este mismo año, estuvo en Boston en el Berkeley College, en donde presentó un recital de música colombiana para estudiantes y profesores de la famosa universidad. En Colombia también ha grabado audiciones, realizado conciertos y recitales en espacios de ciudades como Pamplona, Pereira y espacios como el Museo Nacional en Bogotá y en la sala Otto de Greiff de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
Un panorama sobre la música del Quindío, para Vargas Bonilla arroja que: “Muchas personas hemos tenido que hacer grandes esfuerzos para estudiar música. Algunos se van para otras ciudades porque aquí está la limitante de que no hay un pregrado en música. Los que deben ponerse al frente de esto son los encargados de la cultura, los que manejan los presupuestos y tienen en sus manos generar ese tipo de espacios. El director del instituto ya tiene una propuesta de pregrado en la Universidad del Quindío, pero la luz verde no depende de él. Es una necesidad que el Quindío se culturice en el plano musical, así no se perderían oportunidades de escuchar a pianistas y músicos de afuera”.
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