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Historias en La Línea para ver un pasado en imágenes

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viernes, 21 febrero 2020

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El fotógrafo Daniel Vejarano depura en momentos el alma de esa vía. 

Pasar la vista por las 19 fotos de la exposición denominada Historias en La Línea es un viaje al pasado por ese trayecto entre Cajamarca y Calarcá, pero hecho en el presente. Según Daniel Vejarano Bolívar, quien afinó muy bien su lente fotográfico durante 3 años para tomar 190 imágenes en 30 visitas, La Línea es un pequeño reflejo de lo que es Colombia en su inmensidad: ciclistas de hoy, que pasan por allí con la pinta de las glorias del pasado, familias campesinas que deambulan sus carreteras luego de ser desplazadas de su territorio y algo que hace parte de la fauna política criolla: vallas con promesas presidenciales que auguraban el fin de la construcción de un túnel. Los momentos captados evidencian que La Línea, más que un túnel terminado, está  lleno de accidentes en todas sus connotaciones y convertido en una inconclusa obra por la desidia gubernamental. 

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¿Por qué decidió hacer esta investigación fotográfica? 
Porque soy habitante de este territorio y La Línea ha sido, desde todo punto de vista, histórica para Colombia, desde el momento mismo en el que se convirtió en el premio mayor para un ciclista, allí se ejerce el evento más importante en Colombia de ese deporte. Es un lugar que no tiene certezas, un viaje por La Línea no tiene garantías de cumplir la meta en tiempo porque puede ser que no te deje pasar, que te detenga en el camino. Ha sido una cordillera interrumpida durante más de 100 años en las labores que deben hacerse ahí, porque la historia cuenta que desde hace 106 años se hablaba del túnel. Este corredor vial de alguna manera interrumpe nuestras actividades personales o comerciales que podamos tener con el centro del país, perjudica el cumplimiento de los compromisos de muchas personas. Además, es una vía que ha sido promesa de varios presidentes, siempre prometen que en ese periodo la van a terminar. De los cuatro gobernantes anteriores hay evidencias de que quitaban una valla con la promesa de construir el túnel y enseguida ponían otra. En esos 3 años recogí pruebas desde el gobierno de Álvaro Uribe hasta el de Duque, pasando por Santos. Un amigo me pasó una foto del tiempo en el que nos gobernaba César Gaviria Trujillo —1990 – 1994— y también estuvo la promesa que se la llevó el viento. 

¿Cree que La Línea es un monumento al abandono? 
Hay una foto con la que cierro la exposición, que para mí es un monumento al abandono, un puente que no se ha terminado. Allí, como en el resto de Colombia, usted encuentra esas estructuras vivientes del abandono estatal, obras que se deben reconstruir por el deterioro, monumentos de vías que no llevan a ningún lado. Uno se pregunta, ¿por qué no avanzan? El túnel es una mínima parte de todo el proyecto vial, que son más de 20 puentes que puedan agilizar el trayecto. La doble calzada se tiene que resolver, pero siempre sucede que eso no se termina. Supuestamente pondrán el túnel a funcionar a finales del 2020, pero vamos a ver si eso se vuelve la solución real que necesita este territorio. 

¿Qué otros asuntos sociales encontró en los recorridos que dieron pie a esta exposición? 
Yo veo, por ejemplo, un sistema constructivo muy particular en el que se ven casas alargadas. Eso me pareció muy especial porque los habitantes se adaptan y construyen de acuerdo con la topografía existente. Encontré también que había muchas personas que llevaban años trabajando sus negocios en La Línea y noté que había unos cementerios de vehículos. Es como si me hubieran dado la posibilidad de arrancarle fragmentos a la historia colombiana, porque hay un ciclista que no es común y corriente, tiene la gorrita antigua, que me da la sensación de haber traído a Ramón Hoyos acá. Hay otra foto de una manifestación política en un accidente que coincide con un grafiti, son esos diálogos que yuxtapongo en la imagen —un tractocamión volcado y al fondo se ve una grafiti que dice: Uribe paisa hp—. También grafitis de amor. La Línea fue muy particular conmigo. Allí se refleja que los desplazamientos en Colombia siguen existiendo, gente que no tiene dónde vivir y van por ahí, deambulando con sus corotos. 

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¿Son demasiado recurrentes los accidentes viales? 
Tengo una imagen de un lugar, que se llama restaurante La gran vía, donde un fotógrafo de Cajamarca, cada vez que sucedía un accidente, iba y tomaba fotos y usted entra a comer y encuentra fotos de siniestros en las paredes, es como el morbo de nosotros que nos sentamos a almorzar con la muerte al lado.
Hay otra imagen de Cristo crucificado a un costado de la carretera, los conductores recogieron dinero para hacer este tributo de respeto por la muerte de tanta gente que ha pasado por allá. Todo tiene una razón de ser, de buscar esa lectura no de lo que usted ve, sino de lo que pueda mirar en los detalles. 

¿Qué expectativa tiene del público? 
Esta es una tarea que yo tenía como oficiante de la fotografía, me urgía hacer este trabajo. De ahí para adelante siento que las cosas están para mí. Creemos que va a venir un público bastante numeroso y lo que deseamos es que vivan una experiencia.


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