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Su decisión de trabajar por un mejor país ha sido su filosofía de vida sin vuelta atrás, también ha aprendido que las realidades no son blanco o negro, sino que existen escalas de grises y que la mirada hacia la sociedad debe de ser profunda.

Desde muy temprana edad, mientras contemplaba su entorno y creció en un barrio de extracción popular de Armenia, entendió que la lucha por una equidad y una justicia social, es un compromiso adquirido para toda la vida. Como un actor activo en la sociedad, lo que lo motiva y le enseña cada día es la valentía, la humanidad y el amor con de las víctimas del conflicto armado y sus historias de fortaleza.

Jhoan Felipe López Castillo asumió como filosofía de vida la lucha por los derechos humanos, políticas justas, construcción de la paz en el país y por ello, su actuar, su pensamiento y estudio, han sido en dirección de las personas pertenecientes a sectores vulnerables, como consecuencia, ha llegado a ocupar cargos importantes y determinantes como el que, tan solo el pasado 7 de febrero, asumió la subdirección de la Red Nacional de Información de la Unidad de Víctimas.

 

Cuéntenos un poco sobre su infancia, ¿cómo se llegó a involucrar en espacios de discusión social y política?

Nací en el seno de una familia de extracción popular, en un barrio popular de Armenia, el barrio Uribe. Allí viví el terremoto y tuvimos que irnos de la ciudad hacia Cali, por las circunstancias propias del suceso. Cuando cursé el grado once, conocí los procesos y el movimiento social y popular del suroccidente colombiano, el movimiento campesino, movimiento indígena, el movimiento estudiantil y pues ahí me vinculé a todos esos ejercicios de movilización.

Desde el colegio, hice grupos de estudio, creé un periódico, la emisora radial y todo desde una perspectiva crítica, porque con mis compañeros vivimos la represión que hubo en el gobierno Uribe con el suroccidente colombiano, con todo lo que implicó la seguridad democrática.

 

¿Cómo fue su formación y acercamiento a la academia para continuar con el objetivo de la lucha social?

Cuando salí del colegio, decidí estudiar política en la Universidad del Cauca, pues soy un convencido de que la academia sin compromiso práctico y real con el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, no sirve para mucho. La academia debe estar al servicio de las personas, la mejoría de sus condiciones de vida, desde donde se mire, la ciencia, las ciencias sociales humanas, cualquier disciplina.

Luego en Bogotá, hice la maestría en sociología en la Universidad Nacional, y justamente fue en el marco de la negociación que se hizo en Cuba, entre el gobierno y las extintas Farc-EP, realicé mi énfasis en la construcción de paz.

En la pandemia decidí hacer la especialización en Política pública para la igualdad en América Latina en la Universidad de Claxon.

 

¿Por qué decidió regresar al Quindío luego de estos trabajos que realizó con la población víctima del conflicto armado?

Una vez obtuve mi pregrado, volví a Armenia, luego me fui a Bogotá y allí me empecé a vincular más fuerte con los temas de paz y las personas alrededor del proceso de construcción de paz en Colombia. Con organizaciones no gubernamentales, me dediqué a trabajar con víctimas del conflicto armado de regiones como Antioquia, Nariño, Catatumbo y también en Bogotá, posterior a la firma del acuerdo de paz, empecé a trabajar con firmantes del acuerdo en departamentos como Cesar y Putumayo.

 

Decidí regresarme al Quindío porque mientras conversaba con víctimas, empecé a escuchar experiencias de gente que estaba haciendo cosas aquí, sobre todo relacionado con los procesos de movilización en contra del extractivismo, en contra de la minería a gran escala, en contra de los monocultivos de aguacate Hass, una serie de organizaciones que empezaron a hacer procesos de incidencia para la consulta popular en Pijao.

Conocer las experiencias y organizaciones que se movilizan, me impulsó a regresarme al Quindío en ese entonces, para vincularme con esos procesos ambientalistas, defensoras de derechos humanos y particularmente entonces allí empecé a trabajar e impulsar en el Quindío, en el Eje Cafetero, lo que implicaba la implementación territorial del acuerdo de paz que se había suscrito en el 2016.

Monté una casa cultural y creé la corporación quindiana Ubuntu, Territorio y Paz, de derechos humanos, el trabajo allí era interdisciplinario e impulsaba proyectos para la defensa de los derechos humanos de distintas comunidades en el departamento. Lamentablemente por la pandemia tuvimos que cerrar.

 

Usted ocupó el cargo de coordinador de la Agencia para la Reincorporación y Normalización en el Eje Cafetero, ¿Qué trabajo lideró allí?

Esta es una entidad encargada de acompañar a los firmante del acuerdo de paz de 2016 y a personas en general que se han desvinculado de los grupos armados y han decidido llevar una vida legal y empezar un proceso de ejercicio pleno en la ciudadanía, todo desde una perspectiva de reconciliación, pues es necesario entender que para superar el conflicto armado, es necesario garantizar a las personas que, en otro momento hicieron parte de grupos armados ilegales, pues un estilo de vida diferente, proponerle escenarios que garanticen sus derechos para que la violencia no se repita.

El trabajo que hice en los tres departamentos fue con militares que también están compareciendo en la jurisdicción especial para la paz, fue bajo un horizonte de reconciliación.

¿Cuál es su motivación cada día para ejercer su trabajo con este enfoque político y social? ¿Alguna experiencia por compartir?

Cuando estuve en el Quindío conocí a la organización Fundamaná, integrada por mujeres buscadoras de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado, esas mujeres y señoras, le enseñan a uno con ese amor y esa dulzura que poseen que por más difícil que sean los efectos de la guerra y del conflicto armado, por supuesto el Quindío y el Eje Cafetero no ha sido ajeno a eso, pese a eso, se debe seguir adelante y construir esperanza.

Escucharlas es alentador, frente a las circunstancias adversas que presenta el día a día por los temas que uno trabaja, a pesar de ello, podemos superar la violencia y la guerra.

Una ejemplo muy bonito para compartir es de unos firmantes del acuerdo de paz, ellos desarrollan proyectos productivos, uno con fruta y otro con artesanías, están en el seno de una familia, estudiaron, y en medio de la adversidad, siguen de manera indeclinable su compromiso con la paz del país, son quindianos que aportan a la paz, como ellos hay otros en los barrios. Es algo que lo llena a uno de fuerza y lo motiva a seguir trabajando 24 horas al día, siete días a la semana por un propósito en común.

¿Cree que en el Quindío se está implementando el acuerdo de paz?

En el departamento del Quindío y en el Eje Cafetero, se instaló desde hace muchos años un discurso negacionista, de violencia, aquí la guerra y el conflicto armado, en el territorio del Quindío y en el Eje Cafetero se ha negado, invisibilizado, eso ha sido muy evidente.

En tanto sigamos negando lo que sucede en el Quindío, no vamos a poder superar las violencias que han existido y que siguen existiendo. En el Quindío no se reconoce que ha habido dinámicas del conflicto armado, ha sido un departamento que por supuesto ha sido permeado por el narcotráfico.

Ha sido un departamento donde se ha detectado la presencia de distintos grupos armados, llámese insurgentes o grupos paramilitares o, incluso, estructuras sucesoras del fenómeno paramilitar que ha generado violencias y repertorios de violencia. Esto está argumentado, se puede ver y explicar desde las distintas alertas tempranas que ha emitido la Defensoría del Pueblo desde el año 2016, 2019 y hasta el 2024.

El Quindío no ha asumido su responsabilidad y su competencia legal y constitucional con la implementación del acuerdo de paz, hay un conpes del plan marco de implementación del acuerdo de paz, que establece responsabilidades de los entes territoriales de acuerdo, una serie de etapas para implementar puntos y políticas específicas de cada uno de los seis puntos del acuerdo de paz que se suscribió en el 2016.

A hoy, el Quindío sigue teniendo una deuda con la implementación del acuerdo de paz. Desde las entidades territoriales.

Tan solo lleva una semana como subdirector de la Red Nacional de Información para la Unidad de Víctimas, ¿Cómo continuará su trabajo desde su cargo?

Lo primero es que la Red Nacional de Información debe cualificar y avanzar en que sus procedimientos internos sean totalmente efectivos, que la interoperabilidad de la información sea efectiva. Mientras eso sucede, seguiremos garantizando los derechos de las víctimas, de manera más efectiva.
Existen unos acuerdos, de intercambio con entidades territoriales, hay que definir estrategias para que avancemos en que la información sea mucho más efectiva y, sobre todo, la humanización de los datos, hacer que los procesos y procedimientos técnicos sean de calidad, porque las víctimas no son datos. Las víctimas del conflicto armado son experiencias, además, muy dolorosas, son realidades concretas.


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