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Johana Tamayo vivió el cáncer y ahora es el ángel de niños que lo padecen

socialmedia@cronicadelquindio.com

lunes, 16 noviembre 2020

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Es la muestra viviente de que con una buena actitud todo se puede lograr, hasta el milagro de estar sano, después de haber sido desahuciada. 

Johana Tamayo Sanjeevinis se preparó como médica cirujana en la Fundación Holguín de Cuba. También vivió la experiencia de ser médica voluntaria de combate con la Organización de las Naciones Unidas, Onu, en medio de violentas guerras que se libraron en distintos puntos del continente africano. 

Tras ser diagnosticada con una leucemia linfocítica aguda en fase terminal, los médicos le dieron 3 meses de vida. Al ver que la  medicina tradicional no le ofrecía soluciones, optó por irse para India y allí se dio cuenta de que el pensamiento y la forma de percibir las situaciones de la vida son determinantes en la sanación de las personas con cáncer. 

Tras vivir esa experiencia optó por dejar el quirófano y pasar al diván de las terapias para ayudar emocionalmente a esos niños que padecen cáncer y a sus padres para que el tratamiento sea más llevadero o, incluso, la muerte de los pequeños cuando se hace inevitable.

¿Qué de cierto tiene que aquellas personas que viven con odios y con rabias son más propensas a padecer el cáncer? 

La verdad sí, eso se llama biodescodificación y es la que agrupa las emociones con las enfermedades y cuando hay episodios de ira, generalmente lo que han mostrado los estudios en la Universidad de Barcelona y de Enric Corbera, es que hay mayores probabilidades de desarrollar cáncer de estómago y de colon en adultos. En los niños la emoción es diferente, pero en zonas como el Eje Cafetero los pequeños con leucemia linfocítica aguda tienen factores comunes como que los padres trabajan con solventes porque son mecánicos y son pequeños que por su condición económica, porque sobre todo lo vemos en la población de estratos 1 y 2, consumen alimentos ricos en nitrato y procesados, como las salchichas. La asociación es un poco diferente en la presencia del cáncer a nivel pediátrico y a nivel adulto.  

¿En qué enfoca las terapias para que el cáncer de los niños sea más llevadero? 

Trabajo varios puntos, primero hay que establecer que su entorno familiar sea el adecuado, que el pequeño viva en unas condiciones ideales porque de la mano de esto va la alimentación que debe recibir, ya que a un pequeño en proceso oncológico hay que darle una dieta especial porque sabemos que en un organismo en el que se consumen azúcares o una alimentación alta en harinas procesadas, el  cáncer ofrece una resistencia superior. 

Hemos visto chicos que cambian su sistema de alimentación y su organismo se vuelve alcalino quitándole este tipo de comidas y luego se nota la mejoría. Lo otro que hago con ellos es el control de las emociones que también se hace con los padres, porque muchas veces experimentan un sentimiento de culpa, ellos se sienten responsables de su hijo enfermo y es importante afianzar con ellos esa parte de seguridad para que puedan darle el apoyo emocional que necesitan sus hijos. Hay padres que no salen del episodio de negación, que es cuando el cerebro recibe una noticia impactante, pero no se acepta esa realidad. Hemos encontrado progenitores que prefieren no nombrar la palabra cáncer. Uno tiene que aceptar que hay un proceso oncológico y que tiene que superarlo. O hay padres que se quedan en episodios de ira: “¿Por qué nos tocó a nosotros? Nos están castigando”. Con ellos hay que trabajar para que se desprendan de esos sentimientos y puedan ayudar a sus hijos porque de lo contrario estos chicos cargarán todo ese proceso emocional y al llegar a la edad adulta van a sufrir dolores más grandes y van a tener una capacidad de  resiliencia más baja. 

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Con estos pequeños trabajamos la nutrición y la parte respiratoria, les enseñamos a respirar, a relajarse, a que aprendan a llevar su mente a un espacio en el que se sientan seguros mientras reciben esas sesiones de quimioterapia o atraviesan ese momento de dolor. Hay un común denominador en los estados oncológicos y es que sea cual sea el tipo de cambio que tenga un paciente, padece episodios de desesperación asociados al dolor. Además, los apoyamos con suplementos nutricionales para poderles dar una descarga de antioxidantes importante que hace que los radicales libres se disminuyan en el cuerpo y el sistema inmune se pueda defender mucho mejor del cáncer y que los efectos de la quimioterapia no sean tan fuertes en los niños. 

¿Qué papel juega el manejo de la mente en la recuperación de una persona con cáncer? 

Es un papel fundamental. Cuando inicié mi proceso de cáncer que duró 11 años, en el que fui diagnosticada de una leucemia linfocítica aguda relacionada con la exposición que tuve a la radiación en el quirófano, me dijeron que me quedaban 3 meses de vida, que no había nada que hacer y que no era candidata para nada. En ese momento me sumí en la depresión. Decidí irme para India y allá aprendí a meditar y a relajarme. Cuando regresé a Colombia mis defensas se habían subido de tal manera que pude empezar procesos de quimioterapia que cuando me dieron la noticia y caí en la depresión no podía hacerlos porque esta aumenta el estrés orgánico y los radicales libres, todo el sistema inmune se cae, entonces la mente es muy importante. 

Hace un año y medio, antes de salir de este episodio, a mí me diagnosticaron una metástasis en el hígado. En la misma semana operaron a una señora un poco más joven que yo, que tengo 50 años, ella era de 42 años. A mí me intervinieron, pero yo tuve una actitud totalmente diferente, mientras que la señora decía que no podía volver a comer, de hecho se quedó postrada en la cama. Me levanté y mi familia se reía porque yo decía que cuando más me doliera por favor me sacaran a la calle.  Me maquillaba, me arreglaba y mis seres queridos me llevaban a dar una vuelta para acordarme que esto de estar vivo era lo mejor que me podía pasar y el cambio fue impresionante. La señora falleció hace 4 meses y yo hace mes y medio que fui declarada totalmente sana. Alguna vez me preguntaba un periodista en Perú que si yo volvería a vivir el cáncer y le dije que sí, por lo que aprendí, incluida la forma de ver las cosas, que entiendo que es un día a la vez, que no tengo que angustiarme por el mañana porque no lo sé.  Cuando un paciente de cáncer asume que solo por hoy se mantiene vivo, que solo por hoy se levanta y no se queda en cama, su pronóstico de triunfo se aumenta por lo menos en un 50 %. 

 


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