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La big band Quindío: un ambicioso y exigente proyecto musical

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lunes, 14 febrero 2022

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Está conformada por 20 músicos procedentes de diversos municipios del departamento. Coinciden en su amor por el jazz.

Una big band es una orquesta de jazz en la que confluyen varios músicos que se agrupan en secciones instrumentales. Los saxofones, los trombones, las trompetas, la batería, el contrabajo y el piano de la Big Band del Quindío suenan en colores oscuros y opacos que producen en el aire los instrumentos. Los colores se mezclan con una variedad de sabores dulces, amargos, incluso ácidos que construyen una atmósfera orgánica producto de la historia y la tradición que no pueden pasar por alto los músicos. 

Interpretan All of me, In the mood, All the things you are, Dancing in the Dark, Hello Dolly, Fly me to the moon y otras canciones de aquellos músicos que a finales del XX y comienzos del XXI elevaron gritos para confrontar los abusos contra las comunidades afroamericanas e hicieron del jazz un género enorme. En algunos el jazz se vive en escala de azules, cada variación conduce a la nostalgia o melancolía. En otros sucede lo contrario y el jazz se vuelve un tipo de territorio incierto que por su carácter improvisado asegura sorpresa, energía y felicidad

La Big Band empezó a gestarse desde hace varios años. La idea rondaba a su director desde hace 10, pero fue hace 5 años que se llevó a escena aquel sueño durante la Navijazz porque considera que es maravillosa aquella puesta en conjunto de instrumentos y sonidos. En aquel primer momento, fue la forma que encontró Jorge Mario Ortiz Ruiz —músico, docente y director— de posibilitar un espacio en el que todos los músicos que querían hacer parte del evento pudiesen tocar en una sola noche. Ya en un segundo momento, hace 3 años, él decidió conformar un grupo fijo para que fuese la Big Band Quindío. “La sonoridad y lo que se crea en una big band es una cosa única que hay que vivirla para percibir los colores y los matices hermosos que construye. Es impactante y nos mueve el deseo de compartir eso, mostrar cosas increíbles”.

Desde entonces, tocan cada año en diciembre durante la Navijazz que organiza Ortiz Ruiz, desde hace 10 años, en diversos sitios del departamento como cafés o casas culturales. En este 2022, esperan cambiar el ritmo y abrir espacios para tocar. La Big Band del Quindío está compuesta por músicos quindianos de Pueblo Tapao, Calarcá, La Tebaida, Circasia y Montenegro, se divide en: los vientos los hacen 5 saxofones, 4 trombones, 4 trompetas; la base rítmica la hace 1 batería, 1 contrabajo, 1 piano y 1 guitarra; en la voz 2 cantantes y por último está el director. Algunos de los que interpretan estos instrumentos son: Dana Manuela Zapata, Juan David Castro, Diego Palacio, Carlos Ríos, Juan Pablo Hernández, Juan Pablo Bedoya, María José Restrepo y María Fernanda Londoño.

Si uno hace una revisión rápida, pareciera que en el Quindío se empieza a escuchar jazz por su influencia. ¿Qué opina sobre esto?

Es raro que me pongan en ese puesto. Ya había gente que hacía jazz acá como Jorge Mario Sánchez. No obstante, creo que no lo movían mucho. Cuando yo regreso de estudiar de Argentina en 2011, traigo muchísima información y empiezo a tocar con mucha gente, además con mis estudiantes armamos un grupo de estudio sobre jazz. Con amigos de otras ciudades hacíamos talleres y de cierta manera se construyó un ambiente para el género. Se hizo un club de jazz y se formó un movimiento alrededor de este. Ha habido una evolución enorme en la escena, los músicos ahora son asombrosos.

No sé cómo ni por qué, pero aquí hay muy buen público para el jazz, el Navijazz siempre es un éxito. Músicos de otros lados disfrutan mucho tocar en el Quindío, dicen que hay una energía brutal que no encuentran en otros lados. Eso es muy bello.

¿Cuáles son las dificultades que enfrentan como Big Band?

Afecta mucho que no haya pregrado en música, implica que los interesados deban irse a otras ciudades para ampliar su formación. También eso causa que no haya conciencia sobre la música, ni siquiera el pago suele ser justo en este aspecto y la escena se vuelve muy difícil. Otro punto es el de la gestión, uno no debería hacerse cargo de eso, pero mover 20 músicos no es fácil, la falta de recursos es el mayor problema siempre.

¿Por qué la Big Band es entendida como una escuela?

El estudio del jazz es un proceso lento que abre mucho el panorama musical porque tiene que aprender a leer, pensar e inventar en el momento. En otras músicas muchas veces uno empieza a leer sin saber el porqué de esa música, solo se repite. Los jazzistas abren el espectro sonoro, armónico, auditivo e intelectual y la Big Band es una especie de semillero. Entonces, por un lado, exige que quienes hacen parte de la Big Band mantengan un buen nivel musical y, por otro lado, quienes quieren hacer parte de ella se esfuerzan por mejorar, aprender y entender la música desde otros puntos de vista. Es una pasión, el jazz enamora mucho.

¿Qué proyectos vienen?

Quizás es muy ambicioso, pero soñamos que haya una línea de músicos en la banda departamental que se enfoque en jazz. La sacaríamos del estadio porque aquí hay mucho talento. Ahora, desde la Big Band Quindío planeamos participar este año en el Tolijazz y el Sevijazz, también trabajamos en una canción que queremos grabar y estamos a la espera de nuevos proyectos para sacar la banda y ponerla a sonar. Nos gustaría hacer un Jazz al sur y tocar en otros escenarios y municipios.   

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