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La escritora que con creatividad y solo por amor enseña en las aulas del Quindío

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miércoles, 12 julio 2023

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Con sus trabajos le apuesta a hacer de la educación una relación humanizada entre entorno, colegio y aprendizaje.

Con la idea de generar en los niños del Quindío un espacio para gestionar sus emociones, la escritora Lucero Vélez Calle creó una alternativa, a través de la escritura, para enseñar valores e inspirar en las aulas.

Proviene de una familia campesina que vivía en la montaña. La persona que le infundió el gusto por la escritura y educación fue su madre, quien, gracias a un tablero en casa, se tomaba el tiempo para enseñar a ella y a sus hermanos la importancia de la palabra hablada y escrita.

Tiempo después y gracias a lo aprendido de su madre, Lucero decidió darle rienda suelta a sus ideas y dedicar su vida a escribir y posteriormente a ser pedagoga por vocación.

Retirada de lo público y dedicada a reencontrarse con su ser, con la firme intención de convertirse en una mejor persona, aprovechó la pandemia como un regalo y un momento decisivo para crear cosas importantes.

Así pues, este tiempo le hizo plantearse la idea de pensar como una niña, y cuestionarse sobre la forma en que este sector de la sociedad vivía el encierro, entrando así en un momento de confrontación para poder ser partícipe de una iniciativa que los beneficiara.

‘La hora del cuento’ nació de este proceso de asimilar una dura etapa de la vida. Pensando tener un encuentro literario con los niños, convocó a conocidos cercanos, logró tener 15 menores de diferentes partes del mundo y del país, que a través de una pantalla, le hacían frente a la Covid-19, por medio de la lectura.

Tiempo después y ya volviendo a la normalidad, una mamá propuso hacer la misma pedagogía, pero en las instituciones educativas; así empezó a correr la voz por colegios de los diferentes pueblos del Quindío y con la iniciativa de seguir influyendo en los niños, esta mujer con pujanza, inició su proyecto de forma virtual.

En la búsqueda de crear estrategias más dinámicas, fluyó ‘Creando y Contando’, una idea que le hizo evidenciar a Lucero las dificultades de los niños en las aulas. Fue por este medio y de forma adaptada al lenguaje y entendimiento de los pequeños, como empezó a escribir cuentos sobre problemáticas frecuentes en las instituciones educativas como el matoneo, la violencia, el papel de la familia, la postura de angustia y miedo de los menores al no sentirse importantes, y fue así como llegó al corazón de las aulas.

Al día, son 5 grupos del departamento los que pueden gozar de este trabajo lleno de vocación, entusiasmo y emociones por gestionar.

¿Qué puede compartir sobre la forma en que se realizan estos encuentros?

Estos espacios que se me otorgan no son clases magistrales, son encuentros humanos que tienen una duración de 40 minutos, donde se hace la lectura del cuento, posteriormente se recoge y se socializan los sentimientos de ellos al leerlo, qué les pareció, qué fue lo que más les gustó, qué enseñanza y qué sentimientos se afloran por medio de este.

¿Cuál es la dinámica?

Durante los 40 minutos, con el trasegar de ‘Contando y Creando’, al ver la necesidad de meterse más en el corazón del otro, se me ocurrió escribir un cuento llamado ‘El espantapájaros’ y de ahí, montar un taller llamado ‘La piedrita que habla’, el cual deja mensajes en un árbol, para que posteriormente, los niños puedan coger el mensaje que les salga, y este refleja todos lo sentimientos que están floreciendo en cada uno de ellos

¿Qué momento en este proceso con niños la marcó?

Cuando muere la profesora del Inem, me llaman a atender los grupos 4 y 5 de primaria que estaban muy afectados por este suceso, teniendo en cuenta que era la profesora de matemáticas de estos grupos. Entonces me senté a creer el cuento y escribí varias posturas didácticas y pedagógicas para ayudarles a los niños a validarles su sentimiento de dolor y de rabia , así que por medio de estos elementos pensé en que fueran un escape para llorar ese dolor, pero que también por medio de estos tuvieran la posibilidad de resignificarse como seres valerosos que entienden los procesos y los sentimientos sin juzgamientos.

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¿Cuál ha sido el factor más complejo al enfrentar este tipo de procesos?

Este proceso tuvo un choque fuerte cuando me encontré con que una de las profesoras necesitaba todo su tiempo para la parte académica, entonces llegué a la conclusión de que él mismo sistema educativo carga demasiado a los docentes con unas tareas como rellenando espacios, pero a la parte emocional no se le da un manejo desde el aula, por qué no dedicarle espacios que le pongan frente a una realidad que permea a nuestros niños, utilizando elementos que siendo tan básicos, pueden llegar a nutrir el alma.

¿Qué papel juega la vocación dentro de la pedagogía?

A mí me preocupa mucho el sistema educativo, porque repito, sí la educación para los niños y jóvenes no se humaniza, no estamos construyendo seres humanos para que vuelen, sino para almacenar medianamente conocimientos. Si humanizamos la educación, le damos otro toque más sensible y profundo.
 

 


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