El pasillo “Secreto de intimidad” es una obra profunda y delicada en su interpretación musical y vocal.
Ana María Naranjo Trujillo, nació el 24 de noviembre de 1957 en Armenia, Quindío; realizó sus primeros estudios en el colegio Sagrada Familia. Como autora y compositora se destaca desde la edad de 12 años, pero publicista de profesión de la Universidad Católica de Manizales. Actualmente radicada en Chinchiná, Caldas en la hostería del Café, su casa, hospedaje y sitio de eventos.
Como autora y compositora, ha tenido la fortuna de contar con dos departamentos hermanos, Quindío como su cuna y Caldas por adopción, quienes de manera desinteresada han apoyado sus diversas incursiones en la música, olvidando límites y fronteras.
Este sueño hecho realidad, no hubiese sido posible sin el apoyo incondicional de su padre, fallecido el 16 de marzo de 1998, y de todos y cada uno de los arreglistas e intérpretes que con su tiempo y esfuerzo han acompañado su trayectoria musical. De igual manera, expresa que la difusión de su obra no hubiese sido posible sin la mano amiga de su familia, el Comité de Cafeteros del Quindío, la gobernación y secretaría de Cultura del departamento de Caldas, la Alcaldía de Manizales, Funmúsica y las directivas de los diferentes Festivales Nacionales de Música Andina Colombiana, los jurados de obra inédita, medios de comunicación, la Fundación Alejandra Vélez Mejía, y los diferentes conciertos a los que ha sido invitada como cantautora.
El nacimiento de su amor por la música…
Mi afición por la música comenzó el 18 de noviembre de 1957, día que nací, cuando mi padre con su hermosa voz, llevó una serenata a mi madre, dándome la bienvenida al mundo.
Cuentan los más cercanos que no fue suficiente aquella expresión de amor ya que mi padre todas las noches, tenía que cantarme la misma canción “Te quiero dijiste”, de la autora y compositora María Grever, porque si no con mi llanto se lo reclamaba y no los dejaba dormir.
Mi niñez la recuerdo con alegría ya que son pocos quienes tienen el privilegio de vivir rodeados de una familia totalmente musical y la dicha de disfrutar de unos padres maravillosos que siempre nos brindaron con su paciencia, valores, respeto, inteligencia, y especialmente su orgullo en cada acción nuestra por pequeña que fuera; por si fuera poco, con voces empíricas y hermosas, llenas de ricos matices y sentimiento para realzarlas. Paralelamente, la dicha de poder disfrutar de los amigos de mi padre autores, compositores e intérpretes que aún sin proponérselo fueron dejando grabado en mi mente y en mi corazón de mujer, vivencias contenidas en sus voces, sus tiples y sus guitarras. Puedo decir, que, aunque todos fueron el reflejo de una época concreta, fueron marcando mi vida de una manera tan especial que lograron despertar esa alma campesina gestora de estos primeros pinitos en la música colombiana.
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El detonador ¡No solo canta, también compone!
Mi primera experiencia como autora y compositora sucedió siendo una adolescente. De pequeña tenía dificultad con las matemáticas y mi profesor estaba por perder la paciencia conmigo. Mi padre, con amor y sapiencia me decía: “Hija, usted puede. Si es capaz de aprenderse una canción, póngale música a las tablas de multiplicar y verá cómo se las aprende”. De ahí en adelante todo lo que he querido expresar, gira a través de la música.
¿Qué era lo que tanto escribía?
Eso me dijo mi padre la primera vez que me enamoré. Una canción, conteste yo. El escogido, un muchacho, de quince años que hacía que mi corazón le escribiese cosas, así como hoy en día lo hacen las adolescentes. La diferencia consistía en que mi “diario” no tenía velos para mi padre, ya que era mi mejor amigo. Siempre había una excusa… Además del amor, los siguientes años de colegio giraron a través de la música. Siempre había una excusa para escribir, cantar o para tocar la guitarra; si no era el día de las madres, era la misa semanal, la tuna del colegio, la canción comercial de moda o un concurso intercolegiado. Sin embargo, nada tan enriquecedor como este último porque entendí que todo lo que me había enseñado mi padre en nuestras noches de tertulia, era invaluable; tanto que me motivó a plasmar la primera experiencia como intérprete con el fin de motivar a los jurados y a los organizadores a hacer lo mismo que habían hecho mis padres y así evitar desaciertos y lágrimas de insatisfacción, en los futuros concursos infantiles.
“Si todo lo aprendiésemos con música, seríamos, grandes concertistas de la vida”.
Terminé mi período escolar y como ya lo podrá imaginar, debía escoger una carrera afín, con lo que más me gustaba, la música. Creo que no me equivoqué, pues escogí, una excelente: Publicidad. No sería nada raro, que aún mis colegas, me recuerden con una guitarra, creando Jingles, para las campañas publicitarias que medían nuestros conocimientos, como futuros publicistas. Como anécdotas de la publicidad con la música, recuerdo una muy interesante relacionada con la necesidad de rescatar las buenas costumbres en los manizaleños. Contratada por la Sociedad de Mejoras Públicas, creé e ideé para la campaña ‘El buen Manizaleño’ se nota un jingle-canción para grandes y chicos titulada ‘El buen manizaleño’, cuyo objetivo, contemplaba recuperar la imagen de ciudad culta, despertando, al manizaleño, del letargo cívico en que se encontraba y, por ende, educar y conquistar, a quienes estaban apenas comenzando la vida. Sin ser experta en las conductas del desarrollo humano, pude comprobar para satisfacción mía, cómo la música puede ayudar a educar y a reeducar una sociedad.
¿Cómo fue su ‘renacimiento’ en el IV Festival de música andina colombiana Fabio Alberto Ramírez 2023?
Mi participación en el 4 festival de música andina colombiana Fabio Alberto Ramírez 2023 se da después de estar alejada de la música por casi 15 años con un pasillo titulado “Secreto de intimidad”. La interpretación fue realizada por docentes adscritos a la Universidad Autónoma de Manizales bajo la dirección del maestro Alexánder Olarte Rendón en el bajo, Lina Marcela García Clavijo en la voz, Juanita Henao López en la flauta, Jean Carlo Granda Pardo en el piano y el estudiante Jean Said Arias Marín en el tiple. Podría definir su participación nominada como ensamble sándalo como mágica, profesional y comprometida cumpliendo con todas mis expectativas.
Decidí incursionar en este festival porque además de ser el Festival de Fabio Alberto Ramírez mi amigo, era la primera vez que abrían modalidad de Obra Inédita en concurso invitación hecha por Artistas ARSIS lo que motivó el momento para demostrar que nunca es tarde para soñar e intentar de nuevo escribir, componer o presentar un tema en un festival. Lo llamo mi renacimiento y quizás podría definirme hoy como el ave fénix porque ha significado ser reconocida de nuevo en Colombia y en dos departamentos hermanos que amo y respeto con todo mi corazón, Quindío como mi cuna y Caldas por adopción.
Corría tal vez, el año 88, o principios del 89 cuando me dije: “¡No volveré a cantar!” Luego puse la guitarra en un rincón. Esto, tal vez fue producto de que hasta el momento no conocía en Manizales personas con las cuales pudiera compartir el gusto por la música. Lo cierto fue, que no llevaba ni una semana de haber tomado dicha decisión, cuando mi guitarra, desde ese rincón, reclamaba de tal manera mi silencio, que logró conquistarme porque yo le dije: “Guitarra… si por ti se me antoja reír, si por ti se me antoja llorar, entonces no puedo, dejar de cantar”.
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