“Hay 3 seres que se crecen con el castigo: el toro de lidia, el gallo fino de pelea y los quindianos”.
A sus 90 años, Horacio Gómez Aristizábal está lleno de amor por el Quindío, y cómo no, si en 1966, él fue uno de los promotores de la creación del departamento.
Natural del municipio de Córdoba —cuando aún era corregimiento de Calarcá—, don Horacio se destaca por su espíritu humilde, por su capacidad para salir adelante y aventurarse al mundo a cumplir sus sueños como abogado, escritor e historiador de gran reconocimiento nacional.
LA CRÓNICA conversó con el doctor Gómez Aristizábal, primer abogado graduado de la Universidad La Gran Colombia en Bogotá, jornada nocturna.
¿Cómo es ese amor que siente por el Quindío?
He tenido una gran vocación quindiana y la evidencia de esta afirmación son 7 libros publicados sobre el Quindío, el primero se llamó El departamento del Quindío, escrito en los años 50.
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A mí me gusta del Quindío esa fuerza de voluntad, esa inteligencia, esas ambiciones de la gente que nacen en este terreno, yo he escrito como 60 libros y tengo 2 donde cuento mi vida y digo que nací en Córdoba, en una finca, que quedaba en una zona montañosa, tocaba atravesar ríos caudalosos para llegar a esa finquita y ahí con mucho esfuerzo de nuestros padres con su trabajo fuimos saliendo adelante, luego nos fuimos a vivir al pueblo de Córdoba y luego a Armenia.
Hablemos de ese proceso de creación del departamento del Quindío…
Era necesario levantarnos con dignidad para lograr nuestra calidad de departamento, dimos argumentos muy poderosos, antes de los años 60, en el sentido de que las comunidades y los pueblos se dividen en 2 grupos, el sector rural —que es el que produce la riqueza—, el petróleo, la ganadería, donde está la agricultura, todos los elementos que necesita el ser humano para vivir; el otro grupo son los sectores capitalinos, citadinos, pues las ciudades eran grandes centros consumidores, y es más importante el grupo que produce la riqueza, que el grupo que la consume y por ese motivo era de justicia darle autonomía al departamento del Quindío.
Este fue un proceso con mucho protagonismo de varias figuras del Quindío como Ancízar López, Silvio Ceballos, Rodrigo Gómez Jaramillo, Alberto Bermúdez y otros prohombres que le pusieron el pecho la creación del departamento del Quindío.
Hablamos de la Federación de Cafeteros, que era la institución más fuerte —cuando se recibía un dólar por petróleo ya se habían recibido 6 dólares por exportación del café—, y eso desde luego revelaba la vitalidad de la zona quindiana, que era la que producía el mejor café en cuanto a calidad y cantidad.
El Quindío tuvo 3 intentos para ser departamento; luego se logró la mayoría en el Congreso y se dio la creación. Entonces otras regiones de Colombia siguieron el ejemplo para luchar contra las capitales que siempre han sido dominantes.
¿Por qué ‘el descuartizador de Caldas’?
Gilberto Alzate Avendaño me llamó a mí ‘el descuartizador de Caldas’ por todas las campañas mediáticas que hicimos repitiendo la causa autónoma; dábamos todas nuestras razones y decíamos que en Manizales tenían hospitales sin pacientes y las personas enfermas del Quindío no tenían donde alojarse y ser atendidos, y que había mucho abandono de Manizales para el Quindío y no se nos estaba atendiendo, a pesar de la importancia presupuestal del Quindío en el conjunto de Caldas.
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En ese libro que escribí, que se llama El departamento del Quindío documentaba económica, jurídica, intelectual, humanística y socialmente la importancia del Quindío para ser departamento, con la posibilidad de tener obispo, hospitales, servicios públicos a la altura de la capacidad económica y humana de la gente del Quindío, que ha sido luchadora, emprendedora, creadora de riqueza, de cultura, de humanismo, de poesía porque el Quindío tiene una riqueza potencial en todos los órdenes del espíritu.
Según su visión ¿Qué representó el terremoto para el Quindío?
El Quindío resurgió con mucha fortaleza con la propuesta del turismo temático, que fue una creatividad maravillosa de los quindianos que, en vez de llorar sobre la tragedia de ese terremoto que significó más de 3.000 muertos y centenares de casas y negocios destruidos, buscaron la manera de salir adelante. Hay 3 seres que se crecen con el castigo: el toro de lidia, el gallo fino de pelea y los quindianos. Estos últimos son gente que miran con mucho coraje y con mucha energía el tema de la adversidad, convirtiendo las derrotas en retos y desafíos, yo siempre he admirado al pueblo quindiano por sus manifestaciones.
Ha sido tal su importancia para el departamento que a la casa de la cultura de Córdoba le dieron su nombre, ¿qué opinión le merece?
Así es, la doctora Amparo Jiménez, que fue alcaldesa de Córdoba, organizó una casa de la cultura que se llama Horacio Gómez Aristizábal para capacitar a los niños pobres de Córdoba, allí la Universidad La Gran Colombia ha puesto profesores gratuitos para capacitarlos como lo hace el Sena, y yo he realizado la donación de más de 500 libros para esa fundación y pienso hacer otras donaciones.
¿Cuál es el papel de las nuevas generaciones en la historia?
Qué sería del cristianismo sin la historia de Cristo, uno se da cuenta que la historia es la que da gran importancia a todo, que Dios sea conocido es historia; conocer la historia de Simón Bolívar, por ejemplo, motiva a tener un sentido de pertenencia y cierto coraje para salir adelante, si otros han podido por qué la gente joven no va a poder. Deben empezar por conocer la historia de la región quindiana, que es bien hermosa porque no había salud, no había nevera, no habían vías de comunicación, y algunas personas vinieron de Antioquia y con mucho sacrificio lograron fundar la ciudad de Armenia y varios municipios del Quindío; y si esa gente logró hacer el milagro que es el Quindío hoy, a las nuevas generaciones les corresponde también superar esto, tener una disciplina, una metodología y una
ambición de triunfar.
¿Qué le falta al Quindío para seguir creciendo?
Hace falta que todos los niños del Quindío sepan que nacen para ser gobernadores, empresarios, ejecutivos, ministros y que nacen para ser magistrados y que esto se hace con la disciplina y el estudio; además falta que haya mucho más civismo en la gente, porque, a veces, se trabaja con un espíritu egoísta y solo se piensa en el bienestar personal.
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