Lo que más ha llenado su corazón con esta labor ha sido entender y tratar a cada persona por igual, sin importar condición o estado, todos los que la necesitan son sus hermanos de raza, cada uno de ellos viviendo a su manera las duras pruebas de la vida.
La capitán Cristen Castro Rada es proveniente de la ciudad de Bogotá, a su experiencia de vida le suma 27 años perteneciendo a la institución policial, se formó en la Escuela General Santander para ser oficial, ingresando con la profesión de derecho. En la institución también hizo parte del nivel ejecutivo, desempeñándose como patrullera y subintendente; cuando esta última finalizó, quiso ingresar al nivel directivo como oficial.
Después de estar ejerciendo 23 años en Bogotá, fue trasladada al Magdalena, donde realizó actividades de índole de planeación y talento humano; fue entonces que pidió traslado para estar más cerca de su esposo oriundo de Pereira y llegó al Quindío en el 2021 a trabajar conforme a su perfil por cargo, complementando y reforzando los procesos en la oficina de derechos humanos.
Amplia es su experiencia como su corazón, el mismo que puesto al servicio de la comunidad no conoce de diferencias, situaciones o necesidades, más bien, este corazón con el pasar de los años, su trayectoria y el deseo insaciable de servir ha mostrado su lado más humano, decidiendo no mostrarse ante la sociedad como la autoridad que le acredita su traje, sino como una mano amiga cuyos valores y vocación representan el honor, el cuidado y servicio a la patria.
Dentro de la Policía Nacional goza hoy y ha gozado desde su ingreso con el servicio de una capitán bondadosa, real y sobre todo, humana.
¿Por qué la Policía Nacional?
Desde niña me levantaba a hacer honores al himno nacional, cuando a las 12 de la noche lo emitían en televisión. Siempre me ha gustado servir a las personas, me presenté dos veces a la Policía, eran muy rigurosos los exámenes porque por esa época las mujeres no tenían ese campo de acción dentro de la institución. De manera paciente esperé el momento para volverme a presentar y ahí fue cuando pasé, todo por la necesidad de poder ayudar a otros.
Un departamento de la Policía dedicado a los derechos humanos…
Pertenecemos a una oficina que se llama comisionado de derechos humanos para la Policía Nacional, este tiene unas funciones específicas que tratan sobre el tema de generar garantía de derecho a 23 tipologías de poblaciones, donde tenemos a líderes comunales, comunitarios, de restitución de tierras, campesinos, mujeres, afrodescendientes, indígenas, líderes ambientales, sindicales, desplazados, infancia, sustitución de cultivos, movimientos políticos, inclusive líderes de acuerdo de la implementación de los acuerdos de paz, defensores de los derechos humanos, minero artesanal, en salud, líderes del sector LGTBI y líderes culturales. En algún momento la oficina se pensó para poder generar esas garantías de derecho al liderazgo de estas personas, ya que son la voz de los que no pueden hablar en sus territorios. Activamos rutas de atención institucional e interinstitucional para poder proteger la vida de ellos, su libertad del ejercicio, su movilidad, su integridad, así mismo, hacemos acompañamiento in situ, vamos al terreno, a los asentamientos o a las comunidades que se encuentran en contexto de ciudad, acompañándolos en caso de actividades, visitas, ayudándoles en situaciones de convivencia, siempre buscando la palabra por medio del diálogo para convertirnos en mediadores, todos pertenecemos a la raza humana y tenemos el mismo derecho de existir y mantener nuestra dignidad solo por el hecho de ser personas.
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¿Por qué enfocarse más en el tema humano?
Yo estuve como asesora jurídica de varias direcciones de la Policía, incluso estuve en el ministerio de Defensa en una oficina jurídica en Bogotá donde duré casi 23 años, pero me di cuenta que tenía la necesidad personal de hacer un cambio, sentí que el estrés me estaba absorbiendo y enfermando. Solicité entonces traslado para Santa Marta sin tener familia allí, sin tener nada, pero mi ser experimentaba y deseaba tener un verdadero cambio; allí encontré mi punto de equilibrio, además me di cuenta que todo ese conocimiento y la experiencia que había adquirido, debía ponerla al servicio de otras personas que no lo tenía, para qué tanto conocimiento sin tener a quién brindárselo. Cuando empecé el contacto con las personas de las 23 tipologías, conociendo sus necesidades, generando situaciones de amistad, me di cuenta que todo lo que había estudiado, lo podía entregar a ellos.
¿Qué experiencias la han marcado dentro de este trabajo?
Un caso de una chica trans servisexual que había sido herida por un cliente, salí en mi carro a las 3 de la mañana, la auxilié llevándola al hospital, ella luego de salir me pidió llevarla a la casa, ella en toda su expresión del género, en minifalda, tacones, con su herida, y al llegar a la casa la mamá llorando la recibió. “Mi chinita, gracias por traerla, yo pensé que me la habían matado, por favor, ya no quiero que trabaja más en eso, así tengamos que trabajar en otra cosa, pero quiero que salga de eso”, le decía, ese drama de ellas dos a mí me impactó.
Las protestas estudiantiles han sido cruciales en este proceso, ¿qué fue lo más impactante de ellas?
Un anécdota muy diciente fue que en ese momento llegaron unos compañeros del Cauca y Valle que habían estado en un estallido social complejo, venían de estar meses enteros sin visitar a sus familiares, estando expuestos a situaciones complejas, tal vez sin poder dormir, viendo caer a compañeros también; ellos llegaron acá con la intención de trabajar para no dejar que se cayera el estado social derecho, pero hubo momento para mostrarles la realidad de la situación acá en el Quindío, un espacio de diálogo, sin muertos, sin heridos; en ese momento evidencié en ellos el cansancio, la frustración, el deseo de tantas cosas y pensé en darles un trato diferente, así como se le da a la población, así que lo primero que hice en la estación Armenia fue llevarlos a las aulas, les hice quitar los zapatos y tirarse en el suelo para desbloquear los chakras, por medio de una meditación guiada para hacer fluir los polos energéticos; después de esto, pude escuchar experiencias mágicas, ellos estaban agotados, con sentimientos mal tratados. Después logramos hacer talleres con psicólogas para que ellos se sensibilizaran y sintieran la necesidad del otro, fue algo muy hermoso.
Cabe destacar que después de estas charlas y actividades, un compañero que fue escupido en la cara por un manifestante de primera línea que se encontraba dentro de la Universidad del Quindío y fue auxiliado por la Policía, logró superar la indignación y falta de respeto de dicho acto, siendo resiliente, sin necesidad de utilizar la fuerza; yo en ese momento sentí la indignidad de mi compañero, pero lo abracé y le dije, no es por la violencia, actuaste de la mejor manera.
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