La asamblea del Quindío le otorgó la Orden del Café categoría Oro en la modalidad de proyección del departamento a nivel nacional e internacional.
“Si me preguntan por resiliencia lo comparo como cuando se rompía una taza en Oriente y la pegaban con oro líquido y quedaba mucho más fuerte y con más valor”. Si algo ha caracterizado la carrera deportiva y de vida del filandeño Héctor Fabio Murillo Obando ha sido eso, la resiliencia.
Muchos ven los triunfos de los campeones, pero pocos valoran y conocen los procesos duros y dolorosos que ellos tienen que enfrentar para llegar al éxito. “He tenido 3 fracturas, 2 en el deporte y una en un accidente de tránsito y de ellas me he parado más fuerte para competir y seguir el camino”, reveló Murillo Obando.
Este reconocido deportista y líder juvenil, de 31 años de edad, ha sido campeón de Obstacle Course Racing, OCR, —carrera de obstáculos— en Pereira, Buga y Manizales.
Fue finalista en 2017 del Desafío Superhumanos del canal Caracol y mediante la práctica y enseñanza del parkour ha ayudado a jóvenes del departamento a superar adicciones a las drogas.
Esa labor preventiva y social lo llevó a que en 2018 fuera exaltado por la Cámara Junior Internacional Quindío como uno de los 10 jóvenes sobresalientes Toyp Quindío en la categoría contribución a la niñez, a la paz mundial y a los derechos humanos. Sobre sus logros, vivencias y aprendizajes este licenciado en educación física de la Universidad del Quindío dialogó con LA CRÓNICA.
¿De dónde le nació su gusto por el deporte?
Creo que eso es innato porque empecé a practicar fútbol en una escuela de formación desde los 8 años, era lateral izquierdo. Cuando jugaba con la gobernación del Quindío era delantero. Antes de eso mantenía en la calle con mis amigos jugando, mi mamá me tenía que entrar casi que a las malas, porque ese era mi vicio.
¿Ese amor por el deporte también lo llevó a ser licenciado en educación física?
Sí, la elegí por eso y por poder hacer parte de algunas selecciones en la universidad, como las de fútbol, microfútbol y porrismo.
Cuéntenos un poco sobre su labor en la prevención de la drogadicción.
Lo que hacíamos era ir a los colegios de los barrios vulnerables a hacer presentaciones de parkour y a los jóvenes que se mostraran interesados los entrenábamos en la plaza Bolívar gratis. En Hogares Claret, que es un centro de rehabilitación contra las adicciones, también hacíamos jornadas con charlas y talleres del mencionado deporte. Además, fuimos a parques como el del barrio Santander y El Bosque a recuperar los espacios y a que la gente nos viera practicar allí. A mí me sacó de los malos hábitos esa disciplina.
Usted es vicepresidente de Red Activa, ¿qué se hace allí?
Es una fundación que trata de tener una red de apoyo de grupos e instituciones dedicadas al deporte, al arte, a la cultura y al barrismo, pero con otro enfoque distinto al que normalmente conocemos. Fui beneficiario y ahora soy vicepresidente hace 2 años.
¿Cómo asumió ese reconocimiento que le hicieron como uno de los 10 jóvenes más influyentes del Quindío en 2018?
Cuando me dijeron que estaba entre los 10 elegidos lo tomé con tranquilidad y humildad porque creo que hay gente que hace más que yo por el departamento. Han sido pocas vidas las que he logrado cambiar, pero para mí con una que transforme positivamente es suficiente.
Si en sus manos estuviera cambiar algo de Filandia, ¿qué sería?
Prevenir el daño a los recursos naturales que tiene el municipio y me gustaría influir para que se preserven o si ya se perdieron, ayudar en la recuperación de la naturaleza en la ‘Colina Iluminada’. Para mí debería ser una prioridad en las políticas públicas.
Cuéntenos un poco de todo lo que le tocó hacer para poder estudiar.
Cursé octavo y noveno en Filandia, luego me gradué como bachiller en Bogotá y de ahí me vine para Armenia a trabajar como empacador en un supermercado, donde mi pago eran las propinas. Eso no me alcanzaba para comprarme la libreta militar, entonces me devolví para la capital del país a laborar en un taller de metalmecánica. Allí me iba bien, pero uno ahí metido todo un día como que no. Allá duré un año, me ahorré casi todo lo que recibía y con eso pagué el primer semestre de la universidad y me compré una maquina para tatuar. Más adelante pude conseguir una beca para estudiar y siempre, en cada mitad de año, me iba para Bogotá durante 2 meses a laborar en el mismo taller.
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¿Cómo llegó a la práctica del parkour y del OCR?
El parkour lo estoy practicando hace 11 años, justamente cuando llegué de Bogotá conocí ese deporte por unos amigos que me dijeron que eso era para mí y el primer día me dio algo de susto, pero de ahí en adelante nada me paró.
Mientras que el OCR no es muy conocido en Armenia, pero en Pereira sí hay más de 5 gimnasios dedicados a esto. El OCR consiste en carreras cortas, de 3 a 10 kilómetros, aunque internacionalmente se hacen hasta 21 kilómetros. Estas tienen obstáculos de equilibrio, pasamanos, hay que cargar tanques de agua y llantas, subir cuerdas, lanzar objetos y tumbar con puntería. La primera vez que competí quedé de segundo y de ahí en adelante casi siempre he estado de primero, de segundo, si me va mal quedo de tercero
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