Ser damnificado del terremoto del Eje Cafetero le marcó el norte de su vida. En tierra turca estuvo 6 días.
Más de 24 años después, Johan Naranjo García, ya no como damnificado, sino dando una mano, volvió a sentir los devastadores efectos de un terremoto. Cuanto tenía 9 años, su casa ubicada en el barrio Alto del Niágara de Armenia quedó destruida. Sobrevivió, junto con sus padres, al terremoto de 1999, pero tuvo que vivir 6 meses en carpas y 2 años en alojamientos temporales. Lejos estaba aquel niño de pensar que ya adulto sería el jefe de la misión oficial enviada por el gobierno colombiano a Turquía para realizar labores de búsqueda y localización de víctimas por el terremoto ocurrido allí el pasado 6 de febrero y que causó 50.000 muertos y más de 100.000 desaparecidos.
Viajó 16 horas. Armenia – Bogotá – Panamá – Estambul – Hatay fue el itinerario. Lo hizo como jefe de una comitiva conformada por 20 profesionales y 8 unidades caninas. En tierra turca estuvo 6 días. Ya en tierra de desastre, las labores de búsqueda de víctimas equivalían a jornadas de 12 horas diarias, con una temperatura que en el día era de 10 grados y en la noche bajo cero.
Era la primera vez que Johan salía del país con obligaciones profesionales de localización y búsqueda de víctimas de un fenómeno natural, pero ya había estado formándose en México, Costa Rica y El Salvador. El terremoto del Eje Cafetero le despertó un sentido solidario que con el tiempo ha fortalecido. Fue voluntario infantil de la Cruz Roja; se graduó del ITI, y luego se hizo profesional en Ingeniería Geográfica y Ambiental.
Ingresó a la nómina de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y los Desastres, Ungrd, como profesional especializado. Ha ido complementado su formación de pregrado con estudios en ordenamiento territorial y fenómenos socionaturales, tiene una especialización en gestión social y ambiental. Pregona que es mejor prevenir. En su casa siempre tiene 3 maletas listas, claro está, también por su oficio, y además un kit de primeros auxilios.
Atendió la tragedia ocurrida el 1 de diciembre de 2018 en la vereda Travesías de Calarcá cuando un movimiento en masa sepultó la escuela del lugar y a 6 personas. También respondió al llamado de la Ungrd luego de que en diciembre del año pasado un movimiento en masa, en el vía Risaralda-Chocó, provocara 34 muertos; estuvo en las labores de socorro en el accidente del Túnel de la Línea de 2022 y viajó a San Andrés en misión profesional luego del paso del huracán Iota. Gracias a ese inventario de eventos desafortunados en los que ha tenido que moverse fue considerado por el Gobierno nacional como la persona idónea para liderar la misión nacional en tierra turca.
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¿Cómo es pisar tierra extranjera en misión humanitaria?
Había vivido años atrás el terremoto, he estado en otras zonas siempre con la misión de aportar, pero también es latente la responsabilidad de estar en una zona donde el riesgo cero no existe. Allá no paraba de temblar. Es estar en zonas afectadas con estructuras a punto de colapsar. Es una responsabilidad muy grande, pero la misión más grande era ir, realizar el mejor trabajo posible y que todo el personal y los caninos regresaran sanos y salvos a casa.
¿En qué zona trabajó?
Estuve en la ciudad de Hatay, sur de Turquía, límites con Siria. Una ciudad de unos 350.000 habitantes, zona sísmica activa.
¿Cómo hacerle frente, además, al drama humano de los familiares de las víctimas?
Aunque el idioma es una barrera, el sentir humano es muy grande. Cuando llegamos nos decían que buscáramos en determinado lugar; nos decían dónde habían escuchado voces y nos pedían que los caninos buscaran, era la esperanza y la ilusión. En otros sectores ya lo que había era rabia, dolor y nos decían que no querían que estuviéramos allí, que no buscáramos más porque lo que querían era que entrara la maquinaria amarilla para hacer la demolición y cerrar este doloroso episodio. En otras comunidades nos decían que ya sabían que sus familiares estaban bajo los escombros y que habían fallecido, pero querían que lo confirmáramos; nosotros tenemos unidades caninas para detectar personas con vida y para encontrar cuerpos sin vida.
¿Cuántas personas ubicaron?
6 personas con vida y 2 con personas fallecidas. Fue muy duro decirle a la familia que ahí estaba su ser querido, pero eso era lo que esperaban para cerrar el ciclo.
¿Cómo es dirigir una operación tan importante?
La labor no empezó en Turquía, comenzó varios días antes de mi desplazamiento, revisando información, accediendo a las plataformas tecnológicas en las que los equipos de búsqueda y rescate reportan datos. El sesenta por ciento de la operación ya estaba montada desde Colombia. El terremoto de Turquía afectó una zona que, si la comparamos con Colombia, es como si hubiera afectado 10 departamentos con sus ciudades capitales. Éramos unos 90 equipos internacionales.
¿Qué tanto cambia su cultura de prevención una persona del común cuando ve que ocurre algo como lo de Turquía?
El ser humano es inmediatista. Los primeros días lo recuerda, pero no vuelve a hacer nada. ¿Quién tiene en casa un kit de primeros auxilios y tiene montado un plan de evacuación? Pasamos por alto cosas tan básicas como identificar si la estructura a la que voy a llevar a mi familia tiene condiciones de sismorresistencia, si el suelo donde se construyó el condominio donde vivo tiene condiciones de sismorresistencia.
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