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"Los extremos no son los más aconsejables": exgobernador de Boyacá

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miércoles, 15 enero 2020

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El exgobernador de Boyacá y mediador en el proceso de paz visitó al Quindío y habló sobre lo que ha sido el posconflicto. 

Luis Humberto Montejo Bernal fue gobernador de Boyacá en el periodo 2001 – 2003. Al salir de ese cargo se dedicó a tender puentes entre los excombatientes de la guerrilla de las Farc y el Estado colombiano para buscar la tan anhelada reconciliación. En medio de esas labores fue invitado a integrar la mesa de diálogo entre el gobierno y los líderes insurgentes en La Habana, Cuba. En la actualidad es presidente de la fundación Ética y Nación. El mediador aprovechó su visita al Quindío para dialogar con LA CRÓNICA. 

¿Qué papel desempeñó en el proceso de paz? 
Fui un representante de la sociedad civil. Llegué por medio de una organización internacional que quería tener participación directa en el proceso. Ahí se empezaron a desarrollar una serie de acontecimientos como fue la creación de puentes de confianza entre la parte adversa al establecimiento. Debo aclarar que no he sido parte de las Farc, simplemente estoy buscando la paz y la reconciliación entre los colombianos, esa ha sido la filosofía de nuestra fundación Ética y Nación y desde el 2008 trabajamos precisamente en esos asuntos. Tenemos sede en Bogotá y en Tunja. 

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¿Cómo terminó vinculado en esa labor de mediación? 

Yo hacía análisis políticos para una organización internacional y ellos me plantearon que si tenía la posibilidad de conseguir un contacto para vincularme directamente con todo lo que estaba pasando en La Habana. Hice las gestiones y tuve la posibilidad de estar cerca a la mesa de diálogo. Especialmente lo que querían era mirar un poco la visión de los adversarios del establecimiento, que en este caso era la guerrilla. En esa labor logramos mediar para que ellos tuvieran una mirada diferente de lo que es el Estado. 

A partir de mi experiencia como gobernador de Boyacá, empecé a demostrarles cómo podíamos liderar con principios y valores, que era lo que a mí me interesaba. Desde ahí comencé a cambiarles un poco la mentalidad de lo que consideraban la gestión del manejo de la cosa pública. Lo hice con información, les llevé conceptos de personas que tenían una perspectiva diferente de la de ellos, porque venían de estar 50 años en la montaña, pero no conocían sino la selva natural, desconocían la de ladrillo y cemento. Eso era un gran choque que debían afrontar. 

¿Qué labores ejecutan para ayudarles a los desmovilizados de las Farc a tener una vida digna? 

A nivel nacional acompañamos muchos de los procesos productivos con los cuales en este momento se viene desarrollando la reincorporación, como asuntos de ganadería doble propósito en algunos Espacios Territoriales de Concentración. 

Después de nuestra tarea en La Habana, lo más importante no era la firma del acuerdo sino el posconflicto, que para nosotros ha sido muy relevante porque hemos acompañado y ayudado en asuntos jurídicos, humanitarios, estamos en el diseño de un proyecto de vivienda de interés rural para los excombatientes. La idea es que ellos tengan un techo, un abrigo, porque cuando uno tiene una casa eso crea sentido de pertenencia por ese lugar. Ahí nos hemos enfocado mucho y estamos trabajando con algunos organismos internacionales para tratar de desarrollar y mostrar la posibilidad de empezar a crear esos sitios donde puedan asentarse para tener una vida digna y desarrollar su proyecto de existencia.

 Hacemos diferentes actividades que les produzcan ganancias y de paso los puedan ayudar a proyectarse y a mejorarles la calidad de vida. 

Representamos a un grupo de empresarios de la sociedad civil que tienen corazón para la paz y que quieren, a través de nosotros, dar luces desde su experiencia para que podamos ofrecerla a estos desmovilizados. 

Estamos también en un proyecto de producción de miel a gran escala, en otro de siembra de maíz. Hemos creado unos pequeños negocios con capital semilla para que la gente tenga cafeterías, panaderías y otros pequeños emprendimientos en zonas rurales. Todo lo estamos haciendo en el campo. 

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¿Antes de ser gobernador de Boyacá había tenido experiencia en asuntos de reconciliación? 

Fui el mediador de la guerra verde en mi departamento, tenía experiencia en resolución de conflictos y la ahondé con un estudio que hice en la universidad George Washington y eso me dio una mirada diferente, pero obviamente siempre pensando en el ser humano, en que debemos comenzar a respetar las diferencias. Cuando uno ve la polarización que tiene hoy en día este país, es cuando entiende que precisamente los extremos no son lo más aconsejables para que los colombianos podamos darnos un abrazo de hermanos. 

Hasta octubre del año pasado iban 158 excombatientes asesinados. Parece que estamos repitiendo el capítulo de la Unión Patriótica ¿Qué piensa de eso? 

Me duele muchísimo porque veo que Colombia se ha convertido en un país de juzgadores, no de perdonadores y, como dice la palabra de Dios, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. 

Me duele mucho saber que alguien se levante para señalar y enjuiciar al otro y eso es lo que ha hecho que nos polaricemos, que creemos barreras de diferencia en las cuales considero que los colombianos nos hacemos daño. 

La generación de violencia de hace 50 años era política, pero ahora empieza a ser humana, personal, de señalamientos entre buenos y malos y eso no le está haciendo nada de bien a la nación. 


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