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Mara Trujillo: ‘Si volviera a nacer, sería artista otra vez’

Natalia Trujillo Varela

martes, 11 febrero 2025

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María del Rosario Trujillo es actriz, directora de teatro, docente, argumentista y dramaturga. Con 54 años de edad, cuenta con una trayectoria que inició en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Bogotá.

En 2007 obtuvo un diplomado en dirección teatral, otorgado por el Ministerio de Cultura, la Gerencia de Cultura del Quindío y la Universidad del Valle. Aunque es oriunda de Florencia, Caquetá, hace 24 años se radicó en el Quindío, tierra que considera su hogar.

Entre 2004 y 2008 fue docente del programa de Artes Escénicas de la Universidad de Caldas, donde enseñó montaje, actuación, dirección, teorías teatrales, expresión corporal y técnica vocal. En 2008 representó a Colombia en el Festival de Escuelas de Teatro en Puebla, México, con la obra Los inquilinos de la ira de Jairo Aníbal Niño.

Fundadora y directora artística del grupo Versión Libre Teatro, con sede en Calarcá, se ha desempeñado como dramaturga, directora escénica, investigadora, formadora y actriz. Es autora de obras como La comparsa de los cargueros del paso del Quindío, resultado de una investigación sobre el lenguaje del territorio. Su repertorio incluye El carrito montañero, Sebastián el trovador (adaptación de cuentos sobre Sebastián de las Gracias de Euclides Jaramillo Arango), Paseo de olla (obra para títeres de mesa), Madre papas (monólogo para una actriz), Paredes gemelas y Falda o pantalón.

Con su carisma y profesionalismo, Mara Trujillo ha logrado conmover al público a través de su arte.

Finalizando el 2024 ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cine del Sur, celebrado en Pereira, por su actuación en el cortometraje ‘Campesinas’. 

¿Cómo fue recibir este reconocimiento y cómo fue su participación en la producción?

Fue una gran sorpresa. Hubo muchos reconocimientos a cortometrajes regionales y nacionales, y dentro de la categoría de mejor actuación me otorgaron el premio. Fue algo muy especial.

El cortometraje es una producción de Senda Films. Trabajamos con una niña, una actriz natural maravillosa, y con un equipo diverso en edades. Mi personaje es la abuela de la niña, ambas campesinas, que enfrentan un problema común en el campo: los derrumbes en las vías terciarias, que impiden llevar sus productos al pueblo y realizar sus compras. A raíz de esto, mi personaje se enfrenta a sus propios miedos, en especial el de sentirse mayor y vulnerable. Hay una frase clave en la historia: “Nunca es tarde para aprender”. En medio de la crisis, ella decide perder el miedo y aprender a montar bicicleta, porque de ello depende su supervivencia y la de su nieta. Fue una grabación muy especial, realizada en zona rural de Quimbaya. Nos desconectamos por completo de los celulares para concentrarnos en la historia. Fueron cuatro días de rodaje intensos y enriquecedores.

¿Cómo surgió su pasión por la actuación?

Desde los 7 años. Recuerdo que adapté un cuento titulado Querer es poder, del libro La alegría de leer, en un libreto para representarlo en mi colegio, Los Sagrados Corazones. Organizaba a mis compañeras para actuar, aunque muchas no eran expresivas. Pero allí descubrí que el teatro impulsa, motiva e inspira a otros a expresarse.

También promoví el periódico escolar con un grupo de compañeros y un mimeógrafo. Me apasionaba la escritura y el arte, lo que casi me costó la expulsión. Siempre me llamaban para las izadas de bandera porque era la única que hacía teatro. Desde entonces, supe que este era mi camino.

¿Cómo fue su formación profesional en el teatro?

A los 12 años ingresé a un grupo de la Casa de la Cultura en Florencia, Caquetá. Mis maestros provenían de escuelas profesionales y nos inculcaron disciplina y rigor. Ocho de mis compañeros perseveramos y hoy todos seguimos en el arte dramático.

A escondidas de mi familia, me fui a Bogotá a estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, que cerró tras 45 años de historia. Luego pasé por el Teatro Experimental de Cali con Enrique Buenaventura, intenté incursionar en la televisión, pero el medio no era cómodo para las mujeres. Preferí la independencia y, tras un tiempo en Cali, conocí amigos de Armenia. Desde entonces, hace 26 años, he hecho del Quindío mi hogar.

¿Hay un personaje que haya marcado su carrera?

Cada personaje es un reflejo de la etapa de vida del actor. Actualmente, me encanta Doña Mariela, de la obra Madre papas. Es un personaje muy opuesto a mí, inspirado en las mujeres de mi familia, quienes vivían toda su vida en la cocina. En presentaciones, algunas mujeres mayores se han conmovido profundamente. Una vez, una señora tomó mi brazo con los ojos llenos de lágrimas y no podía hablar. La abracé y entendí que mi personaje le había dado voz a su historia.

¿Qué consejo le daría a quienes sueñan con dedicarse al arte, pese a las dificultades?

Que lo hagan. El arte es una vocación, como el sacerdocio. Conozco muchas personas que, por motivos económicos, han dejado de lado su pasión y viven con ansiedad por no hacer teatro. Hay que apostar, proponer, involucrarse en la política cultural. Si logramos que la cultura sea el eje del desarrollo, el turismo no solo se basaría en el paisaje y la gastronomía, sino en la riqueza artística y patrimonial.

¿Qué opina de que la cultura sea frecuentemente relegada?

Eso solo es un reflejo de la alta incultura de nuestra ciudad, es lamentable, en Medellín, el presupuesto más alto es para la cultura, de hecho, se manejan recursos más altos que los que se manejan en Barcelona, España, porque ellos entienden y cuando vas a la ciudad y ves que no rayan el metro entiendes que hay una inversión importante porque para ellos los espacios de arte, teatro, cultura son importantes y están orgullosos de ello.

Aquí en el Quindío muchos políticos enredan y dicen “no, no, no, a ellos entregarles cualquier cosa”, incluso hubo una ex gobernadora que dijo que tan bonitos nosotros que a nosotros nos encantaba trabajar gratis, ¿cómo así? A nosotros no nos encanta trabajar gratis, es mal pago nuestro trabajo porque la mayoría de artistas vivimos con lo que ganamos en otros lugares, pero no acá en el Quindío, ponemos el corazón, vivimos acá, nos gusta la gente, la familiaridad en el pueblo, la madre naturaleza, entonces queremos estar acá pero, nos ganamos la vida en otros lugares, el trabajo no es reconocido por lo que haces, porque acá vivimos a punta de proyectos y si no lo sabes formular, nada, solo se ve si saben formular el proyecto y eso hace que nuestros artistas se vayan.


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