Trabaja actualmente con su hija, a quien le ha enseñado la magia de las artesanías con fibra natural.
María Custodia Arias Zapata es una mujer con un talento admirable direccionado a las artesanías y las manualidades, una cualidad que ha ido perfeccionando en los últimos 50 años.
Desde hace 30 años, luego de que sus manos aprendieran a moldear y a transformar diferentes productos en artesanías, se quedó con las fibras naturales, aprovechando lo que ella llama ‘las bondades’ del campo.
Con 81 años, oriunda del Tolima, agradece todo lo que tiene al departamento del Quindío, especialmente a la ciudad de Armenia, que la recibió cuando tenía 12 años y donde conformó su familia, hogar y cuna de saberes, los cuales comparte en los Mercados Agroecológicos.
¿Cómo ha sido su recorrido por las artesanías?
Me he dedicado mucho a la artesanía porque como soy empírica no tuve estudio y entonces pues para defenderme aprendí este hermoso arte, me dediqué a transformados y llevó más de 50 años en esto, tiempo en el que he trabajado muchos tipos de artesanía.
Primero laboré con Fernando Echeverri, como en el año 70, inicié haciendo cuadros y payasos en retazos, luego pasé a macramé, después trabajé con barro, yo torneaba los materitos y salía a la plaza de Bolívar. Hicimos un grupo y trabajé como 2 volquetadas de barro hasta que eso empezó a generarme artritis en las manos.
Luego aprendí a trabajar la guasca de plátano, sabía algo porque mi abuela trabajaba la trenza y hacia los sombreros de palma y los canastos de iraca para sacarlos al mercado, pero aprendí muy poco, porque yo era muy niña y nunca pensé que me iba a casar, que iba a tener hijos y a tener necesidades. Cuando ya crecí, entonces ahí sí arranqué a trabajar.
¿Por qué llegó a las artesanías ecológicas?
Después de todo mi proceso en torno a las artesanías y luego de reconocer la habilidad que tenía para las manualidades, vi la oportunidad de transformar productos que muchas personas desechaban, y que con su uso yo no iba a afectar al medio ambiente, ni a contaminar, estaba trabajando a favor de todo.
Entonces hace como 30 años empecé con las artesanías con fibras naturales, manejando especialmente las semillas, las fibras de plátano y el capacho de maíz, le di a mi proyecto el nombre de Platifibra.
Yo fui la primera que trabajé con esto, en mis inicios recibí apoyo de algunas entidades como Bienestar Familiar. Estuve enseñando en La Tebaida y en diferentes municipios, me apoyaban con la materia prima y empezamos a formar grupos y a enviar pedidos a Pereira, a Zarzal, a Cartago.
¿Cómo ha replicado su saber?
Después de que aprendí a transformar las fibras naturales en cajas, empaques, canastos, bolsos, muñecas y para esta época pesebres de varios tamaños, decidí que este saber y la esencia de la tierra debía replicarse, y luego de enseñar en los municipios del Quindío me llamaron de muchos lugares a nivel nacional.
Desde hace 6 años me ha tocado viajar y enseñar en otras partes, estuve en Arauca 4 veces, en San Andrés y Providencia una vez, en Boyacá, en los Llanos Orientales, en toda parte, porque me he dedicado a enseñar lo que yo sé, la experiencia que he tenido y lo que he aprendido a hacer durante mi vida.
Yo creo que es importante que este conocimiento y el amor por las artesanías ecológicas siga transmitiéndose, porque se está perdiendo la materia prima en el campo, y les digo: la plata está hecha, la plata hay que recogerla del suelo, a mí me sirve lo que es la fibra y las semillas, yo hago mis figuras con semillas también, y lo que para muchos en el campo ya no sirve porque se cosechó el producto, para nosotros que somos artesanos es nuestra materia prima, les puedo decir que de esto se vive, yo lo he hecho y lo sigo haciendo.
¿Qué proyección tiene con estas artesanías naturales?
Ahora último me conseguí una maquinita para sacar los hilos, no la sé manejar, pero estoy esperando a un señor que venga a enseñarme, porque mi idea es sacar los hilos de la fibra de plátano para hacer otros elementos con este material, sacarla así como sacan la cabuya, sacar la fibra del tallo de la mata de plátano y seguir evolucionando estas artesanías.
¿Por qué decidió vincularse a los mercados agroecológicos?
Yo participo en los mercados agroecológicos porque lo que yo hago es parte del campo, y a mí me sirve lo que desechan y yo aprovecho esto. A mí me fascina todo lo del campo, por ejemplo, de la cáscara de naranja también se pueden hacer artesanías y todo es aprovechable, el campo es tan bondadoso.
Me parece que es hermoso el ambiente del mercado, nosotros somos como una familia, el día que no aparece uno de nosotros nos preocupamos y llamamos, mantenemos muy pendientes de lo que podemos hacer por los demás.
Además, es un espacio maravilloso donde nos reunimos, intercambiamos conocimientos, y se convierte en una escuela, donde el uno enseña a sembrar, el otro a transformar, el otro habla de la importancia de los alimentos que se van perdiendo y en mi caso, hablo de las bondades de los residuos de cosecha que son mis elementos para trabajar.
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